Señora lesbiana, neurodivergente… y madre: el monólogo que necesitábamos

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señora lesbiana neurodivergente, el monologo que necesitábamos
señora lesbiana neurodivergente, el monologo que necesitábamos

«He de advertiros otra cosa, no soy solamente SL si no que soy SLND.

¿Hace falta que lo explique? Ya veo que sí. ND quiere decir neurodivergente así que si SL es Señora Lesbiana y ND Neurodivergente, ¿qué querrá decir SLND? Todos juntos!:

¡Señora Lesbiana Neuro Divergente!

Es decir, que mínimo un profesional de la salud mental cree, opina que tengo un trastorno o una personalidad psicopatológica. Lo que me situaría al otro lado de la frontera de las personas neurotípicas.

Ser neurotipica es como lo de ser heterosexual, lo que mucha gente entiende por ser normal.

Mira qué caras. Seguro que os estáis muriendo de curiosidad por saber cuál es mi diagnóstico…portaos bien que a lo mejor luego os lo cuento.

A mí me encanta la palabra neurodivergencia. Me parece que las personas desequilibradas hemos ganado cantidad con ese término. Hemos ganado tanto que incluso yo diría que es como si hubiéramos ganado de más, como un superávit de dignidad. Tú dices en una situación cualquiera tipo, en la comida de Navidad de la empresa: Soy neurodivergente, y como casi nadie sabe lo que significa te miran con admiración incluso con envidia, de repente se creen que hiciste un doctorado de neurociencia en Harvard.

De todos modos yo he logrado escabullirme de ser diagnosticada muchos años; para cuando me han pillado tenía ya más de 40, me camuflé muy bien. Así como de adolescente me camuflé igual de bien como heterosexual, incluso para mí misma.

Pasemos a ella, mi mujer,

perdón, me he equivocado, pasemos a ella, mi ex mujer, ex, ex, ex, mujer.

Fue el amor de mi vida, nos casamos y vivimos juntas la odisea de tener a nuestros hijos por el método ROPA, que voy a explicar ahora mismo lo que es porque si algo tenemos las lesbianas es vocación didáctica:

Mi mujer y yo tuvimos a nuestras criaturas de la siguiente forma: una se quedó embarazada con el óvulo de la otra y esperma de donante y con el segundo hijo al revés. ¿A qué es tierno? ¿No es una monada de familia? A la gente hetero en particular es que les fascina, cuando lo oyen por primera vez me dicen: Oooh, qué guai, qué bonito! casi llegáis a hacerlo de la manera normal».

Más allá del monólogo: identidad, maternidad y todo lo que no encaja

“Señora Lesbiana Neurodivergente”. Puede parecer una etiqueta más, pero en realidad es todo lo contrario. Es una forma de reapropiarse del lenguaje, de decir: esto soy yo, con todo lo que incomoda, lo que no encaja y lo que no se esperaba.

Y quizá ahí está lo más potente del texto.

Este monólogo forma parte del trabajo de Paloma Calle, una creadora que lleva años explorando desde el humor, la autobiografía y lo político temas como la identidad, la salud mental, el deseo y las maternidades no normativas. Su escritura —en este caso acompañada por las autoras Gabriela Wiener y Silvia Nanclares— se mueve en ese lugar incómodo y necesario donde lo personal se convierte en colectivo.

Sobre el escenario, lo que podría ser una historia individual se transforma en algo reconocible para muchas: la sensación de no encajar, de haber tenido que fingir, de haber construido una vida fuera del molde… y aun así, sostenerla.

Además, este trabajo podrá verse en funciones especiales con entrada gratuita el viernes 10 y sábado 11 en Madrid, una oportunidad perfecta para acercarse a una propuesta que mezcla humor, vulnerabilidad y mucha verdad.

Hay algo profundamente político en el humor cuando viene de los márgenes. Y este monólogo no es solo gracioso —que lo es—, es también una forma de nombrar lo que muchas veces no tiene espacio: ser lesbiana, ser madre y, además, ser neurodivergente.

El término neurodivergencia no es un diagnóstico en sí, sino un paraguas que engloba diferentes formas de funcionamiento neurológico que se salen de lo considerado “típico”: desde el TDAH hasta el autismo, pasando por otros perfiles cognitivos o emocionales. En los últimos años, el concepto ha ganado fuerza precisamente porque pone el foco en la diversidad, no en el déficit.

Y sin embargo, como ocurre con la orientación sexual, lo “no normativo” sigue implicando muchas veces camuflaje.

Camuflarse como heterosexual.
Camuflarse como “normal”.
Camuflarse incluso para una misma.

No es casual que muchas mujeres —especialmente lesbianas— reciban diagnósticos tardíos. Durante décadas, los modelos de referencia han sido masculinos, y muchas han aprendido a adaptarse, a encajar, a sobrevivir en sistemas que no estaban pensados para ellas.

Maternidad lésbica: entre la fascinación y la incomprensión

Cuando en el monólogo aparece el método ROPA, lo hace desde el humor, pero también desde una verdad muy reconocible: la mirada externa constante.

El método ROPA (Recepción de Óvulos de la Pareja) permite que en una pareja de mujeres una aporte el óvulo y la otra geste, compartiendo así la maternidad biológica. En España es una técnica regulada y cada vez más utilizada por parejas lesbianas.

Y aun así, sigue generando reacciones que oscilan entre la fascinación y la incomprensión.

Ese “qué bonito” que menciona en el texto no siempre es inocente. A veces esconde una idea de fondo: que lo nuestro es curioso, alternativo, casi una versión aproximada de lo “normal”.

Pero no es una aproximación.
Es una familia.

El monólogo también deja entrever otra capa importante: la ruptura.

Porque no todas las historias de maternidad —lesbiana o no— son lineales. Hay separaciones, duelos, cambios de vida. Y cuando hay hijas e hijos en común, esas historias se vuelven más complejas, más reales, más alejadas del relato ideal.

Hablar de una ex mujer, de una familia que fue y que ahora es otra cosa, también es parte de ampliar el imaginario.