Love Me Tender: maternidad, deseo y castigo social en una de las películas lésbicas más comentadas del año

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love me tender pelicula maternidad lésbica
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Una mujer deja atrás su vida heterosexual, empieza una relación con otra mujer y, poco después, su exmarido inicia una batalla para apartarla de su hijo.

Así arranca Love Me Tender, la nueva película de la directora francesa Anna Cazenave Cambet, presentada en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes 2025 y protagonizada por Vicky Krieps.

Pero lo interesante de la película no es solo su historia. También lo es todo lo que arrastra detrás.

Porque Love Me Tender está basada en la novela autobiográfica homónima de la escritora francesa Constance Debré, publicada en 2020, un libro que causó muchísimo impacto en Francia por la forma radical, seca y poco complaciente en la que hablaba de maternidad, deseo, divorcio y libertad femenina.

Una historia inspirada en la propia vida de Constance Debré

Constance Debré no era una autora cualquiera cuando publicó Love Me Tender. Provenía de una familia muy conocida de la política y la alta burguesía francesa, había trabajado como abogada y llevaba una vida completamente integrada dentro de la norma heterosexual y familiar tradicional.

Hasta que decidió romper con todo.

Debré dejó su matrimonio, comenzó relaciones con mujeres y empezó a escribir sobre ello de forma extremadamente directa, casi incómoda a veces. En entrevistas y textos ha explicado cómo esa transformación personal afectó también a la relación con su hijo y cómo sintió el peso del juicio social al dejar de encajar en el modelo de “buena madre” esperado.

La película toma esa base autobiográfica y la transforma en la historia de Clémence, interpretada por Vicky Krieps, una mujer que intenta reconstruir su vida mientras el sistema judicial y familiar empieza a cuestionar su capacidad para ser madre.

Una película sobre maternidad más que sobre orientación sexual

Aunque muchas críticas han presentado Love Me Tender como una película lésbica, en realidad gran parte del relato gira alrededor de otra cuestión: quién tiene derecho a ser considerada una “buena madre”.

La protagonista no pierde espacio en la vida de su hijo simplemente porque tenga una relación con una mujer. Lo pierde porque deja de comportarse como se espera de ella.

Deja su antigua vida.
Cambia de trabajo.
Tiene amantes.
Desea libertad.
No actúa como una madre sacrificada y perfecta.

Y la película muestra cómo alrededor de ella empieza a construirse una sospecha constante.

En varias críticas francesas se ha señalado precisamente eso: el film habla de cómo las mujeres siguen siendo juzgadas con mucha más dureza cuando intentan vivir fuera de los roles tradicionales.

Vicky Krieps y un personaje difícil de domesticar

Parte de la fuerza de la película está en la interpretación de Vicky Krieps, actriz luxemburguesa conocida por películas como El hilo invisible o Corsage.

Clémence no es un personaje pensado para caer bien todo el tiempo. A veces resulta distante, contradictoria o incluso egoísta. Pero precisamente ahí está una de las apuestas más interesantes de la película: no intenta convertirla en una madre perfecta para que el espectador empatice con ella.

Anna Cazenave Cambet ha explicado que le interesaba mostrar a una mujer libre, compleja y sexual sin necesidad de justificar constantemente sus decisiones.

Y eso sigue siendo relativamente poco habitual en el cine sobre maternidad.

El peso de la heteronormatividad

Aunque la historia transcurre en Francia, muchas de las cuestiones que plantea resultan reconocibles para muchísimas mujeres lesbianas y madres.

La idea de que una relación con otra mujer puede “desestabilizar” a un hijo.
La sospecha permanente sobre las maternidades no normativas.
La presión por demostrar constantemente que una sigue siendo una madre válida.

En ese sentido, Love Me Tender conecta con debates que llevan años apareciendo también en las familias lesbomarentales: hasta qué punto seguimos teniendo que demostrar que nuestras vidas no dañan a nuestros hijos.

La película no convierte eso en un gran discurso político explícito, pero está presente todo el tiempo.

Del libro al cine

La adaptación cinematográfica mantiene el tono áspero y emocionalmente incómodo de la novela original, aunque con una narrativa más clásica y sentimental en algunos momentos.

Visualmente, la película apuesta por una fotografía luminosa y veraniega que contrasta con la dureza de lo que está contando. Y muchas críticas han destacado precisamente esa mezcla entre sensualidad, fragilidad y violencia emocional.

No parece una película pensada para gustar a todo el mundo.
Ni para ofrecer respuestas fáciles.

Pero sí una de las propuestas más interesantes recientes sobre maternidad, lesbianismo y libertad femenina.

Y quizá también una de las más incómodas. Porque obliga a hacerse una pregunta bastante incómoda:

¿qué ocurre cuando una madre deja de comportarse exactamente como la sociedad espera de ella?