“Yo no tengo papá”.
Con esa frase respondió un chico a su profesora cuando, en el colegio, les pidieron hacer una manualidad para el Día del Padre. La respuesta parecía sencilla. En cualquier escuela inclusiva debería haber bastado para adaptar la actividad o, simplemente, respetar su realidad familiar.
Pero no fue así.
Según relata el joven en un vídeo compartido por su familia en redes sociales, la profesora insistió y le sugirió que entregara el regalo “a la mamá más masculina”.
La anécdota ocurrió en México, pero podría haber sucedido en muchos otros lugares del mundo. Porque detrás de esa frase hay mucho más que un comentario desafortunado: hay una idea profundamente arraigada sobre cómo creemos que deben ser las familias.
Cuando la diversidad familiar se intenta encajar a la fuerza
Una familia de dos madres compartió el video en sus redes con una reflexión que se ha vuelto viral:
“No, en nuestra familia no hay un papá. Hay dos mamás. Y eso es suficiente”.
Parece obvio, pero todavía hoy muchas personas interpretan las familias lesbomarentales a través de una lógica heterosexual. Como si necesariamente tuviera que existir alguien que hiciera de madre y alguien que hiciera de padre.
Es una pregunta que muchas familias conocen bien.
¿Quién es la mamá y quién es el papá? ¿Quién lo gestó?
¿Cuál de las dos es la más masculina?
¿Quién pone las normas y quién cuida?
Son preguntas que parten de la misma idea equivocada: que para criar a un hijo hacen falta obligatoriamente roles masculinos y femeninos diferenciados.
Pero las investigaciones sobre familias homoparentales llevan décadas desmontando ese mito. Lo que influye en el bienestar infantil no es el género de quienes crían, sino la calidad de los vínculos, el afecto, la estabilidad y los recursos familiares. Diversas revisiones científicas realizadas por organismos profesionales como la American Psychological Association concluyen que los hijos e hijas de parejas del mismo sexo presentan niveles de desarrollo emocional, social y académico comparables a los de cualquier otra estructura familiar.
El problema no es la falta de un padre
Cuando un niño o adolescente con dos madres escucha que debe identificar a “la más masculina”, el mensaje implícito es que su familia está incompleta y necesita ser corregida para resultar comprensible.
Y eso sí puede hacer daño.
No porque le falte una figura paterna, sino porque el entorno insiste en señalar una ausencia que él no siente como tal.
Muchos hijos e hijas de familias lesbomarentales explican que las situaciones más incómodas no nacen dentro de casa, sino fuera de ella: formularios que solo contemplan padre y madre, celebraciones escolares poco inclusivas o comentarios que convierten su realidad familiar en algo extraño.
Por eso la inclusión no consiste en buscar equivalentes.
No se trata de decidir cuál de las dos madres se parece más a un padre.
Se trata de entender que no hay ningún padre en esa familia porque no tiene por qué haberlo.
Repensar el Día del Padre
Cada año, muchas escuelas se enfrentan al mismo reto. ¿Cómo celebrar el Día del Padre o el Día de la Madre cuando existen familias monoparentales, reconstituidas, adoptivas, con dos madres o con dos padres?
Cada vez más centros optan por actividades centradas en las personas cuidadoras o en las figuras importantes para cada alumno. No porque quieran eliminar tradiciones, sino porque buscan que ningún niño se sienta excluido.
La diferencia es enorme.
En lugar de preguntar quién hace de papá, se pregunta quién cuida, acompaña, protege y quiere.
Y entonces caben todas las familias.
Dos madres. Punto.
Quizá lo más poderoso del vídeo sea precisamente su sencillez.
El adolescente no parece confundido por tener dos madres.
No siente que le falte nada.
No está buscando una figura masculina dentro de casa.
Son los adultos quienes intentan encontrarla.
Por eso el mensaje de su familia resuena con tanta fuerza: nuestros hijos no necesitan que una de sus madres sea masculinizada para que su historia tenga sentido.
Necesitan algo mucho más simple.
Que la escuela, el profesorado y la sociedad entiendan que las familias pueden ser diferentes y seguir estando completas.
Y que dos madres no son una madre y un padre disfrazados.
Son, simplemente, dos madres.



