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Brianne Jenner: maternidad lésbica y una brillante carrera olímpica sin renuncias

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Brianne Jenner, deportista olímpica y madre lesbiana
Brianne Jenner, deportista olímpica y madre lesbiana

Brianne Jenner no necesita presentaciones en el mundo del hockey sobre hielo. La canadiense se prepara para disputar sus cuartos Juegos Olímpicos como integrante del equipo femenino de Canadá, una trayectoria excepcional que incluye dos oros olímpicos (2014 y 2022) y una plata en 2018. Constancia, talento y liderazgo definen a una jugadora que es, desde hace años, uno de los pilares del hockey femenino internacional.

Además de su papel en la selección nacional, Jenner es capitana del Ottawa Charge, equipo de la Liga Profesional de Hockey Femenino (PWHL). En la temporada pasada fue la máxima anotadora de su equipo y terminó sexta en la clasificación general de la PWHL 2024, con 20 puntos en 24 partidos, según datos oficiales de la liga. Números que hablan de rendimiento sostenido, experiencia y una capacidad competitiva intacta.

Una familia construida dentro y fuera del hielo

Fuera de la pista, Brianne Jenner comparte su vida con Hayleigh Cudmore, abogada y exjugadora profesional de hockey. Su historia también es una historia de deporte compartido: fueron compañeras de equipo tanto en la Universidad de Cornell como en los Calgary Inferno, de la ya desaparecida Liga Canadiense de Hockey Femenino (CWHL).

Juntas tienen tres hijos, y lejos de esconder esa parte de su vida, Jenner y Cudmore la integran con naturalidad en su identidad pública. El año pasado aparecieron junto a su hija mayor en un anuncio de Hyundai que se volvió viral por su tono cercano y divertido, y recientemente repitieron experiencia en una campaña del Walker Real Estate Group. Además, Jenner comparte en sus redes sociales pequeños vídeos familiares que muestran escenas cotidianas de crianza, juegos y complicidad.

En el caso de Brianne Jenner, la visibilidad no pasa por grandes discursos, sino por la normalización absoluta. No presenta su maternidad como un obstáculo superado ni como una heroicidad extraordinaria. Es parte de su vida, igual que lo es su carrera deportiva. Y eso, en el deporte de alto rendimiento, sigue siendo profundamente transformador.

Mientras muchos deportistas hombres hablan de sus hijos como una motivación añadida sin que nadie cuestione su compromiso profesional, las mujeres —y especialmente las madres— siguen siendo observadas con lupa. Jenner rompe esa lógica simplemente existiendo: compitiendo al máximo nivel, liderando equipos y criando a tres hijos junto a su esposa.

Un referente para las familias LGTB

Para las madres lesbianas, ver a una deportista como Brianne Jenner es mucho más que admirar a una atleta de élite. Es comprobar que el deporte profesional, la maternidad y una familia diversa no son caminos incompatibles. Que no hay que elegir entre amar, criar y competir. Que el liderazgo también puede ejercerse desde el cuidado.

En cada partido, en cada convocatoria olímpica, Jenner representa algo más amplio que una camiseta: la posibilidad real de que las mujeres —también las madres, también las lesbianas— ocupen el centro del deporte sin tener que justificarse.

Lore Baudrit: capitana olímpica, madre visible y el derecho a no tener que justificarse

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Lore Baudrit
Lore Baudrit

Cuando Lore Baudrit salte al hielo como capitana de la selección francesa de hockey femenino, no solo estará haciendo historia deportiva. Estará liderando la primera selección femenina de hockey de Francia que participa en unos Juegos Olímpicos, después de una trayectoria impecable que incluye 15 Campeonatos Mundiales y una carrera consolidada en el Leksands IF, en la Liga Sueca de Hockey Femenino (SDHL).

Pero esta vez, la imagen será distinta. En la grada, entre banderas y aplausos, estará su hijo, nacido en 2024, con su pequeña camiseta de la selección francesa. Una imagen poderosa, tierna y profundamente política.

Una familia que también forma parte del equipo

Lore Baudrit está casada con Marion Allemoz, exjugadora profesional —retirada de la Canadian Women’s Hockey League (CWHL)— y actual analista de vídeo de la selección francesa. Ambas viajarán a los Juegos con su hijo, algo que la propia Baudrit ha compartido con naturalidad en una entrevista en La Dépêche. Allí contaba, incluso con humor, que su hijo y el bebé de un año de su compañera de equipo Léa Villiot se han convertido en “las mascotas del equipo”.

Baudrit explica con honestidad cómo será compaginar maternidad y alto rendimiento en una competición tan exigente: durante los descansos, en lugar de desconectar viendo una serie, irá a ver a su hijo. A veces solo unos minutos. A veces tendrá que contenerse para no desestabilizarlo. Y siempre, dejando claro algo que parece necesario repetir una y otra vez: seguir siendo madre no merma en absoluto su compromiso profesional.

La pregunta incómoda que nadie hace a los padres

Y aquí aparece el elefante en la habitación. ¿Por qué las madres deportistas siguen teniendo que explicar, justificar y tranquilizar al mundo sobre su profesionalidad? ¿Por qué la maternidad sigue siendo leída como una posible amenaza al rendimiento, mientras que la paternidad rara vez se cuestiona?

No es una crítica a Lore Baudrit —al contrario—, sino al sistema. A los prejuicios que obligan a muchas mujeres a reafirmar que ser madres no las hace menos competitivas, menos comprometidas o menos válidas. Como si el amor y la excelencia deportiva no pudieran convivir.

Avances reales (aunque aún insuficientes)

La historia de Baudrit también muestra que algo empieza a cambiar. Gracias a una beca de la Agencia Nacional del Deporte de Francia, podrá alojarse fuera de la Villa Olímpica con su familia. Además, como ya ocurrió en París 2024, el Comité Nacional Olímpico y Deportivo Francés habilitará un espacio específico dentro de la Villa para que las y los atletas puedan pasar tiempo con sus hijos.

Baudrit ha subrayado el apoyo recibido tanto por parte del seleccionador, Grégory Tarlé, como del presidente de la Federación Francesa de Hockey sobre Hielo, Pierre-Yves Gerbeau, quienes —en sus palabras— “quieren demostrar que podemos continuar nuestras carreras y, al mismo tiempo, formar una familia”.

Lore Baudrit no solo capitanea un equipo. Capitanea un cambio de mirada. El de un deporte que empieza a entender que la maternidad no es una carga, sino parte de la vida. Que las familias también pueden viajar a los Juegos. Que los hijos en la grada no restan, suman.

Y para tantas madres lesbianas que siguen el deporte desde casa, ver a una mujer liderar a su país, amar a otra mujer y criar a su hijo sin esconder nada es algo más que inspirador: es profundamente reparador.

Volver a encontrarnos: cómo reconectar en la pareja después de tener hijas o hijos

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pareja de mujeres: reconectar después de los hijos
pareja de mujeres: reconectar después de los hijos

Nadie te avisa de esto con claridad. Te dicen que la maternidad es intensa, que el cansancio es brutal, que los primeros años son duros… pero casi nadie te cuenta que un día miras a tu pareja y la quieres, sí, pero ya no sabes muy bien desde dónde.

No es falta de amor. Es falta de espacio. Falta de energía. Falta de nosotras.

Reconectar no significa volver a ser quienes éramos antes de tener hijos. Eso ya no es posible. La clave está en conocernos otra vez, en esta nueva versión llena de ojeras, responsabilidades y amor feroz.

1. Entender que no estáis rotas, estáis cansadas

Este punto es fundamental. Muchas parejas llegan a la conclusión de que “algo va mal” cuando en realidad lo que va mal es el nivel de agotamiento.

Dormir poco, no tener red, vivir en modo supervivencia constante… todo eso aplana el deseo, la paciencia y la empatía. Antes de preguntarte si ya no sientes lo mismo, pregúntate:
¿Cuándo fue la última vez que descansé de verdad?

A veces reconectar empieza por algo tan básico como dormir, comer caliente o tener una tarde sin demandas.

2. Volver a hablar de algo que no sea logística

Si todas vuestras conversaciones son sobre horarios, mochilas, vacunas o cenas rápidas, la pareja se va quedando sin oxígeno.

No hace falta tener charlas profundas cada día. A veces basta con recuperar la curiosidad por la otra:
– ¿Qué te ha hecho gracia hoy?
– ¿Qué te preocupa últimamente?
– ¿Qué echas de menos de ti?

Hablar no para resolver, sino para volver a mirar a la mujer que tienes delante.

3. Recuperar pequeños rituales (no grandes planes imposibles)

No hace falta una escapada romántica a un hotel (aunque ojalá). Reconectar suele empezar en lo pequeño y repetible.

Un vino juntas cuando las criaturas ya duermen.
Un mensaje cariñoso a mitad del día.
Cinco minutos de abrazo sin móvil.
Ver una serie que sea solo vuestra.

Los rituales crean intimidad porque dicen: aquí seguimos eligiéndonos.

4. Tocar antes de desear

El deseo no siempre aparece solo. Y después de la maternidad, menos.

Muchas mujeres esperan a “tener ganas” para acercarse, cuando a veces el camino es el contrario: acercarse para que las ganas tengan espacio.

No hablamos de sexo obligado, sino de contacto sin exigencias: caricias, masajes, besos largos, dormir tocándose. El cuerpo necesita volver a sentirse a salvo, no evaluado.

5. Dejar de medir quién da más

En etapas de crianza intensa es muy fácil entrar en una contabilidad emocional constante:
yo hago más, yo estoy más cansada, yo renuncio más.

Ese cálculo erosiona la pareja. Reconectar implica, poco a poco, salir de la competición y volver al equipo, aunque eso también requiera conversaciones incómodas y reajustes reales en el reparto de cargas.

6. Permitirse echar de menos a la pareja que erais

Esto es importante decirlo: es normal echar de menos la vida de antes, incluso amar a tus hijas o hijos con locura.

No es traición, no es ingratitud. Es duelo. Y todo duelo necesita ser reconocido para no enquistarse.

Hablar de lo que se ha perdido puede ser, paradójicamente, una forma muy potente de volver a encontrarse.

7. Pedir ayuda no es rendirse

A veces el amor está, pero no basta. Y ahí la terapia de pareja, el acompañamiento profesional o incluso una conversación honesta con alguien de confianza pueden marcar la diferencia.

Pedir ayuda no significa que vuestra relación esté mal.
Significa que os importa lo suficiente como para cuidarla. Reconectar no es volver a empezar de cero. Es mirarse con más verdad. Con menos idealización y más ternura.

Porque si algo enseña la maternidad es esto: el amor no se rompe fácil, pero sí necesita ser atendido.

Cuando llegan los hijos: los conflictos más habituales en las parejas de mujeres

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Cuando llegan los hijos: los conflictos más habituales en las parejas de mujeres
Cuando llegan los hijos: los conflictos más habituales en las parejas de mujeres

Antes de tener hijas o hijos, muchas parejas de mujeres sienten que lo suyo es distinto. Más igualitario, más hablado, más consciente. Y en parte es verdad. Pero cuando llega la maternidad —con su cansancio crónico, su revolución emocional y su falta de tiempo— ninguna pareja sale intacta.

No es que el amor desaparezca. Es que cambia el escenario. Y ahí empiezan algunos conflictos que se repiten una y otra vez en las familias de dos mamás.

1. El reparto de tareas (o la sensación de que no es tan justo como parecía)

En muchas parejas de mujeres existe la idea previa de que todo se hará al 50 %. Y durante un tiempo funciona… hasta que llegan los hijos.

El problema no suele ser tanto quién hace más, sino la sensación de cargar mentalmente con todo: citas médicas, cumpleaños, mochilas, vacunas, horarios del cole, extraescolares, ropa que ya no vale. La famosa “carga mental” que tantas mujeres heterosexuales conocen… y que también aparece en parejas de mujeres.

A veces una se convierte, casi sin darse cuenta, en la “coordinadora general de la familia”, mientras la otra siente que nunca llega a ese nivel de control (y también se frustra).

Conflicto habitual: “No es solo lo que haces, es que tengo que pensar en todo”.

2. Diferencias en el vínculo con las criaturas

En parejas donde una madre ha gestado y la otra no, pueden aparecer sentimientos difíciles de nombrar:
– celos que generan culpa,
– miedo a no ser igual de importante,
– o una conexión más intensa con el bebé que deja a la otra sintiéndose fuera.

Pero ojo: incluso cuando ninguna ha gestado (adopción, acogida, etc.), los vínculos nunca son idénticos, y eso puede doler. Mucho.

Hay madres que sienten que la criatura “prefiere” a la otra, y madres que se sienten desbordadas por ser siempre la figura de referencia.

Conflicto habitual: compararse y vivir el vínculo como una competición silenciosa.

3. Cero tiempo de pareja (y mucho modo supervivencia)

Las parejas no se rompen solo por grandes dramas. A veces se desgastan por no tener espacio para ser pareja.

Las conversaciones se vuelven logísticas. El cansancio sustituye al deseo. Las caricias se cambian por turnos para dormir. Y cuando por fin hay un rato libre… solo apetece silencio.

Muchas mujeres cuentan que se quieren, pero ya no se reconocen como amantes, ni siquiera como amigas.

Conflicto habitual: “Somos un gran equipo de crianza, pero ¿dónde quedó nosotras?”

4. Diferencias en estilos de crianza

Antes de tener hijos, todo parece teórico. Luego llega la realidad.

Una es más flexible, la otra más normativa. Una confía, la otra necesita control. Una pone límites con facilidad, la otra teme frustrar a la criatura. Y cada decisión —pantallas, normas, sueño, alimentación— puede convertirse en un pequeño campo de batalla.

El problema no es pensar distinto, sino sentir que la otra invalida tu manera de maternar.

Conflicto habitual: discusiones que en realidad no van de crianza, sino de sentirse cuestionada como madre.

5. La identidad personal que se diluye

Ser madre puede ocuparlo todo. Y algunas mujeres sienten que han dejado de ser “ellas mismas”: la profesional, la amante, la amiga, la mujer deseante.

Cuando una de las dos consigue mantener espacios propios y la otra no, puede aparecer resentimiento, envidia o sensación de injusticia.

Conflicto habitual: “Siento que tú sigues teniendo vida y yo no”.

6. La dificultad para pedir ayuda (porque “deberíamos poder con todo”)

En parejas de mujeres existe a veces una presión añadida: la de demostrar que lo hacemos bien, que somos familias sólidas, que no fallamos. Como si pedir ayuda fuera dar la razón a quien dudó de nosotras.

Pero la maternidad sin apoyo pasa factura. Y mucho.

Conflicto habitual: aguantar demasiado antes de hablar, hasta que el conflicto explota.

Tener hijos no significa que la pareja vaya mal. Significa que está atravesando una de las etapas más exigentes que existen.
Nombrar estos conflictos no es fracasar como familia: es cuidarla.

Porque el amor no desaparece cuando llegan las criaturas.
Pero sí necesita más conciencia, más conversación y mucha más ternura que antes.

¿Somos las familias de dos madres más corresponsables?

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¿Somos más corresponsables las familias de dos madres?
¿Somos más corresponsables las familias de dos madres?

Durante años, la corresponsabilidad ha sido uno de los grandes retos de las familias. ¿Quién cuida más? ¿Quién renuncia? ¿Quién sostiene lo invisible? En este contexto, cada vez más estudios y testimonios apuntan a una pregunta incómoda —y necesaria—: ¿las familias de dos madres reparten mejor los cuidados y las responsabilidades?

Lo que dicen los estudios

Investigaciones realizadas en España y Europa muestran una tendencia clara: las parejas de mujeres tienden a distribuir de forma más equitativa las tareas domésticas y de crianza que las parejas heterosexuales.

Un estudio de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) sobre familias homoparentales en España señala que, en las parejas de dos madres, la corresponsabilidad no suele basarse en roles de género heredados, sino en acuerdos explícitos, negociados y revisables. Al no existir el esquema tradicional “madre cuidadora / padre proveedor”, las funciones se reparten con mayor conciencia y flexibilidad .

Otros trabajos europeos, como los recogidos por ILGA-Europe y estudios comparativos en países nórdicos, concluyen que las parejas del mismo sexo hablan más sobre los cuidados antes de tener hijos, anticipan conflictos y ajustan expectativas, lo que reduce la carga desigual a largo plazo.

No es magia: es estructura

Esto no significa que las familias de dos madres sean perfectas ni que no existan desequilibrios. Pero sí que parten de un punto diferente: no hay un rol asignado por defecto. Nadie “ayuda”; ambas son responsables. Nadie es secundaria. Y eso cambia mucho las dinámicas.

Además, muchas mujeres lesbianas llegan a la maternidad tras un proceso largo y muy consciente: deseo explícito, planificación, reproducción asistida, acuerdos previos. Todo eso favorece una crianza más deliberada y compartida.

Elisa tiene 44 años, vive en Barcelona y con su esposa, Laura, tiene un niño de 5 años. Antes de casarse con Laura tuvo un marido, con quien actualmente comparte la custodia de una niña de 12.

“Con mi exmarido yo hacía la lista mental de todo: pediatra, ropa, cumpleaños, colegio. Él «ayudaba», sí, pero yo cargaba con la organización, le asignaba tareas. Con Laura es distinto. Nos sentamos, lo hablamos todo. No hay una ‘jefa de crianza’. Si una está cansada, la otra entra. Y eso, emocionalmente, se nota muchísimo”, nos cuenta. «Pero no solo con lo que tiene que tiene que ver con la maternidad, también con la casa, con el reparto de tareas, la compra, la comida, la lavadora, al final las repartimos por preferencias, pero esta equilibrado».

Elisa no idealiza: discuten, se cansan, se equivocan. Pero hay algo que no cambiaría: “No siento que la maternidad me haya absorbido a mí sola. Es un proyecto compartido de verdad”.

¿Más corresponsables… o simplemente más conscientes?

Quizá la pregunta no sea si las familias de dos madres lo hacen “mejor”, sino desde dónde lo hacen. Sin mandatos de género tan rígidos, con más diálogo y menos automatismos, la corresponsabilidad deja de ser un ideal teórico y se convierte en una práctica cotidiana.

Eso no quita dificultades: conciliación, cargas mentales, expectativas sociales. Pero sí demuestra algo importante: cuando el reparto se piensa y se habla, es más justo.

Las familias lesbomarentales no son una excepción exótica. Son un espejo que muestra que otra organización de los cuidados es posible. Y quizá la gran pregunta no sea si somos más corresponsables, sino qué puede aprender la sociedad entera de estas formas de criar.

Cuando hay una madre “favorita”: cómo se vive y se maneja en las familias lesbomarentales

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cuando hay una madre favorita en las familias de dos mamás
cuando hay una madre favorita en las familias de dos mamás

En muchas familias con dos mamás hay un tema del que se habla poco, pero que se siente mucho: cuando los hijos parecen preferir claramente a una de las madres. “Solo quiere que la duerma mamá”, “si se hace daño me llama a mí”, “cuando está cansado no me quiere cerca”. Y aunque pasa en todo tipo de familias, en las lesbomarentales puede vivirse con una intensidad especial.

Porque no solo está el vínculo con el hijo. Está también la pareja, la igualdad, el miedo a ocupar un lugar secundario… y la pregunta silenciosa: ¿estoy fallando como madre?

Primero, desmontar el mito: la madre favorita no es un error

La psicología infantil es clara: los niños no aman menos a la otra madre, simplemente buscan seguridad en la figura que en ese momento les resulta más reguladora. Esto puede variar según la edad, la etapa evolutiva, el carácter del niño o incluso el contexto (cole, cansancio, cambios, enfermedad).

En muchas ocasiones, la madre “favorita” es la que:

  • pasa más tiempo con el niño en una etapa concreta,
  • gestiona más las rutinas (sueño, comidas),
  • tiene una respuesta emocional más predecible,
  • o simplemente conecta mejor con su temperamento.

Nada de esto invalida a la otra madre. No es una competición. Es una dinámica.

El impacto emocional en la madre “no elegida”

Aquí es donde duele. Porque racionalmente se entiende, pero emocionalmente cuesta. Aparecen sentimientos de rechazo, celos, tristeza o incluso culpa. Y muchas mujeres se lo guardan, por miedo a parecer inmaduras o egoístas.

Nombrarlo es clave. Sentirse desplazada no te hace mala madre ni mala pareja. Te hace humana.

Lo que sí conviene evitar es retirarse emocionalmente (“si no me quiere, paso”), competir por el afecto del niño o exigirle cariño. El vínculo no se fuerza: se cultiva.

La madre favorita también carga con peso

Curiosamente, la madre preferida tampoco lo tiene fácil. Puede sentirse sobrecargada, sin descanso, culpable por el dolor de su pareja o atrapada en un rol del que no sabe salir.

Por eso, esto no va de una contra la otra, sino de equipo.

Claves para manejar esta situación en pareja

  • Habladlo sin reproches, en un momento tranquilo. Lo que no se nombra se enquista.
  • Reafirmad el proyecto común: el hijo tiene dos madres, no una principal y una secundaria.
  • Acordad espacios exclusivos entre el niño y la madre menos demandada, sin forzarlos, pero cuidándolos.
  • No desautorizar ni corregir delante del niño, para no reforzar jerarquías.
  • Repartid tareas invisibles, no solo las visibles (quien consuela, quien duerme).

Recordar algo esencial: los vínculos cambian

La preferencia no es permanente. Cambia con el tiempo, con las etapas, con la vida. Muchos niños que hoy reclaman solo a una madre mañana buscan a la otra. Y eso no borra nada de lo construido antes.

En las familias lesbomarentales, donde muchas veces ambas madres han luchado mucho por estar ahí, este tema toca fibras profundas. Por eso es tan importante mirarlo con ternura, sin culpa y sin comparaciones.

Porque ser madre no es ser la favorita, es estar disponible. Y eso, aunque a veces no se vea, deja huella para siempre.

La futbolista Esther González y su esposa Estefanía Cruz dan a luz a su primer hijo

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Esther Gonzalez y Estefanía Cruz
Esther Gonzalez y Estefanía Cruz

El fútbol español sigue regalándonos buenas noticias, y no solo en el campo de juego, también en la representación de nuestras familias. Hace unos días te contamos que Irene Paredes y su novia esperan a su segundo hijo. Hoy te contamos que una de nuestras estrellas en este deporte, Esther González ha anunciado que ya es oficialmente mamá junto a su esposa Estefanía Cruz, compartiendo con el mundo los primeros momentos con su bebé en brazos, Liam, y esa sonrisa que solo puede traer alguien que ha vivido uno de los instantes más intensos de la vida.

Esther, conocida por sus victorias dentro del campo y por ser una de las delanteras más brillantes del fútbol español —brillando tanto con la selección como en su club en la NWSL estadounidense—, empieza ahora un capítulo igualmente emocionante fuera de él: la maternidad compartida con su pareja. En enero de 2026, Estefanía publicó en Instagram una serie de fotos del bebé recién nacido agarrando un dedo, imágenes tomadas antes y después del parto, junto a mensajes llenos de emoción y gratitud tras el nacimiento.

La noticia llega después de que la propia pareja anunciara públicamente su embarazo en agosto de 2025 con una emotiva publicación mostrando ecografías y compartiendo sus expectativas para enero de este nuevo año. Ver a una futbolista tan visible como Esther abrazar la maternidad no solo es un momento tierno para redes: es un gesto de representación real para muchas mujeres lesbianas que sueñan con formar su propia familia.

Para quienes seguimos a Esther desde sus días en la Liga española hasta su salto a la NWSL con Gotham FC, este paso personal se siente como un recordatorio poderoso de que el amor y la familia toman muchas formas. Su carrera deportiva sigue siendo fuente de orgullo —suya y de toda la afición—, y ahora su historia familiar sumará otra razón para celebrar.

Irene Paredes y Lucía Ybarra esperan a su segundo hijo: «Se viene un año divertido»

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La futbolista Irene Paredes, una de las grandes referentes del fútbol femenino español, espera junto a su novia, Lucía Ybarra, exjugadora de hockey internacional, su segundo hijo. La pareja ya es madre de un niño, Mateo, y amplía ahora su familia en un momento especialmente significativo tanto a nivel personal como profesional para la deportista.

La noticia se ha conocido a través de redes sociales y ha sido recibida con naturalidad y apoyo, en línea con la forma en la que Irene Paredes siempre ha hablado de su vida personal: sin estridencias, pero con claridad y visibilidad.

Irene Paredes (Legazpi, 1991) es una de las jugadoras más importantes del fútbol español de las últimas décadas. Defensa central, ha sido capitana de la selección española, con la que se proclamó campeona del mundo en 2023, y es pieza clave del FC Barcelona, club con el que ha ganado múltiples títulos nacionales e internacionales, incluidas varias Champions League.

Antes de su etapa en el Barça, Paredes jugó en equipos como la Real Sociedad y el Paris Saint-Germain, consolidando una carrera marcada por la regularidad, el liderazgo y la excelencia deportiva.

Maternidad y deporte de élite

Irene Paredes fue madre por primera vez en 2022. Desde entonces, ha hablado en distintas ocasiones sobre la conciliación entre maternidad y deporte profesional, visibilizando una realidad todavía poco representada en el fútbol de élite.

Su regreso a la competición tras la maternidad se produjo sin dramatizaciones ni discursos épicos, pero con un mensaje claro: ser madre y deportista profesional es posible, siempre que existan apoyo, recursos y estructuras que lo permitan.

La llegada de su segundo hijo vuelve a poner sobre la mesa un debate necesario sobre los tiempos, los cuidados y los derechos de las madres en el deporte, especialmente en disciplinas que aún están construyendo sus referentes femeninos.

Más allá de sus logros deportivos, Irene Paredes se ha convertido en una figura clave por su compromiso con la igualdad y la visibilidad LGTBI. Ha participado en distintos espacios y proyectos audiovisuales que abordan el papel de las mujeres en el deporte y la importancia de referentes diversos, entre ellos documentales centrados en el fútbol femenino y sus protagonistas.

Su visibilidad como mujer lesbiana en un deporte históricamente masculinizado ha contribuido a normalizar otras realidades familiares y afectivas, especialmente para niñas y jóvenes que hoy crecen viendo modelos distintos a los tradicionales.

Rebel Wilson y Ramona Agruma esperan su segundo bebé

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Rebel Wilson y Ramona Agruma esperan su segundo bebé
Rebel Wilson y Ramona Agruma esperan su segundo bebé

Una de las noticias más bonitas de estas semanas ha llegado desde Hollywood: la actriz Rebel Wilson y su esposa, Ramona Agruma, han anunciado que están esperando su segundo hijo juntas. La pareja ya es madre de una niña de 3 años, Royce Lillian Elizabeth Wilson, que nació en noviembre de 2022 mediante gestación subrogada, y ahora han compartido con mucha emoción que su familia crecerá pronto.

Ramona publicó la noticia en Instagram con un tierno vídeo en el que aparece la prueba de embarazo, su incipiente barriga y fotos familiares, acompañado de un mensaje lleno de amor: “La noticia más feliz en nuestra familia: ¡pronto seremos 4! Baby número 2 viene en camino, te amo @rebelwilson.” Rebel respondió con alegría en los comentarios, celebrando a sus “hermosos bebés”.

Este anuncio importa más allá del mundo del espectáculo. Rebel y Ramona son una de las parejas lesbianas más visibles globalmente, y ver cómo comparten abiertamente su camino de maternidad es un gesto poderoso para tantas familias como las nuestras. Cuando figuras públicas muestran sus experiencias de vida, normalizan realidades que aún hoy no siempre están presentes en los medios y en la sociedad. Eso tiene un impacto directo en nuestras hijas e hijos, que así se ven reflejados y reconocidos.

Además, la historia de Rebel y Ramona es también una historia de perseverancia. Rebel abrió su corazón sobre su deseo de ser madre incluso antes de conocer a Ramona y contó cómo la acogida entusiasta de su pareja a la maternidad marcó un momento clave en su relación. Esto ayuda a cuestionar mitos sobre la familia LGBT+ y la maternidad: el deseo, el amor y la voluntad pueden construir hogares fuertes y felices, incluso si no siguen el camino tradicional de concepción biológica.

Ser parte de un movimiento más amplio

Para muchas madres lesbianas, noticias como esta son una bocanada de aire: nos recuerdan que no estamos solas, que nuestras familias existen, se celebran y se amplían con alegría. También invitan a reflexionar sobre los múltiples caminos hacia la maternidad: gestación subrogada, reproducción asistida, adopción o acogida —todos valiosos y llenos de amor.

Es un recordatorio de que la maternidad no tiene un solo molde. Y que celebrarla desde la diversidad es una forma de dar fuerza y visibilidad a todas las formas de familia. La historia de Rebel y Ramona contribuye a que cada vez más niñas y niños con dos mamás puedan crecer sintiéndose vistos, incluidos y orgullosos de su familia.

Cómo elegir un colegio LGTBfriendly (o sobrevivir a uno que no lo es)

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Cómo elegir un colegio LGTBfriendly (o sobrevivir a uno que no lo es)
Cómo elegir un colegio LGTBfriendly (o sobrevivir a uno que no lo es)

Elegir colegio para nuestros hijos es una de esas decisiones que nos quitan el sueño. Y si eres una familia con dos mamás, la preocupación se multiplica: ¿nos respetarán?, ¿nuestros hijos se sentirán seguros?, ¿tendrán referentes?, ¿el profesorado sabrá gestionar la diversidad? La buena noticia es que hay señales claras para detectar si un centro es LGTBfriendly… y estrategias para sobrevivir si no lo es tanto.

1. Lo primero: observar la cultura del centro

Antes que mirar rankings o instalaciones, fíjate en la cultura. Un colegio realmente inclusivo lo es en su día a día, no solo en el cartel de “diversidad” en la entrada. Algunas pistas:

  • Lenguaje inclusivo en sus comunicaciones (“familias” en lugar de “mamá y papá”).
  • Actividades que abordan diferentes modelos familiares.
  • Programas contra el bullying donde se menciona explícitamente la LGTBfobia.
  • Un equipo directivo que habla con naturalidad y respeto sobre diversidad.

Si en la primera reunión te tropiezas con un “¿y el papá no ha podido venir?”, quizá ese centro no ha reflexionado demasiado.

2. Pregunta sin miedo

Los colegios que de verdad son inclusivos no se ofenden cuando las familias preguntan. De hecho, suelen alegrarse. Cuestiones útiles para plantear:

  • ¿Trabajan diversidad familiar en Infantil y Primaria?
  • ¿El profesorado recibe formación en igualdad, género y LGTBI?
  • ¿Cómo actúan ante situaciones de discriminación?
  • ¿Hay familias homoparentales en el centro?

No se trata de hacer un interrogatorio, sino de ver si existe coherencia entre lo que dicen y lo que hacen.

3. Fíjate en el ambiente del patio

Los patios cuentan la verdad. Si ves diversidad racial, cultural, familias distintas entre sí, niños expresándose libremente y un clima relajado, probablemente estés frente a un centro donde tu hijo podrá ser él mismo.

En cambio, si percibes rigidez, estereotipos muy marcados o miradas incómodas hacia vosotras, tu radar está detectando algo importante.

4. Qué hacer si tu colegio no es LGTBfriendly

A veces no hay alternativa cerca. O ya lo elegiste y descubres después que no era tan abierto. No estás sola: muchas madres lesbianas han vivido este camino. Y hay maneras de sobrevivir (e incluso transformar) el entorno.

a) Visibilízate sin pedir permiso
Presentaos a principio de curso, explicad que sois dos mamás y pedid un trato igualitario. La naturalidad desarma prejuicios.

b) Formad alianza con otras familias
Siempre hay familias aliadas. Construir comunidad hace que el colegio entienda que la diversidad no es una excepción, sino parte real de su alumnado.

c) Propón recursos, cuentos, actividades
Muchos colegios no excluyen por mala fe, sino por desconocimiento. A veces basta con sugerir un cuento sobre diversidad o proponer una charla.

d) Documenta y comunica
Si hay comentarios discriminatorios o trato desigual, deja constancia. Hablar con la tutora, con orientación y, si hace falta, con dirección es necesario para marcar límites.

e) Refuerza el orgullo familiar en casa
Si el centro no acompaña, hogar más fuerte. Cuentos, conversaciones, referentes y un ambiente que celebre vuestra familia ayudarán a que tu hijo no internalice miradas ajenas.

5. El mensaje más importante para tus hijos

Crecer con dos mamás es un privilegio emocional: una historia de amor, voluntad y valentía. Si el colegio no siempre lo refleja, tu misión es que ellos lo sigan sintiendo. Que sepan que la diversidad no es algo a ocultar, sino un lugar desde el que mirar el mundo con más empatía.

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