Criar hijos varones sin machismo: el compromiso (y el superpoder) de las madres lesbianas

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Ser mamás lesbianas de un niño. La nueva masculinidad
Ser mamás lesbianas de un niño. La nueva masculinidad

Desde que te conviertes en madre de un niño, el mundo empieza a susurrarte (o gritarte) cómo debería ser tu hijo: fuerte, valiente, duro, competitivo, “todo un hombrecito”. Y tú, que lo miras dormir abrazado a su peluche favorito o a tu propio cuerpo, sabes que ese discurso no es para él.

Para muchas madres lesbianas, la crianza de hijos varones es también una oportunidad revolucionaria. Sin modelos de familia tradicional que encajen en los moldes clásicos, muchas de nosotras nos enfrentamos a la pregunta: ¿cómo criamos hombres que no reproduzcan el machismo que tanto daño ha hecho en nuestras vidas y en la sociedad?

La escritora Dr. Mindy Schwartz, madre lesbiana, psicóloga y autora, acaba de publicar un libro fascinante: Raising Boys Who Are Kind, Strong, and Whole: A Queer Mom’s Guide to Nurturing Healthy Masculinity. En él comparte su experiencia criando a su hijo, ofreciendo claves para fomentar una masculinidad basada en la empatía, la ternura y el respeto. Y, aunque su libro aporta una guía maravillosa, muchas de nosotras ya estamos escribiendo esa historia en nuestro día a día.

¿Qué tenemos las madres lesbianas que nos convierte en agentes de cambio?

🔹 No criamos bajo el guion tradicional. Nuestros hijos crecen viendo que el amor no tiene género, que hay muchas maneras de formar una familia. Y eso ya rompe esquemas desde la cuna. Según un estudio los hijos de mujeres lesbianas son los que menos se identifican como heterosexuales, están más abiertos a experimentar y a fluir.

🔹 Les hablamos desde la emoción. No tenemos miedo de hablar de sentimientos, de validar sus lágrimas, sus miedos, su dulzura. Criamos con conciencia de que la vulnerabilidad es una fortaleza, no una debilidad.

🔹 Desafiamos los estereotipos. Cuando ves a tus dos mamás compartiendo tareas, resolviendo problemas o reparando una bici, entiendes que no hay “cosas de chicos” ni “cosas de chicas”.

🔹 Les enseñamos consentimiento desde pequeños. Porque el respeto por el cuerpo propio y ajeno no se aprende a los 15. Se aprende cuando preguntamos antes de hacerles cosquillas, cuando les dejamos decidir si quieren dar un beso, cuando les explicamos por qué no se empuja, ni se agrede.

🔹 Modelamos relaciones igualitarias. Nuestros hijos ven vínculos afectivos basados en la escucha, la negociación y la ternura. Relaciones donde nadie manda ni obedece por obligación.

Pequeños gestos, grandes cambios

Sí, a veces dudamos. Nos preguntamos si lo estamos haciendo bien. Si nuestros hijos sufrirán por no tener una figura masculina en casa. Pero la verdad es que tener una figura masculina no garantiza nada. Lo que sí garantiza un entorno sano es el amor, la presencia y una crianza consciente y feminista.

Criar un hijo varón desde una familia de dos mamás (o una sola mamá lesbiana) es también un acto de resistencia. Porque significa apostar por una masculinidad diferente. Una masculinidad que no necesita gritar, competir o reprimir para ser válida.

Y quizás, solo quizás, nuestros hijos no lleguen a “ser unos hombres de verdad” como algunos dicen. Pero seguro que serán personas de verdad: respetuosas, amorosas y libres.