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Madres Lesbianas latinas en lucha por la filiación de sus hijos

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En España quizás ya nos hemos olvidado de lo que es puesto que desde hace 15 años las mujeres lesbianas podemos casarnos y nuestros hijos pasan directamente a ser hijos legales de ambas, de nuestra pareja y nosotras.

Ante la ley nuestros hijos tienen dos mamás, con los derechos y deberes que eso conlleva.

Pero somos un oasis dentro de un mundo intolerante y lesbófobo. ¿Qué significa no tener la opción de filiación de los hijos?

Significa que solo la mamá que ha gestado aparece en el libro de familia como la «única» madre. Que aunque hayamos vivido todo el embarazo con nuestra pareja, que hayamos estado ahí en el nacimiento y en la infancia de nuestro bebé, que hayamos cambiado mil pañales, dado mil biberones y papillas, que hayamos pasado noches sin dormir con nuestros pequeños, ante la ley, ante el médico, ante el cole, ante la sociedad, no somos legalmente nada.

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Que si a nuestro peque lo internan en el hospital no podemos estar ahí, que si nos separamos estamos desprotegidas ante la ley y dependemos de la buena fe de nuestra ex, que si ella fallece no tenemos el derecho a quedarnos con la custodia de nuestro hijo.

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Es realmente doloroso e injusto.

En la mayoría de los países latinoamericanos y centroamericanos no existe ni matrimonio ni filiación de hijos. En Chile, por ejemplo, el proyecto de filiación se presentó hace cuatro años en el Congreso, apoyado por la asociación lésbica Rompiendo el Silencio y Familia es Familia. Recién hace dos días la iniciativa fue debatida por los parlamentarios. ¿Sabéis lo que hicieron? Pues no pensar en los niños y en sus derechos, no, más bien pelearse por sus propias creencias.

En Chile un hombre heterosexual puede ir a un Registro Civil y reconocer a un hijo ya nacido, da igual la edad que tenga el hijo y que no cuente con la aprobación de la madre. Pero es que claro, es un hombre hetero, no una mujer lesbiana. Pedazo de lesbofobia.

En Perú las familias se han unido para dar una lucha muy dura, porque el país es profundamente machista y lesbófobo. En este artículo te contamos cómo se han organizado.

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Desde México nos llega otra historia de lucha, la de las mamás de Camilo. Marilú y Karla viven en Nuevo León. Gracias a una fecundación in vitro consiguieron su sueño de ser mamás. Pero no pudieron registrar a su hijo en su Estado. Después de cuatro meses de espera una negativa, tuvieron que trasladarse a otro para poder inscribir a su hijo.

Ahora luchan para que en todo el país se unifique el criterio y no dependa del Estado o del ánimo la persona responsable en el Registro civil y su nivel de tolerancia a la diversidad.

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«Consideramos que la regulación a favor sobre el registro de nuestros hijos, procesos y formatos, deberían ser flexibles para cualquier tipo de familia y aplicarse en todo México, pues negarles el registro implica vulnerar un derecho fundamental a los niños. Las familias merecen ser reconocidas y los niños merecen tener los mismos derechos y oportunidades ante la ley», aseguran.

Puedes apoyar a esta familia, y a todas las familias mexicanas, firmando esta petición.

Yo era una madre homófoba, hasta que mi hija se casó con otra mujer

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Soy una mujer profesional, como pocas de mi generación (más de 60 años), vivo en un país latinoamericano que aunque está mejor que mucho de los vecinos, sigue teniendo ese tufo rancio y conservador que la iglesia nos ha impuesto.

Soy mamá de 5 hijos, tres varones mayores y dos chicas menores. Creo que fui una madre estricta, quería que mis hijos fueran personas educadas, éticas y buenos estudiantes. Me faltó ser una mamá más cariñosa, pero es que antes no estaba tan de moda como ahora.

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Yo era de las que pensaba, como mucha gente de mi entorno, que la homosexualidad estaba unida a un trauma, a pedofilia, al sida, a enfermedad mental. Me parecía completamente antinatural que dos hombres o dos mujeres estuvieran juntos.

Mi hija Carolina siempre fue la rebelde, la oveja negra, mi dolor de cabeza, siempre cuestionaba todo, pero también era la más divertida, la más empática y humanitaria de los 5.

Siempre estaba rodeada de amigas, venía con muchas amigas a la casa, nunca traía amigos o novios. Yo no entendía como una chiquilla tan estupenda no tenía suerte en el amor o no se fijaban en ella, con la cara y cuerpo preciosos que tenía.

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Cuando estaba terminando su carrera en la universidad trajo una noche a cenar a la casa a una «amiga». Me acuerdo de que yo me sentí algo incómoda, había algo entre ellas, aunque ni se tocara, que me hacía saltar las alarmas.

Al día siguiente era domingo y como siempre estábamos comiendo todos juntos, mi marido, mis hijos y yo, y ella con mucha naturalidad dice que quiere contarnos que tiene novia, la chiquilla que había llevado la noche anterior.

Yo casi me muero. Me parecía que era lo más terrible que me podía decir mi hija, más terrible incluso que una enfermedad. ¡Cómo era posible! Sentí rabia, pena tremenda, no entendía si era culpa de sus amigas que la habían cambiado, si era mía por haber sido muy estricta, si estaba enferma, sentía vergüenza, ahora cómo le iba a contar a mis amistades o familiares, íbamos a ser el hazmereir o nos iban a compadecer por tener una hija así.

Con mi marido la mandamos a terapia, y ahora pienso que en ese tiempo yo estaba tan fuera de mi que incluso la hubiera internado, como se hacía antes. Carolina se puso cada vez más rebelde y apenas terminó su carrera se fue de la casa.

Estuvimos tanto tiempo sin hablar, o hablando muy poco. No venía a nada familiar. Ni cumpleaños de sus hermanos, o nuestros, decía que si sus hermanos podían llevar a sus parejas y ella no, entonces no iba. 

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Mis hijos me pidieron, para la comunión de mi nieta mayor, que cediera, que querían a toda la familia reunida. Con el dolor de mi alma accedí, y ahí llegó Carolina con su pareja.

No nos dirigimos la palabra, pero fue el inicio de que empezara a llevarla a cosas familiares. Mi otra hija me decía que era una buena chica, que intentara conocerla, pero yo no quería ceder a algo que me parecía una aberración.

Un día vino ella sola a la casa y nos contó a su papá y a mi que se iban a casar. Otra vez casi me da un infarto. ¡Cómo se van a casar si en nuestro país ni siquiera se puede! Solo una ceremonia civil.

«No vengas si no quieres, yo solo quiero que esté ahí la gente que me quiere de verdad, que me quiere como soy», me dijo antes de irse. Y sus palabras se me quedaron grabadas. ¿Quería yo a mi hija como era o solo quería lo que yo quería que ella fuera?

Se casaron y por supuesto que fui. En la fiesta del matrimonio, que hicieron en el campo, en una finca muy bonita, había una pantalla gigante donde pasaban fotos de las dos. De pronto la música cambia y aparece una foto de una ecografía, ahí Carolina toma el micrófono y cuenta que hay un invitado muy especial y que no podemos todavía ver porque es muy chiquitito. Que es su hijo. Tenían dos meses de embarazo. Carolina se había sacado los óvulos y esos se los habían puesto a su novia. Ahora mi nieto estaba creciendo en el vientre de su pareja. 

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La gente empezó a aplaudir, estaban todos muy felices, y yo me emocioné, a la vez que me dio miedo, ahora es todo real, es una familia de verdad, pensaba. ¿Y si la sociedad no los acepta o los hace sufrir?

Cuando su pareja tenía 5 meses de embarazo Carolina tuvo que viajar al extranjero por trabajo durante mes y medio. Justo esos días mi nuera tuvo un riesgo de aborto muy importante y el médico le dijo que hiciera reposo absoluto. Carolina quería volver pero le dije que no, que yo me encargaría. Mandé a mi hijo a buscar a mi nuera a la casa, con maleta y todo. Me la traje a mi casa que es más grande y además tengo una interna que nos ayuda y nos cocina rico.

Ese mes y medio la cuidé yo diariamente mientras ella estaba en cama, y empecé a encariñarme con ella, a darme cuenta de que no sabía nada de ella. Me pareció una mujer maravillosa, inteligente, culta, cálida, especial. Entendí que mi hija prefiriera casarse con ella que con cualquier hombre de la tierra.

Ahí empezó mi transformación. De ser una persona intolerante pasé a ser una persona con cabeza, empecé a leer sobre homosexualidad y entendí que es una orientación sexual como la mía. Empecé a ser respetuosa y a conocer más homosexuales amigos de mi hija y mi nuera.

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Ahora tengo un nieto nuevo, lo adoro, pero no es como todos mis nietos porque legalmente no tiene dos mamás, solo figura como hijo de mi nuera en el registro porque en nuestro país no existe la filiación de hijos. Y eso me llena de rabia y de impotencia.

Porque si algún día le pasa algo y tiene que irse hospitalizado ni mi hija ni nosotros podemos entrar a estar con él. Por eso escribo esto, porque nuestra sociedad tiene que empezar a cambiar ya, no es posible que de los 9 nietos que tenga, el menor no sea igual ante la ley y no tenga los mismos derechos.

Hay que cambiar las cabezas de las personas, como la mía, y así empezar a cambiar las leyes.

A mi hija y a mi nuera les pido perdón por ser tan tonta y les doy las gracias por enseñarme del amor, una materia que yo tenía pendiente en mi vida.

Envíanos tu historia a info@madreslesbianas.com

Tres aspectos clave del método ROPA que debes saber si estáis buscando un bebé

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Método ropa, lo que debes saber

Cuando una pareja de mujeres lesbianas decide tener un bebé, se abre ante ellas un abanico de posibilidades que proporciona la reproducción asistida para cumplir su sueño: inseminación artificial, fecundación in vitro y, desde hace unos años, también el método ROPA.

Antes de elegir el procedimiento más adecuado para la pareja, los profesionales de las clínicas Eugin analizan con las futuras mamás todas las opciones en base a su caso particular y, en función de ello, optan por una de las alternativas disponibles.

En todo caso, la técnica ROPA se está convirtiendo en una de las principales opciones para parejas lesbianas porque ambas mujeres comparten proceso y experiencia. Sin embargo, a pesar de ser una alternativa atractiva y novedosa, este método también es todavía un gran desconocido, por lo que queremos dejarte aquí tres aspectos clave para que lo conozcas mejor:

  1. ¿En qué consiste exactamente el método ROPA?

El método ROPA es una variante del tratamiento de fecundación in vitro en el que las dos mujeres participan activamente en el embarazo: una se somete a una estimulación ovárica para extraer sus óvulos, que se fecundan en un laboratorio con el semen de un donante anónimo, y la otra recibe en su útero el embrión y gesta el embarazo.

  1. ¿Qué pasos conlleva este procedimiento?

Estos son los 4 pasos fundamentales del Método ROPA:

  • Fase 1: Estimulación ovárica. La mujer que aporta sus óvulos se somete a una estimulación ovárica en casa durante unos 10-12 días. Mediante ecografías y análisis hormonales, se decide el mejor momento para extraer los óvulos a través de la vagina con una anestesia suave.
  • Fase 2: Fecundación y cultivo de los embriones. Se descongela una muestra de semen de un donante anónimo. Se inseminan los óvulos, y los embriones generados permanecen entre tres y cinco días en un incubador hasta el momento de su transferencia.
  • Fase 3: Preparación del endometrio. La mujer gestante debe seguir un tratamiento hormonal para preparar su útero de cara a implantar el embrión posteriormente.
  • Fase 4: Transferencia de embriones. Se selecciona el embrión de mayor calidad para insertarlo vía vaginal en el útero de la mujer receptora. El proceso es rápido e indoloro, y no requiere anestesia. Unas dos semanas después de la transferencia, la mujer receptora se somete a una analítica beta-HCG para confirmar el embarazo.
  1. ¿Qué tasa de éxito tiene el método ROPA?

La tasa de éxito de un procedimiento de este tipo puede llegar al 64% tras todos los intentos de un mismo ciclo en mujeres menores de 35 años.

No obstante, dependerá de varios factores, entre ellos, la edad de la paciente que dona sus ovocitos, ya que de forma natural los óvulos van perdiendo su capacidad reproductiva en un proceso irreversible que suele intensificarse a partir de los 35 años. Aun así, es el médico el que, antes de iniciar el proceso, analiza las posibilidades concretas de cada caso.

A pesar de ello, los especialistas subrayan que las técnicas de reproducción se deben ofrecer en función de cada caso, según las características, antecedentes médicos y circunstancias de los miembros de la pareja.

Solicitad vuestra primera visita gratuita con un especialista en Eugin, donde os acompañarán en todo el proceso para cumplir vuestro sueño de ser madres.

3 cosas que sientes cuando el bebé genético de tu novia crece dentro de ti

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Historia del método ropa de una pareja de lesbiana

Desde hace 24 semanas crece dentro de mí una niña que genéticamente no tiene nada mío. Que no heredará mis ojos marrones ni mi pelo liso. Pero que es “lo más mío” que he sentido alguna vez.

Dentro de mi crece una pequeña parte de Sara, mi compañera de vida desde hace cinco años. Veo fotos de Sara de cuando era bebé y suspiro pensando que una carita así, que esos ojitos verdes y ese pelo negro rizadito se está formando en mi vientre.

Sara y yo nos hicimos en IVI uno de los que se consideran los tratamientos de fertilidad preferidos por las lesbianas: el método ropa.

Es un tratamiento que solo pueden hacer las parejas de mujeres casadas, la que será la madre genética aporta el óvulo y la madre biológica es la que se embaraza de ese óvulo y da a luz al bebé.

En IVI revisaron nuestra reserva ovárica y consideraron que los óvulos de Sara eran más fértiles, puesto que a hasta ese momento no teníamos ninguna preferencia sobre el papel de cada una. Y no se equivocaron, nos embarazamos al primer intento.

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Pero desde que estamos embarazadas, y desde que Lucía crece dentro de mí, he sentido 3 cosas que no pensé que iba a sentir.

1)      No es “mía”, pero es mía.

Algunas de las personas de mi entorno me preguntaron cosas que me descolocaron cuando me quedé embarazada, por ejemplo: “¿cómo te sientes al saber que no tiene nada tuyo?”, “esto es como adoptar pero gestar al niño que adoptas, ¿no?”, “¿crees que tendrá más conexión con Sara al ser SU hija?”.  No quiero juzgar a estas personas porque sé que hablan desde la ignorancia, pero me hizo plantearme las cosas.

Me di cuenta de que siento cada parte de Lucía, cada dedito de sus pies y manos, como mía, que no se necesita compartir genética para ser mamá, que esta pequeña es igualmente mía que de mi esposa y que sin duda es el amor el que hace una familia.

2)      Todo lo que quiero a Sara

Al ser consciente de que dentro de mi crece una pequeña que se parecerá a Sara me he dado cuenta de que la quiero más de lo que pensaba. Que sin duda es la mujer de mi vida, y que afortunada me siento de tener como compañera de vida a alguien así. Me hace ilusión que Lucía herede su carita, sus ricitos, incluso sus despistes.

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3)      No es de Sara, pero es suya

Así como yo he tenido que escuchar comentarios desubicados sobre no tener nada genético con Lucía, Sara ha pasado por lo mismo. A otras personas les ha parecido que yo soy más madre o la niña es más mía por ser yo quien está embarazada.

“Tú Sara serás como el padre, tendrás que ayudar pero el lazo más importante será el de ellas”, “tu estarás más relegada”, le han dicho.

E insisto, así como la genética no te hace más madre, gestar tampoco. No somos el símil a una relación madre-padre, ninguna hace de padre, somos dos mamás, con todo lo que eso significa.

Pero solo podemos educar a la sociedad con nuestro ejemplo, cuando nuestra pequeña ya esté aquí y todos puedan ver cómo es el amor el que hace una familia.

Si quieres más información sobre el método ropa, consulta esta web.

Quitan la custodia de una niña a la madre, por ser lesbiana, y se la dan al padre, maltrador

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Anayasi Parra madre lesbiana

Anayasi Parra es una mujer lesbiana, como tú o como yo. Es médica de profesión. Antes de salir del armario y reconocerse como lesbiana estuvo casada con un hombre, el que la dañó física y psicológicamente.

De esa unión nació una niña, una niña a la que su madre lleva cuatros años sin ver. ¿Y por qué? Por ser lesbiana. Y porque a la jueza que llevó el caso de la custodia ser lesbiana le parece mucho más grave que ser un maltratador.

Es la terrible historia de Anayasi, que vive en Sinaloa, un estado mexicano que se caracteriza por la violencia que se ejerce sobre las mujeres. Este es otro ejemplo más, violencia institucional y judicial.

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A la jueza Marisela Huerta del I Juzgado de Familias de Guasave, le tocó hace seis años lidiar con un divorcio y la petición de custodia de ambos progenitores de la pequeña.

Él, el padre, tenía varias denuncias por violencia física ejercida hacia su esposa y su hija, además de allanamiento de morada, lo que equivale a «¿no me permites entrar a tu casa? Pues entro por la fuerza».

Ella, la madre, una médica con un buen trabajo y pareja femenina.

¿Pues qué decide la jueza? Que la niña debe estar con su padre porque la madre es un mal ejemplo, no vaya a ser que la niña se haga lesbiana también.

Empieza ahí una batalla judicial y una larga pesadilla para Anayasi, que lleva seis años luchando por su hija y cuatro años sin poder verla, abrazarla, besarla. 

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La llama por teléfono todos los días, pero él no le permite hablar. A veces él decide dirigirle la palabra y le dice que es el precio que tiene que pagar por estar casada con una mujer, que es un mal ejemplo para la niña.

Todas las valoraciones psicológicas a las que Anayasi se ha sometido en el juzgado son positivas y concluyen que son aptas para que ella tenga la custodia de su hija. Pero la jueza se la sigue negando. 

Hace cuatro años la jueza lesbófoba la permitió visitas a su hija en la casa del padre, ella se negó argumentando que en esa casa había sido maltratada y golpeada, así que la jueza, en lugar de permitir que la niña fuera con su madre a otro lugar, las negó por completo.

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Anayasi ha denunciado a la jueza por lesbofobia. «Lo único diferente que tengo a él es que yo estoy casada con una mujer», dijo a los medios.

Un nuevo juicio debía celebrarse estos días pero se ha aplazado a 2021 porque el padre no presentó evaluación psicológica.

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Una historia triste, lamentable y muy injusta, que deja mucho dolor a su paso, sobre todo el de una niña que lleva cuatro años sin ver a su mamá.

«Yo creía que era heterosexual, pero cada vez que la veía saltaban chispas entre nosotras»

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historia de amor lesbianas y bisexuales

Soy Luly. Siempre pensé que yo era » heterosexual», ahora me doy cuenta que es porque era lo único que yo había conocido.

Un día, cuando llevaba 4 años con mi novio, trabajando en unas grandes superficies conocí a Patricia.

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Desde el momento en que la vi sentí algo diferente a cualquier cosa que hubiera sentido antes mirando a una mujer. Algo tan especial y diferente que era como si me hubiera enamorado de ella. Patricia tenía novia en ese momento, y a mi jamás me había pasado algo tan especial como eso.

Disfrutaba lo que sentía al estar con ella o mirarla, pero a la vez pensaba: «¿Pero qué estoy haciendo? ¿Me he enamorado de una mujer?». Se lo conté a nuestros compañeros de trabajo, y así se convirtieron en mis cómplices.

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No nos decíamos nada, pero cada vez que nos acercábamos saltaban chispas entre nosotras. Yo solo deseaba que llegara el día siguiente para verla de nuevo… Llegaba a casa y no podía parar de pensar en ella.

Pasó el tiempo y ella se tuvo que ir, ella es de Cartagena y yo de Valencia, me sentí triste, pero me consolé pensando que tenía que seguir con mi vida, no me sentía bien, me sentía egoísta, porque aún seguía con mi relación con mi novio, incluso sin dejar de pensar en ella cada día.

Tiempo después Patricia tuvo que volver a mi ciudad, Valencia, y siempre quedábamos a tomar algo con los compañeros de trabajo, pero jamás pasó nada entre nosotras, solo miradas.

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Desde eso que os cuento pasaron cuatro largos años. Yo en ese momento ya trabajaba en otro lugar. Un día, mientras merendaba, sonó mi móvil. No me lo podía creer, era un whatsapp de ella. 

Me quedé alucinada, para romper el hielo me dijo que que bonita foto tenia puesta (no era mía) y ahí empezamos a hablar, entre todo lo que me contó me dijo que lo había dejado con su novia. Se me paró el corazón. Es ahora o nunca, pensé. Así que decidí aprovechar el momento.

Me declaré. Le dije que siempre me había gustado y que la deseaba más que a todas las cosas, ella se quedó sorprendida, alucinó tanto, pero para mi gran satisfacción me dijo lo mismo.

A partir de ese momento empezamos a hablar cada día. Era un sueño hecho realidad. Yo dejé a mi pareja y me fui a vivir con una de mis primas, yo estudiaba a la vez que trabajaba así que me reservaba los fines de semana para estar con Patricia.

Cada fin de semana nos turnábamos. Iba yo a Cartagena o venía ella a Valencia. Estuvimos así hasta febrero de 2015. En septiembre de ese año nos casamos, en junio de 2016 comenzamos nuestro tratamiento para ser mamás, elegimos el método ropa, donde una aportó los óvulos y la otra gestó. En enero de 2017 nacieron nuestras preciosas gemelas. 

Puedes enviarnos tu historia a info@madreslesbianas.com

Yo, que nunca quise hijos, me enamoré de una mujer madre de dos

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me enamoré de una mujer con dos hijos

Siempre lo tuve claro, siempre lo dije, desde que era adolescente, no me voy a casar ni voy a tener hijos.

Mi madre me decía que con el tiempo cambiaría de opinión, pero a mis 35 años seguía sin casarme y perfectamente convencida de que no quería hijos.

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Pero entonces llegó Gabriela. Y todo cambió.

Gabriela es una argentina vivaz, divertida, preciosa, que vino a España hace 9 años a estudiar. Pero todo se complicó cuando una noche de borrachera se embarazó. Fue muy difícil para ella porque del «padre» nunca más se supo.

Más tarde se echó un novio y volvió a quedarse embarazada, y eso que usaba protección, sí, mi mujer es una bomba de fertilidad. Las cosas no resultaron tampoco con este novio, así que Gabriela se vio en un país sin red de apoyo, sin familia, con dos críos.

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Lo primero que se le pasó por la cabeza fue volver a Argentina, pero no quería rendirse tan pronto. Acabó el doctorado, trabajó, y gracias a au pairs logró compatibilizar todo y cuidar de sus hijos.

Cuando yo la conocí me sentí admirada por su historia y su lucha, al final yo siempre lo he tenido muy fácil. Me pareció preciosa, atractiva, pero saber que había una niña de 4 y un niño de 6 en su vida solo me hacía pensar en correr en la dirección opuesta.

Sacarse a Gabriela de la cabeza no es fácil. Así de conocernos en un cumpleaños me llamó dos días después. Se había conseguido mi teléfono y me preguntó si quería ir con ella a una exposición. Me quedé sorprendida por su desparpajo y le dije que sí.

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En la segunda cita nos liamos, me besó ella y se autoinvitó a mi piso. Siempre ha sido directa, va a lo que quiere. Empezamos a enrollarnos con frecuencia, un día me invitó a comer a su casa y estaban los niños. Me besó frente a ellos, yo me sentía algo incómoda. Los niños eran muy lindos pero no era mi ambiente. Comimos, vimos una peli todos juntos y muy bien, pero no imaginaba mi vida así, con tanta gente.

Esa misma tarde le dije que ella me gustaba mucho pero prefería no mezclar, que estaría bien que nos viéramos las dos pero los niños eran otra cosa. «Imposible, este es el paquete completo. O lo tomas o lo dejas», me dijo.

Me sentí herida en mi amor propio y le dije que lo dejaba. Fue una tontería porque la echaba de menos. Como teníamos amigas en común coincidimos un mes después en un cumpleaños en una casa rural. Ella fue con los niños.

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Fue doloroso verla, sentir que me gustaba tanto pero que no había nada que hacer. Yo no quería el paquete completo. Ese fin de semana hablamos y decidimos ser amigas, teníamos mucho en común y nos llevábamos bien.

Empezamos a quedar como amigas, a veces se traía a los niños, a veces solo las dos. Empecé a conocer mejor a los pequeñajos y a cogerles cariño. Nuestra relación se volvió muy cercana, pero yo seguía con mis límites emocionales.

Hasta el día que todo cambió. El día que me contó que tenía una cita, que llevaba tiempo hablando con una chica por internet, la chica tenia un niño, y bueno, se entendían. Yo, que jamás me he considerado celosa, sentí que se me partía el corazón.

Tienes que ser madura, consecuente y bla bla me repetía en mi cabeza. Pero lo cierto es que me dolía mucho. Realmente sentía por Gabriela mucho más de lo que yo me permitía ver.

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Me puse en modo reconquista, le dije que quería intentarlo y todas esas cosas de película romántica. ¿Conclusión? 18 meses después de ese día seguimos juntas. Yo la quiero con locura y estoy enamorada de los niños.

Yo, que no quería hijos, voy al parque con bici y monopatín, conduzco un monovolumen donde las sillas de los niños van mucho mejor, tengo la app de Disney en el móvil y me siento completamente feliz con este paquete completo que la vida me ha traído.

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¡Ya está aquí nuestro bebé! ¿Qué trámites debemos hacer?

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tramites recien nacido

Marina ya está aquí. Después de cuatro tratamientos de reproducción asistida fallidos, por fin podemos abrazar a nuestra pequeña que tanto nos ha costado.

Estamos embobadas pero también muy cansadas, locas de amor y a la vez con ganas de dormir cuatro horas seguidas. Un bebé trae tantas cosas a la vida, y una de ellas, la más aburrida, es el papeleo.

¿Qué papeleos hay que hacer cuando nace un bebé? Nosotras no lo hicimos, lo dejamos en manos de una encantadora pareja de chicas, responsables de GestionaBebés, que aquí nos lo cuentan:

«En muchas ocasiones se han acercado papás y mamás a nuestra gestoría envueltos en la locura de traer un hijo o una hija al mundo y además hacerse cargo del papeleo que supone un recién nacido. Por ello hemos creado una sección especial para resolver dudas al respecto: ¡Atención mamás y papás! Somos GestionaBebés! y queremos dar la bienvenida a vuestro nuevo miembro en la familia al fascinante, y cómo no, ¡aburrido universo administrativo!

Lo primero que nos preguntamos cuando nos dan el alta hospitalaria es ¿qué hay que hacer ahora?, ¿ya viene nuestro bebé con pediatra incluido como el mando con la TV? o ¿es verdad que al bebé lo empadronan automáticamente? Pues como en todo, hay que iniciar trámites y es determinante saber por cuáles empezamos.

Nosotras te explicaremos brevemente los básicos, los primordiales:

1.Cuando ya podemos volver a casa con nuestro peque, junto con el documento de alta hospitalaria, nos facilitarán el informe médico firmado por el profesional que nos ha asistido en el parto y la declaración por nacimiento y, además, habrá que asegurarse de si podremos promover la inscripción de nacimiento desde el hospital en el Registro Civil, que será lo más fácil:

●     si desde el hospital no han tramitado la inscripción del nacimiento o no os lo han ofrecido, es porque no todos tienen la comunicación telemática con el Registro Civil. En este caso, habrá que hacerlo personalmente.

●     O, si es posible hacer dicha inscripción en el Registro Civil desde el hospital, este paso ya lo tendréis solucionado.

2.A continuación, vendría el alta de afiliación de la Seguridad Social, trámite que se puede hacer presencialmente en los centros de la Seguridad Social con cita previa, por Internet (si se tiene firma electrónica, DNI-e o Cl@ve Permanente) o enviando la documentación pertinente por correo postal. Aprovechando que estamos haciendo los trámites con la Seguridad Social, ya tramitaremos también la prestación por maternidad/paternidad (no confundirla con la ayuda por hijo a cargo la cual fue sustituida por el Ingreso Mínimo Vital desde el 1 de Junio de 2020).

3.Finalmente, habría que solicitar el alta de empadronamiento que, en casos de nacimiento, el Registro Civil comunica de oficio los datos del recién nacido al domicilio del ayuntamiento respectivo. No obstante, como dice el dicho popular “las cosas de palacio van despacio”, te recomendamos fervientemente que lo hagáis por vuestra cuenta para que el bebé esté empadronado en la mayor brevedad posible porque, si bien tendréis al bebé perfectamente afiliado en la Seguridad Social, hay Comunidades Autónomas que para asignar pediatra y tarjeta sanitaria, es necesario aportar el certificado de padrón (ej: Madrid) o pedir el reconocimiento de Familia Numerosa y sus respectivas ayudas, etc.

Como podéis ver, mamás y papás, al final todos los trámites tienen su correlación y unos no prosperan sin haber hecho los pasos previos. Comprendemos vuestra situación y para aliviar vuestra carga de trabajo para que solo os dediquéis a vuestro retoño, a los otros hijos que tengáis, en definitiva, a vuestra vida doméstica en general, podéis contactar con nuestro equipo pinchando aquí.

¡Déjanos el papelo de tu bebé y disfruta de tu tiempo con él/ella o aprovecha para dormir! ;).

Equipo Gestiona2Go!

Me enamoré de la novia de mi cuñado. Esta es mi historia de amor

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historia de amor lésbica me enamoré de mi cuñada

Cuando Lisa y yo nos conocimos ella y yo teníamos novio. Y nuestros novios eran dos hermanos.

Yo llevaba un año con el mío cuando Lisa apareció en mi vida. Era una chica inglesa preciosa que el hermano pequeño de mi novio había conocido en su erasmus. Durante unos meses Lisa estuvo yendo y viniendo, hasta que enamorada de España y de nuestro maravilloso clima, buscó un trabajo y se quedó a vivir una temporada.

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En ese tiempo éramos las dos muy jovencitas. Yo tenía 21 y ella 23. Salíamos mucho de fiesta juntos y nos emborrachábamos, no teníamos límites. En una de estas salidas Lisa y yo fuimos al baño porque yo me sentía mal. Ella me llevaba cogida, yo estaba mareada. Me mojó la cara, nos reímos a carcajadas de nada en especial, y así, de forma natural, me besó.

Yo me quedé atónita. Era la primera vez que recibía un beso de una mujer. Fue un beso juguetón, bonito, sensual. Pero me sentí extremadamente culpable, me sentía infiel, y sobre todo porque durante varias semanas lo evocaba antes de dormir, sintiendo una gran excitación.

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La segunda vez que nos besamos fue delante de nuestros novios. Haciendo el tonto, borrachas, ellos se rieron, porque creo que les parecía que lo hacíamos para excitarlos a ellos, no porque nos gustáramos. Para ellos era inofensivo, pero vamos, yo ardía en llamas con Lisa en mi boca.

Al tiempo Lisa decidió volver a su país y meses después mi chico y yo lo dejamos. Con los años decidí explorar mi bisexualidad y salí con chicas y chicos, pero a los 27 me sentí menos bisexual y más lesbiana. Los hombres no me apetecían y siguen sin apetecerme, comencé a tener relaciones y sexo solo con mujeres.

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Hace tres años saliendo con amigas por Chueca me encontré con Lisa. ¡Fue genial! Estaba realmente despampanante. Me contó que vivía en Madrid desde hace unas semanas y estaba conociendo gente. Yo estaba recién empezando una relación con una chica, la presenté a mis amigas y decidimos quedar.

Con este reencuentro nos hicimos muy amigas. Una noche de fiesta se lió con una de mis amigas y yo sentí que moría de celos. Hasta le monté un pollo, vamos. Al día siguiente me disculpé diciendo que había bebido pero la verdad es que me di cuenta de que Lisa siempre había sido un sueño erótico para mi y que me gustaba.

Las cosas no fluyeron entre la chica con la que estaba saliendo así que se terminó días después. Por fin Lisa y yo nos encontrábamos solteras, y ya podéis imaginar. Saltaron chispas.

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Lisa, esa preciosa chica inglesa que conocí como mi cuñada, es actualmente mi esposa y la mujer que me hace feliz. Tenemos un gato y estamos estamos embarazadas desde hace 13 semanas de nuestro hijo. Una historia de amor inesperada y muy especial que para mi ha sido de película.

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Oh Mami Blue: «Los genes no convierten a nadie en hijo o en madre»

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oh mami blue habla de la genética y la maternidad lésbica

A diferencia de la mayoría de parejas heterosexuales, las mamás lesbianas en pareja no podemos compartir ambas genética con todos nuestros hijos. Hay parejas que tienen dos hijos, gestando cada una uno de sus hijos, o donde solo una de ellas gesta al o los hijos.

Hay mujeres a las que les importa y otras a las que no. También son muchas las mujeres, lesbianas y heterosexuales, que no pueden embarazarse con sus propios óvulos, y necesitan recurrir a la ovodonación, por lo que tampoco hay un lazo genético.

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¿Es esto importante? Para algunas mamás sí, para otras no. Lo que sí es seguro es que no necesitamos un lazo genético para volvernos locas de amor por nuestros hijos.

Oh Mami Blue, la familia de dos madres que es influencer en Instagram, con 400 mil seguidores, ha publicado una reflexión que creemos muy importante. Vero gestó a Alex, el hijo de 4 años que tiene junto a Jana. El óvulo era de Jana, fueron mamás a través del método ropa. Vero, que no comparte genética con Álex, escribe esto junto a una preciosa imagen:

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«Lo que hay de mi en ti, va mucho más allá de la genética.

🌿Lo que más me gusta de mi, no tiene nada que ver con los genes que tengo, a veces me veo pelando patatas como mi abuela, quitándome las migas frotando los dedos como mi madre después de comer un trozo de pan, o utilizando expresiones o refranes de mi padre, nada de eso sería así si no les hubiese conocido, y sin duda esas son las cosas que más me gustan de mi, las de haber observado a mi familia y ser espejo, esas son de verdad mis raíces.

🌿Cuando escucho a personas decir esta frase, “me gustaría tener un hijo mío, un hijo con mi genética” , me da un escalofrío, no sé cuál es el motivo de ese apego a los genes de uno mismo.

🌿Realmente siempre quise Tener un hijo, o una hija, una persona a la que cuidar, no un clon, son muchas las veces que me he planteado una adopción, porque para mi la maternidad es amor sin posesión, es apego con Libertad, y es dar sin esperar.

🌿Los genes no convierten a nadie en hijo, ni en madre, ni en padre.

🌿Pensar que sin ser mío, siendo libre, siendo tuyo, lo eres todo para mi.
🌿Gracias por todas las lecciones de amor que me das.

 

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Anoche antes de dormir escribí esto. 🌿Lo que hay de mi en ti, va mucho más allá de la genética. 🌿Lo que más me gusta de mi, no tiene nada que ver con los genes que tengo, a veces me veo pelando patatas como mi abuela, quitándome las migas frotando los dedos como mi madre después de comer un trozo de pan, o utilizando expresiones o refranes de mi padre, nada de eso sería así si no les hubiese conocido, y sin duda esas son las cosas que más me gustan de mi, las de haber observado a mi familia y ser espejo, esas son de verdad mis raíces. 🌿Cuando escucho a personas decir esta frase, “me gustaría tener un hijo mío, un hijo con mi genética” , me da un escalofrío, no sé cuál es el motivo de ese apego a los genes de uno mismo. 🌿Realmente siempre quise Tener un hijo, o una hija, una persona a la que cuidar, no un clon, son muchas las veces que me he planteado una adopción, porque para mi la maternidad es amor sin posesión, es apego con Libertad, y es dar sin esperar. 🌿Los genes no convierten a nadie en hijo, ni en madre, ni en padre. 🌿Pensar que sin ser mío, siendo libre, siendo tuyo, lo eres todo para mi. 🌿Gracias por todas las lecciones de amor que me das. 🌿Foto hecha durante el confinamiento🌿

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