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El Tribunal Europeo de Derechos Humanos condena a Polonia por negar la existencia legal del hijo de una pareja de mujeres

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Family at home. Grandmother with daughter and granddaughter. Women in a white sweaters.

¿Qué ocurre cuando un niño existe para un país, pero no para otro? Esa es la situación a la que se enfrentan todavía muchas familias lesbomarentales en Europa. Aunque pueda parecer difícil de creer, cruzar una frontera puede significar que un menor deje de ser reconocido legalmente como hijo de sus dos madres.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) acaba de volver a recordar que esa situación vulnera los derechos fundamentales de los menores y de sus familias. En una sentencia hecha pública este mes, el tribunal ha condenado a Polonia por negarse a inscribir el certificado de nacimiento de un niño nacido en el extranjero de una pareja de mujeres.

Un niño reconocido en un país, pero no en otro

El caso afecta a una pareja de mujeres cuyo hijo nació legalmente en Reino Unido donde ambas figuraban como madres en el certificado de nacimiento. Sin embargo, cuando solicitaron la inscripción del nacimiento en Polonia, las autoridades se negaron porque el documento incluía a dos madres.

La consecuencia iba mucho más allá de una cuestión administrativa. Sin esa inscripción, el menor encontraba dificultades para ejercer derechos básicos relacionados con su identidad jurídica y su vida cotidiana.

El TEDH concluyó que esa negativa vulnera el derecho al respeto de la vida privada y familiar protegido por el artículo 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos. El tribunal recordó que los Estados deben garantizar que los niños no queden atrapados en un vacío legal por la orientación sexual de sus progenitores.

No es un caso aislado

La sentencia llega en un contexto especialmente relevante para Polonia. En los últimos años, el TEDH ya ha condenado al país en varias ocasiones por la falta de reconocimiento jurídico de las parejas del mismo sexo y de sus familias.

En 2023, el tribunal declaró que Polonia incumplía el Convenio Europeo al no ofrecer ningún tipo de reconocimiento legal a las parejas del mismo sexo. Posteriormente, también consideró contrario a los derechos humanos negarse a reconocer matrimonios entre personas del mismo sexo celebrados en otros países europeos.

La nueva resolución continúa esa misma línea: aunque cada Estado tenga competencias para regular su derecho de familia, el interés superior del menor debe prevalecer cuando se trata de reconocer su identidad y sus vínculos familiares.

Una realidad que también viven otras familias

Para muchas madres lesbianas, estas noticias no son simples debates jurídicos. Hablan de cuestiones tan cotidianas como poder viajar, solicitar un documento de identidad, matricular a un hijo en un colegio o acudir al médico sin tener que demostrar constantemente quiénes son.

En los últimos años, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos han ido construyendo una jurisprudencia cada vez más sólida para proteger a los menores nacidos en familias homoparentales. La idea es sencilla: los derechos de un niño no deberían desaparecer al cruzar una frontera dentro de Europa.

Europa avanza… pero no al mismo ritmo

Mientras países como España reconocen plenamente la filiación de los hijos de matrimonios de dos mujeres desde hace años, otros Estados europeos siguen poniendo obstáculos legales a estas familias.

Eso provoca situaciones paradójicas: un niño puede ser hijo legal de dos madres en un país, pero dejar de serlo cuando su familia viaja o se traslada a otro Estado miembro.

Por eso, organizaciones de derechos humanos llevan tiempo reclamando un reconocimiento mutuo de la filiación en toda Europa que garantice la continuidad de los derechos de los menores con independencia del país en el que se encuentren.

Lo que realmente protege esta sentencia

La resolución del TEDH no trata únicamente sobre certificados de nacimiento. Habla del derecho de un niño a que su familia sea reconocida.

Porque ningún menor debería tener que demostrar una y otra vez quiénes son sus madres. Ni ninguna familia debería ver cuestionada su existencia por cambiar de país.

Cada nueva sentencia en este sentido supone un paso más hacia una Europa en la que los derechos de los niños dependan de quiénes son… y no de a quiénes aman sus madres.

¿Qué es el método ROPA y cómo funciona?

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Qué es el método ropa
Qué es el método ropa

Hay decisiones en la vida que se sienten en el pecho. Y formar una familia, sin duda, es una de ellas. Para muchas parejas de mujeres, el deseo de ser madres no es solo individual, es compartido, tejido entre dos. Y ahí es donde el método ROPA aparece como algo más que una técnica: como una forma de construir vida juntas.

En la Clínica CRA Barcelona, considerada la clínica lesfriendly por excelencia en Barcelona, entienden muy bien este deseo. Porque no es solo un tratamiento médico, es un proceso emocional, una historia que empieza mucho antes del positivo.

¿Qué es exactamente el método ROPA?

ROPA significa Recepción de Óvulos de la Pareja, y está pensado específicamente para parejas de mujeres. Lo que lo hace tan especial es que ambas participan activamente en el proceso:

  • Una aporta los óvulos
  • La otra gesta el embarazo

Es decir, una pone la carga genética y la otra el cuerpo que va a sostener y hacer crecer esa vida. Dos formas distintas, pero igual de profundas, de ser madre.

¿Cómo funciona?

Aunque suene complejo, el proceso es bastante claro cuando te lo explican bien (y eso en la Clínica CRA Barcelona lo hacen especialmente fácil):

Primero, una de las dos se somete a una estimulación ovárica suave para generar varios óvulos. Después, mediante una pequeña intervención, se extraen. Esos óvulos se fecundan en laboratorio con semen de donante y, una vez creado el embrión, se transfiere al útero de la otra mujer.

Y ahí empieza todo.

La espera, los nervios, la ilusión. Ese momento en el que todo puede cambiar.

¿Por qué elegir el método ROPA?

Más allá de lo médico, hay algo emocional que lo atraviesa todo. El método ROPA permite vivir la maternidad desde un lugar profundamente compartido. No es “una es embaraza y la otra acompaña”. No. Las dos son protagonistas desde el inicio.

Además:

  • Tiene altas tasas de éxito
  • Refuerza el vínculo de pareja
  • Permite una experiencia única y muy significativa

Lo importante

No hay una única forma de ser familia. Pero cuando puedes construirla desde un “nosotras” tan real, tan físico y tan emocional, algo se transforma.

El método ROPA no es solo una opción. Para muchas, es la forma en la que siempre imaginaron ser madres: juntas.

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¿Qué pasa cuando llevamos el Orgullo a las aulas? La charla que habría cambiado mi vida.

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¿Qué pasa cuando llevamos el Orgullo a las aulas? La charla que habría cambiado mi vida.
¿Qué pasa cuando llevamos el Orgullo a las aulas? La charla que habría cambiado mi vida.

¿Cómo hubiera sido mi vida si hace más de treinta años, cuando estaba en el colegio, tres mujeres lesbianas adultas se hubieran puesto delante de mi clase para hablarnos de amor, diversidad e igualdad?

Seguramente estaría justo donde estoy ahora, solo que el camino para llegar hasta aquí habría sido mucho más corto y mucho más recto. Seguramente habría sabido poner nombre antes a eso que me pasaba y que me hacía sentir diferente. Lo más probable es que no hubiera dado tantas vueltas, que no hubiera pensado durante tanto tiempo que la palabra lesbiana era un insulto y que habría entendido mucho antes que no había nada malo en mí.

No es posible vivir una vida diferente a la que hemos vivido, pero sí podemos resignificar el camino recorrido. Hubo algo profundamente emocionante —e incluso sanador— cuando me puse delante de las clases del colegio en el que estudian mis hijos para hablar sobre la importancia de ser quienes somos, de amar a quienes queremos amar.

Fue igual de emocionante ver a otras madres del colegio, también lesbianas, contar con absoluta naturalidad que estaban casadas con otras mujeres y que sus hijas formaban parte de esa misma comunidad educativa. Sin explicaciones. Sin disculpas. Simplemente estando.

Mis hijos estudian en un colegio público de Madrid. Uno está en Primaria y el otro en Infantil. No tienen dos mamás; tienen una. Una madre soltera, lesbiana y feminista.

Tenemos la enorme suerte de contar con una dirección y un profesorado que acogieron con entusiasmo nuestra propuesta de celebrar el Mes del Orgullo en el colegio. Queríamos explicar a los niños qué es el Orgullo, por qué existe, qué derechos hubo que conquistar y cómo España se convirtió, en 2005, en el tercer país del mundo en aprobar el matrimonio igualitario, permitiendo que familias como las nuestras existieran también ante la ley.

Con los más pequeños hablamos de diversidad familiar a través de los cuentos. Con los mayores, del Orgullo de ser quienes somos, del respeto y de la libertad de amar. Después llegó el momento de dibujar, escribir y hacer preguntas.

Y entonces pasó algo precioso.

Descubrimos a niños profundamente sensibles a la diversidad. Niños de culturas, religiones y realidades muy distintas que comprendían con una naturalidad admirable que, si en algunos países dos hombres o dos mujeres no pueden quererse libremente, eso no es justo. Niños que entendían que la igualdad hace mejor una sociedad. Que el respeto no le quita nada a nadie y se lo da todo a quien durante mucho tiempo no lo tuvo.

Mientras veía sus dibujos y leía los cuentos que habían escrito, no podía dejar de hacerme la misma pregunta con la que había empezado el día.

¿Cómo hubiera sido mi vida?

¿Cómo habría sido la vida de tantas mujeres lesbianas que conozco si alguien hubiera entrado en nuestras aulas para decirnos, simplemente, que existíamos? ¿Que podíamos enamorarnos de otra mujer? ¿Que podíamos casarnos? ¿Que incluso podíamos formar una familia?

Quizá hoy seríamos las mismas.

Pero seguramente habríamos tardado menos en encontrarnos.

Y entonces entendí que aquella charla no era solo para ellos.

También era para la niña que fui yo.

Ser madre lesbiana en México: visibilidad, prejuicios y el derecho a existir sin dar explicaciones

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Madres lesbianas en Mexico
Madres lesbianas en Mexico

«Hola, aquí existimos.»

Con esa frase tan sencilla, la creadora de contenido mexicana Selma resume algo que todavía sigue siendo necesario en muchos lugares: recordar que las madres lesbianas existen. Que forman familias. Que crían, educan, llevan a sus hijos al colegio, acuden al pediatra, hacen tareas, ponen límites y llegan agotadas al final del día exactamente igual que cualquier otra madre.

En una reciente entrevista concedida a Infobae, Selma reflexiona sobre lo que significa ser madre lesbiana en México y sobre cómo la visibilidad puede convertirse en una herramienta de apoyo para otras mujeres que están atravesando procesos similares.

Su historia rompe además uno de los estereotipos más persistentes sobre las lesbianas que son madres. Su hija nació durante una relación heterosexual anterior, algo que todavía genera preguntas y comentarios que ponen en duda su orientación sexual. “Piensan que porque ya tienes hijos ya no eres lesbiana. Luego puede entrar este miedo de que chin, ya entonces ni no voy a estar con otra mujer, las otras lesbianas me van a juzgar, van a pensar que no soy 100% lesbiana, soy lo suficientemente lesbiana porque no soy porque esto son cosas pues como cuestiones de de antes o estereotipos que se nos ponían a las lesbianas antes”.

«Solo se hizo lesbiana porque odia a los hombres o porque tuvo una mala experiencia», cuenta que le dicen con frecuencia. Son prejuicios que muchas mujeres lesbianas conocen bien y que parten de una idea equivocada: pensar que la orientación sexual es incompatible con los procesos de autodescubrimiento que pueden darse en cualquier momento de la vida.

«A la sociedad en general se le dificulta comprender la parte del proceso de autodescubrimiento», explica Selma. «Aparte de ser mamá, sigo siendo una mujer, un ser humano que sigue aprendiendo, que sigue descubriéndose». Según ella, maternidad e identidad no son experiencias separadas, sino aspectos que conviven y se entrelazan en la vida cotidiana.

La maternidad lésbica en un país que sigue cambiando

La situación de las familias formadas por dos madres en México ha experimentado avances importantes durante la última década. El matrimonio igualitario es legal en todo el país y cada vez más parejas de mujeres acceden al reconocimiento legal de sus relaciones. Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) muestran que las mujeres protagonizan la mayoría de los matrimonios igualitarios registrados en México. En 2023 se contabilizaron 6.606 matrimonios entre personas del mismo sexo, de los cuales 3.964 correspondieron a parejas de mujeres.

Sin embargo, la igualdad legal no siempre se traduce en igualdad real.

Diversos colectivos mexicanos llevan años denunciando obstáculos administrativos, dificultades para el reconocimiento de las familias homoparentales y situaciones de discriminación que continúan produciéndose en ámbitos tan cotidianos como las escuelas, los hospitales o los juzgados. Incluso en procesos relacionados con la custodia o la patria potestad, muchas mujeres siguen encontrándose con instituciones que parten de modelos familiares tradicionales.

Precisamente sobre esto habla Selma en la entrevista. Explica que en muchos trámites legales todavía existe la presunción de que una mujer acabará formando pareja con un hombre o que la estructura familiar de referencia es necesariamente heterosexual.

«Si el sistema ya beneficia a los hombres, venir yo como mamá a pelear esto y además tener que discutir que soy lesbiana es como ponerme a la defensiva», afirma.

Ese temor no es infundado. Numerosos estudios sobre diversidad familiar muestran que muchas madres lesbianas siguen valorando cuidadosamente cuándo, dónde y ante quién visibilizar su orientación sexual, especialmente cuando sienten que podría influir en decisiones relacionadas con sus hijos.

La importancia de verse reflejada

Uno de los aspectos más interesantes de la conversación con Selma es cómo describe el efecto que tiene la representación.

A través de sus redes sociales recibe mensajes de mujeres que están cuestionándose su orientación sexual, algunas de ellas casadas, con hijos o inmersas en procesos de separación. Mujeres que nunca habían visto reflejada su realidad y que encuentran en testimonios como el suyo una posibilidad que hasta entonces parecía inexistente.

«Escuché tu historia, me siento identificada contigo», le escriben algunas seguidoras.

No es un detalle menor. Durante décadas, la representación de las familias lesbianas en México fue prácticamente inexistente en los medios de comunicación. Cuando aparecían, solían hacerlo asociadas al conflicto, al escándalo o a debates políticos. Ver a una mujer lesbiana hablando de deberes escolares, conciliación o crianza sigue siendo, en muchos espacios, algo relativamente nuevo.

Y ahí está precisamente el valor de esa visibilidad.

No porque las madres lesbianas tengan que justificar quiénes son.

No porque deban dar explicaciones sobre cómo forman sus familias.

Sino porque cuando una realidad se muestra con normalidad, deja de parecer excepcional.

Como señala Selma, la visibilidad no consiste en explicar constantemente la propia existencia. Consiste en poder decir simplemente: «Aquí estamos».

Y, para muchas madres lesbianas mexicanas, esa sigue siendo una forma de activismo tan cotidiana como necesaria.

Enamorarte de una madre (cuando jamás imaginaste que lo harías) y acabar enamorada de los hijos

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me enamoré de una madre de dos hijos
me enamoré de una madre de dos hijos

Raquel tiene 37 años. Hace siete meses conoció a Isa, de 44, y desde entonces su vida se ha llenado de cosas que nunca había imaginado. No porque sea su primera relación con una mujer, sino porque es la primera vez que se enamora de alguien que ya venía con una familia incorporada: una niña de cinco años, un pequeño de veinte meses, mochilas del colegio, dibujos pegados en la nevera, cuentos antes de dormir y una agenda que gira alrededor de horarios que no siempre entiende.

«Yo venía de relaciones donde todo era mucho más sencillo de organizar. Si queríamos cenar un miércoles, cenábamos. Si nos apetecía escaparnos un fin de semana, nos íbamos. Ahora descubres que hay cumpleaños infantiles, mocos, pediatras y niños que deciden despertarse a las seis de la mañana un domingo», cuenta entre risas.

Y, sin embargo, está feliz.


Si me hubieran preguntado hace un año si me veía compartiendo mi vida con una mujer divorciada y dos hijos pequeños, habría dicho que no. No porque tuviera nada en contra, simplemente porque nunca me había pasado. Mi experiencia sentimental siempre había sido muy distinta. Éramos dos personas, nuestros horarios, nuestros planes y nuestras prioridades.

Ahora no.

Ahora he descubierto que cuando te enamoras de una madre, te enamoras también de su realidad. Y su realidad tiene nombre, tiene horarios de colegio, tiene meriendas, tiene cuentos repetidos veinte veces seguidas y tiene un niño pequeño que puede convertir una tarde tranquila en una aventura imprevisible.

Lo que más me sorprendió al principio fue encontrar mi lugar. Nadie te da un manual. No eres una amiga, pero tampoco eres una madre. No llegas para sustituir a nadie ni para ocupar un espacio que ya existe. Aprendes poco a poco a estar, a acompañar y a construir una relación propia con esos niños.

Recuerdo que una de las primeras veces que la niña me pidió que le leyera un cuento me hizo una ilusión enorme. Seguramente para ella era algo completamente normal, pero para mí fue uno de esos momentos en los que sentí que empezaba a formar parte de su mundo.

No todo es idílico, claro. Hay cosas que cuestan.

Cuesta entender que muchas veces no eres la prioridad número uno. Y es lógico que no lo seas. Si uno de los niños está malo, los planes cambian. Si hay una reunión del colegio, una función o una noche complicada, todo gira alrededor de eso. Al principio me sorprendía. Ahora lo entiendo perfectamente.

También he aprendido a convivir con la falta de espontaneidad. Antes podíamos decidir cualquier cosa sobre la marcha. Ahora hay que coordinar horarios, custodias, siestas, mochilas y media vida. Hay días en los que organizar una cena parece una operación militar.

Pero, curiosamente, las cosas más bonitas han aparecido donde menos las esperaba. No han sido los viajes ni las cenas románticas. Han sido los desayunos, cafés, legos, un poco de las guerreras K-pop, bajar al parque aunque odies el parque, sacar las ceras y hacer dibujos, ver cómo empiezas a salir en los dibujos de familia (momento emocionante como pocos), el enano riéndose de mi manera de hacer el tonto, que te hagan preguntas trascendentales, o que veces prefieran tus brazos que los de mamá, increíble.

He descubierto que la felicidad también puede parecerse a eso.

A una cocina llena de ruido.

A una película infantil que no habría visto jamás por voluntad propia.

Hay algo muy especial en que una persona te abra la puerta de su vida cuando esa vida incluye hijos. Porque no solo te está enseñando quién es ella. Te está enseñando lo más importante que tiene. Y yo, a mi chica, la admiro, admiro cómo es con sus hijos y cómo me abre espacio en su vida, haciéndome sentir querida y especial.

Y eso genera una responsabilidad diferente, pero también una intimidad muy profunda.

No soy la madre de esos niños. Tienen a su madre y no pretendo ocupar otro papel. Pero sí siento que, poco a poco, me he convertido en alguien importante para ellos y ellos para mí.

Y quizá eso es lo que más me emociona de esta historia.

Porque llegué pensando que estaba empezando una relación.

Y me encontré entrando en una familia.

Cuentos para el mes del Orgullo: lecturas infantiles para hablar de amor, familias y diversidad antes de dormir

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Cuentos para el mes del Orgullo: lecturas infantiles para hablar de amor, familias y diversidad antes de dormir
Cuentos para el mes del Orgullo: lecturas infantiles para hablar de amor, familias y diversidad antes de dormir

Hay algo muy bonito en leer con nuestros hijos antes de dormir. Ese momento en el que el día baja el ritmo, se apagan las prisas y aparece el espacio para las preguntas, las risas o las conversaciones inesperadas.

El mes del Orgullo es una oportunidad perfecta para llenar las estanterías de historias donde existan familias como las nuestras. Cuentos con niños diferentes, princesas que no esperan príncipes o personajes que descubren que el amor y la identidad tienen muchas formas. Porque la diversidad no se aprende con grandes discursos; muchas veces empieza en un cuento leído en pijama.

Aquí tienes una selección de libros infantiles que se encuentran fácilmente en España y que funcionan muy bien organizados por edades.


De 2 a 3 años: Cuentos sencillos para nombrar la diversidad

A estas edades los niños no buscan grandes explicaciones teóricas. Lo importante es la repetición, las imágenes y normalizar que existen muchos tipos de hogares.

  • El gran libro de las familias (Mary Hoffman y Ros Asquith)
    Un clásico imprescindible. Muestra realidades muy diferentes de forma cotidiana: familias grandes, pequeñas, monoparentales, adoptivas, con dos mamás, con dos papás o con abuelos cuidadores. Su gran acierto es que no convierte la diversidad en «el tema» del libro, sino en una parte natural del mundo.
  • Pequeño azul y pequeño amarillo (Leo Lionni)
    Aunque no es un libro explícitamente LGTB, es una obra de arte para hablar de identidad, diferencias, fusión y afecto desde la primera infancia. Visualmente es una delicia que fascina a los más pequeños a través de los colores.
  • Familias (Oh! Mami Blue)
    Un álbum muy visual, rimado y delicado. Es perfecto para empezar a poner palabras a los distintos modelos familiares que los niños ya empiezan a ver en el parque, en el colegio o en su propia casa.

De 4 a 6 años: Cuando empiezan las preguntas

A partir de los 4 años, los niños empiezan a comparar su entorno y a preguntar más directamente sobre las relaciones, los roles de género o el origen de sus amigos.

  • Tengo una tía que no es monjita (Melissa Cardoza)
    Una historia tierna e ingeniosa narrada por una niña de ocho años. Al ver que su tía favorita no está casada ni tiene hijos, piensa que podría ser monja, pero pronto descubre con total naturalidad que lo que tiene es una novia. Un relato libre de dramas y lleno de humor.
  • Las cosas que le gustan a Fran (Berta Piñán y Antonia Santolaya)
    Un libro estupendo para desmontar prejuicios sobre las estructuras familiares tradicionales. A través de la complicidad de una niña pequeña, conocemos las aficiones que comparte con la pareja de su madre, «Fran». El cuento esconde un giro final muy bonito que normaliza la diversidad lesbomarental.
  • Rey y Rey (Linda de Haan y Stern Nijland)
    Uno de los grandes referentes de la literatura infantil LGTB. Utiliza la estructura clásica del cuento de hadas donde una reina busca esposa para su hijo, pero rompe el final esperado cuando el príncipe rechaza a las candidatas y se enamora del hermano de una de ellas.

De 6 a 8 años: Conversaciones más profundas

A estas edades ya aparecen preguntas más complejas sobre la identidad, la expresión de género o los estereotipos sociales. Los libros se convierten aquí en un puente maravilloso para acompañar esos debates.

  • Julián es una sirena (Jessica Love)
    Un álbum ilustrado bellísimo que rebosa sensibilidad. Habla de la expresión de género, la imaginación y la aceptación incondicional por parte de una abuela. Permite hablar de libertad y de ser uno mismo sin necesidad de encasillarse en etiquetas complejas.
  • Federico y sus familias (Mili Hernández)
    Un libro muy querido dentro del catálogo de la editorial Egales y especialmente por las familias homoparentales en España. Presenta la diversidad familiar a través de los ojos de un gato que visita a sus vecinos, logrando que los niños encuentren una representación muy cercana.
  • Yo soy Jazz (Jessica Herthel y Jazz Jennings)
    Basado en la historia real de la activista Jazz Jennings. Explica de manera muy sencilla y accesible para el público infantil qué significa ser una niña trans. Es una herramienta magnífica para introducir conceptos de identidad, respeto y empatía desde edades tempranas.

Leer también es un acto de representación

Muchas madres lesbianas y familias diversas recuerdan haber crecido sin un solo cuento donde apareciera alguien como ellas. Sin dos mamás. Sin niñas que rompieran las normas de género. Sin diversidad afectiva en las páginas.

Por eso importa tanto llenar ahora las bibliotecas infantiles de historias diferentes. No para dar lecciones morales ni para justificar constantemente la existencia de nuestras familias. Simplemente para que nuestros hijos crezcan sabiendo que existen infinitas maneras de amar, de vivir y de construir un hogar.

Beanie Feldstein y Bonnie-Chance Roberts esperan su primer bebé: la historia de amor de una pareja que pronto será familia

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Beanie Feldstein y Bonnie-Chance Roberts esperan su primer bebé: la historia de amor de una pareja que pronto será familia
Beanie Feldstein y Bonnie-Chance Roberts esperan su primer bebé: la historia de amor de una pareja que pronto será familia

Las actrices, deportistas y cantantes suelen ocupar muchos titulares en Madres Lesbianas, pero esta vez la protagonista es una mujer que quizá algunas lectoras reconozcan por películas como Lady Bird, Booksmart o la serie American Crime Story: Impeachment. Se trata de Beanie Feldstein, que acaba de anunciar que espera su primer hijo junto a su esposa, Bonnie-Chance Roberts.

La noticia llegó a través de una publicación compartida por ambas en redes sociales. Con humor, anunciaron la llegada de un “Beanie Baby”, un juego de palabras entre el apodo de la actriz y los famosos peluches que fueron un fenómeno en los años noventa.

Pero más allá del anuncio del embarazo, la historia de esta pareja resulta especialmente interesante porque muestra una realidad cada vez más visible: mujeres lesbianas conocidas que hablan de amor, compromiso y proyectos familiares con absoluta naturalidad.

De un rodaje a una vida juntas

Feldstein y Roberts se conocieron trabajando en la película How to Build a Girl. Ella era la protagonista; Bonnie-Chance Roberts formaba parte del equipo de producción. A partir de ahí comenzó una relación que pronto se consolidó.

Roberts nació en Liverpool y ha desarrollado una sólida carrera como productora de cine y televisión. Antes de conocer a Feldstein había trabajado en producciones como Mary Queen of Scots y Bridget Jones’s Baby.

La pareja hizo su primera aparición pública juntas en 2019 y, tres años después, anunciaron su compromiso. Se casaron en mayo de 2023 en una celebración muy personal que tuvo lugar en el estado de Nueva York.

Una boda poco convencional

Uno de los aspectos más comentados de aquella boda fue su voluntad de alejarse de las normas tradicionales.

La ceremonia tuvo temática de campamento de verano, un guiño a la historia familiar de Feldstein, ya que sus padres y sus abuelos se conocieron en campamentos similares. La actriz explicó posteriormente que quería que la celebración reflejara la diversidad de sus amistades y familiares, sin imponer códigos de vestimenta o roles tradicionales de género.

Esa idea de construir una boda a su medida parece haber marcado también su forma de entender la vida en pareja.

Una futura mamá muy conocida en Hollywood

Aunque en España no es un nombre tan popular como otros, Beanie Feldstein se ha convertido en una de las actrices jóvenes más reconocidas de Hollywood.

Su papel protagonista en la película Booksmart le valió una nominación al Globo de Oro, y también ha destacado en Broadway interpretando a Fanny Brice en Funny Girl. Además, dio vida a Monica Lewinsky en American Crime Story: Impeachment, una interpretación muy elogiada por la crítica.

Curiosamente, el anuncio de su embarazo coincidió con el lanzamiento de su primer libro infantil, Teeny and Tilly, una historia sobre amistad y diferencias que la actriz llevaba tiempo preparando.

Una niña en camino

Pocas semanas después de anunciar el embarazo, Feldstein confirmó en televisión que espera una niña. La actriz explicó emocionada que será la primera nieta de la familia y habló de la responsabilidad y la ilusión que siente ante la maternidad.

Todavía no han compartido detalles sobre el proceso mediante el cual han formado su familia ni sobre quién está gestando al bebé, algo que consideran parte de su intimidad. Lo que sí han mostrado públicamente es la alegría de una pareja que lleva años construyendo un proyecto común y que ahora inicia una nueva etapa.

Para muchas mujeres lesbianas, noticias como esta tienen un valor añadido. No porque las celebridades deban servir de modelo, sino porque amplían las imágenes de familia que vemos en los medios. Durante décadas, las historias de amor entre mujeres apenas aparecían en el cine o la prensa. Mucho menos las historias de mujeres lesbianas que se casaban, tenían hijos o hablaban abiertamente de maternidad.

Hoy, cada vez más parejas lo hacen con normalidad. Y Beanie Feldstein y Bonnie-Chance Roberts son las últimas en sumarse a esa lista.

Cara Delevingne: “Quiero formar una familia con mi mujer”

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Cara Delevingne: “Quiero formar una familia con esta mujer”
Cara Delevingne: “Quiero formar una familia con esta mujer”

Durante años, Cara Delevingne evitó definirse con una etiqueta concreta. Habló de sexualidad fluida, se identificó públicamente como pansexual y defendió que se enamoraba de las personas, no de su género. Pero algo ha cambiado.

En una reciente entrevista, la modelo, actriz y cantante británica afirmó sentirse “muy feliz” de decir que es lesbiana y habló abiertamente de su deseo de construir una familia junto a su pareja, la artista musical Minke. “No me veo estando con nadie más por el resto de mi vida, y quiero formar una familia con esta mujer”, declaró.

Para muchas lectoras de Madres Lesbianas, la noticia no está tanto en la etiqueta como en esa otra frase: quiero formar una familia.

Un cambio que habla de representación

Delevingne reconoció que durante años le costó utilizar la palabra “lesbiana” debido a la homofobia interiorizada que arrastraba. Explicó que había algo en ese término que no quería pronunciar ni asumir públicamente, a pesar de haber mantenido relaciones con mujeres durante buena parte de su vida adulta.

También señaló que ver a nuevas generaciones de mujeres lesbianas viviendo su orientación con naturalidad le ayudó a replantearse esa relación con la palabra. Según explicó, la representación y el sentido de comunidad han sido importantes en ese proceso.

No es una experiencia extraña. Muchas mujeres lesbianas crecieron en contextos donde existían referentes gais masculinos, pero apenas había mujeres lesbianas visibles, y mucho menos mujeres lesbianas que hablaran abiertamente de amor, proyectos de vida o maternidad.

De icono de la moda a referente lésbica visible

A sus 33 años, Cara Delevingne es una de las figuras más conocidas de la cultura popular internacional. Su carrera como modelo la convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la moda de la última década, y posteriormente desarrolló una trayectoria como actriz en cine y televisión.

Sin embargo, para muchas mujeres lesbianas, su relevancia va más allá de las pasarelas o las películas.

Durante años ha sido una de las pocas celebridades internacionales que ha hablado públicamente de sus relaciones con mujeres sin convertirlo en una estrategia de marketing ni esconderlo cuando dejaba de ser conveniente. Su visibilidad ha coincidido además con una época en la que las mujeres lesbianas han empezado a ocupar más espacio en el deporte, la música, el cine y las redes sociales.

Hablar de familia también es importante

En los últimos años hemos visto a numerosas mujeres lesbianas conocidas compartir embarazos, procesos de reproducción asistida, maternidades y crianza. Esa visibilidad tiene un impacto real porque ayuda a desmontar una idea que durante mucho tiempo estuvo muy presente: que las mujeres lesbianas podían enamorarse, pero no necesariamente formar familias.

Por eso resulta interesante que Delevingne haya hablado no solo de amor, sino también de futuro.

No anunció un embarazo ni explicó planes concretos. Simplemente expresó algo que millones de personas consideran completamente normal cuando lo dice una pareja heterosexual: que imagina una vida compartida y una familia junto a la persona que ama.

Más referentes para las próximas generaciones

La historia de Cara Delevingne también refleja algo que muchas mujeres lesbianas conocen bien: el camino hacia sentirse cómoda con una identidad no siempre es lineal.

A veces pasa por cambiar de etiquetas. O por abandonarlas. O por recuperarlas años después desde un lugar diferente.

Lo importante es que cada vez hay más mujeres conocidas hablando de ello con naturalidad.

Y cada vez hay más niñas, adolescentes y futuras madres lesbianas creciendo con referentes que les muestran que el amor entre mujeres puede incluir proyectos compartidos, estabilidad, compromiso y también familias.

Porque la visibilidad no consiste únicamente en decir “soy lesbiana”.

A veces también consiste en decir: “quiero construir una familia con la mujer que amo”.

Love Me Tender: maternidad, deseo y castigo social en una de las películas lésbicas más comentadas del año

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love me tender pelicula maternidad lésbica
love me tender pelicula maternidad lésbica

Una mujer deja atrás su vida heterosexual, empieza una relación con otra mujer y, poco después, su exmarido inicia una batalla para apartarla de su hijo.

Así arranca Love Me Tender, la nueva película de la directora francesa Anna Cazenave Cambet, presentada en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes 2025 y protagonizada por Vicky Krieps.

Pero lo interesante de la película no es solo su historia. También lo es todo lo que arrastra detrás.

Porque Love Me Tender está basada en la novela autobiográfica homónima de la escritora francesa Constance Debré, publicada en 2020, un libro que causó muchísimo impacto en Francia por la forma radical, seca y poco complaciente en la que hablaba de maternidad, deseo, divorcio y libertad femenina.

Una historia inspirada en la propia vida de Constance Debré

Constance Debré no era una autora cualquiera cuando publicó Love Me Tender. Provenía de una familia muy conocida de la política y la alta burguesía francesa, había trabajado como abogada y llevaba una vida completamente integrada dentro de la norma heterosexual y familiar tradicional.

Hasta que decidió romper con todo.

Debré dejó su matrimonio, comenzó relaciones con mujeres y empezó a escribir sobre ello de forma extremadamente directa, casi incómoda a veces. En entrevistas y textos ha explicado cómo esa transformación personal afectó también a la relación con su hijo y cómo sintió el peso del juicio social al dejar de encajar en el modelo de “buena madre” esperado.

La película toma esa base autobiográfica y la transforma en la historia de Clémence, interpretada por Vicky Krieps, una mujer que intenta reconstruir su vida mientras el sistema judicial y familiar empieza a cuestionar su capacidad para ser madre.

Una película sobre maternidad más que sobre orientación sexual

Aunque muchas críticas han presentado Love Me Tender como una película lésbica, en realidad gran parte del relato gira alrededor de otra cuestión: quién tiene derecho a ser considerada una “buena madre”.

La protagonista no pierde espacio en la vida de su hijo simplemente porque tenga una relación con una mujer. Lo pierde porque deja de comportarse como se espera de ella.

Deja su antigua vida.
Cambia de trabajo.
Tiene amantes.
Desea libertad.
No actúa como una madre sacrificada y perfecta.

Y la película muestra cómo alrededor de ella empieza a construirse una sospecha constante.

En varias críticas francesas se ha señalado precisamente eso: el film habla de cómo las mujeres siguen siendo juzgadas con mucha más dureza cuando intentan vivir fuera de los roles tradicionales.

Vicky Krieps y un personaje difícil de domesticar

Parte de la fuerza de la película está en la interpretación de Vicky Krieps, actriz luxemburguesa conocida por películas como El hilo invisible o Corsage.

Clémence no es un personaje pensado para caer bien todo el tiempo. A veces resulta distante, contradictoria o incluso egoísta. Pero precisamente ahí está una de las apuestas más interesantes de la película: no intenta convertirla en una madre perfecta para que el espectador empatice con ella.

Anna Cazenave Cambet ha explicado que le interesaba mostrar a una mujer libre, compleja y sexual sin necesidad de justificar constantemente sus decisiones.

Y eso sigue siendo relativamente poco habitual en el cine sobre maternidad.

El peso de la heteronormatividad

Aunque la historia transcurre en Francia, muchas de las cuestiones que plantea resultan reconocibles para muchísimas mujeres lesbianas y madres.

La idea de que una relación con otra mujer puede “desestabilizar” a un hijo.
La sospecha permanente sobre las maternidades no normativas.
La presión por demostrar constantemente que una sigue siendo una madre válida.

En ese sentido, Love Me Tender conecta con debates que llevan años apareciendo también en las familias lesbomarentales: hasta qué punto seguimos teniendo que demostrar que nuestras vidas no dañan a nuestros hijos.

La película no convierte eso en un gran discurso político explícito, pero está presente todo el tiempo.

Del libro al cine

La adaptación cinematográfica mantiene el tono áspero y emocionalmente incómodo de la novela original, aunque con una narrativa más clásica y sentimental en algunos momentos.

Visualmente, la película apuesta por una fotografía luminosa y veraniega que contrasta con la dureza de lo que está contando. Y muchas críticas han destacado precisamente esa mezcla entre sensualidad, fragilidad y violencia emocional.

No parece una película pensada para gustar a todo el mundo.
Ni para ofrecer respuestas fáciles.

Pero sí una de las propuestas más interesantes recientes sobre maternidad, lesbianismo y libertad femenina.

Y quizá también una de las más incómodas. Porque obliga a hacerse una pregunta bastante incómoda:

¿qué ocurre cuando una madre deja de comportarse exactamente como la sociedad espera de ella?

Manualidad del día del padre: «entrégaselo a la tu madre más masculina»

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cuando hay una madre favorita en las familias de dos mamás
cuando hay una madre favorita en las familias de dos mamás

“Yo no tengo papá”.

Con esa frase respondió un chico a su profesora cuando, en el colegio, les pidieron hacer una manualidad para el Día del Padre. La respuesta parecía sencilla. En cualquier escuela inclusiva debería haber bastado para adaptar la actividad o, simplemente, respetar su realidad familiar.

Pero no fue así.

Según relata el joven en un vídeo compartido por su familia en redes sociales, la profesora insistió y le sugirió que entregara el regalo “a la mamá más masculina”.

La anécdota ocurrió en México, pero podría haber sucedido en muchos otros lugares del mundo. Porque detrás de esa frase hay mucho más que un comentario desafortunado: hay una idea profundamente arraigada sobre cómo creemos que deben ser las familias.

Cuando la diversidad familiar se intenta encajar a la fuerza

Una familia de dos madres compartió el video en sus redes con una reflexión que se ha vuelto viral:

“No, en nuestra familia no hay un papá. Hay dos mamás. Y eso es suficiente”.

Parece obvio, pero todavía hoy muchas personas interpretan las familias lesbomarentales a través de una lógica heterosexual. Como si necesariamente tuviera que existir alguien que hiciera de madre y alguien que hiciera de padre.

Es una pregunta que muchas familias conocen bien.

¿Quién es la mamá y quién es el papá? ¿Quién lo gestó?

¿Cuál de las dos es la más masculina?

¿Quién pone las normas y quién cuida?

Son preguntas que parten de la misma idea equivocada: que para criar a un hijo hacen falta obligatoriamente roles masculinos y femeninos diferenciados.

Pero las investigaciones sobre familias homoparentales llevan décadas desmontando ese mito. Lo que influye en el bienestar infantil no es el género de quienes crían, sino la calidad de los vínculos, el afecto, la estabilidad y los recursos familiares. Diversas revisiones científicas realizadas por organismos profesionales como la American Psychological Association concluyen que los hijos e hijas de parejas del mismo sexo presentan niveles de desarrollo emocional, social y académico comparables a los de cualquier otra estructura familiar.

El problema no es la falta de un padre

Cuando un niño o adolescente con dos madres escucha que debe identificar a “la más masculina”, el mensaje implícito es que su familia está incompleta y necesita ser corregida para resultar comprensible.

Y eso sí puede hacer daño.

No porque le falte una figura paterna, sino porque el entorno insiste en señalar una ausencia que él no siente como tal.

Muchos hijos e hijas de familias lesbomarentales explican que las situaciones más incómodas no nacen dentro de casa, sino fuera de ella: formularios que solo contemplan padre y madre, celebraciones escolares poco inclusivas o comentarios que convierten su realidad familiar en algo extraño.

Por eso la inclusión no consiste en buscar equivalentes.

No se trata de decidir cuál de las dos madres se parece más a un padre.

Se trata de entender que no hay ningún padre en esa familia porque no tiene por qué haberlo.

Repensar el Día del Padre

Cada año, muchas escuelas se enfrentan al mismo reto. ¿Cómo celebrar el Día del Padre o el Día de la Madre cuando existen familias monoparentales, reconstituidas, adoptivas, con dos madres o con dos padres?

Cada vez más centros optan por actividades centradas en las personas cuidadoras o en las figuras importantes para cada alumno. No porque quieran eliminar tradiciones, sino porque buscan que ningún niño se sienta excluido.

La diferencia es enorme.

En lugar de preguntar quién hace de papá, se pregunta quién cuida, acompaña, protege y quiere.

Y entonces caben todas las familias.

Dos madres. Punto.

Quizá lo más poderoso del vídeo sea precisamente su sencillez.

El adolescente no parece confundido por tener dos madres.

No siente que le falte nada.

No está buscando una figura masculina dentro de casa.

Son los adultos quienes intentan encontrarla.

Por eso el mensaje de su familia resuena con tanta fuerza: nuestros hijos no necesitan que una de sus madres sea masculinizada para que su historia tenga sentido.

Necesitan algo mucho más simple.

Que la escuela, el profesorado y la sociedad entiendan que las familias pueden ser diferentes y seguir estando completas.

Y que dos madres no son una madre y un padre disfrazados.

Son, simplemente, dos madres.

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