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Alba Paul en Supervivientes: una mamá lesbiana en prime time que lo cambia todo

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Alba Paul en Supervivientes: una mamá lesbiana en prime time que lo cambia todo
Alba Paul en Supervivientes: una mamá lesbiana en prime time que lo cambia todo

Hay cosas que parecen pequeñas… hasta que te das cuenta de lo enormes que son.

Como encender la tele en horario de máxima audiencia, en un programa que ve medio país, y ver ahí a una mujer lesbiana, madre, hablando con naturalidad de su familia. Sin esconderse. Sin matices. Sin pedir permiso.

Eso está pasando con Alba Paul Ferrer en Supervivientes. Y no, no es solo entretenimiento. Es visibilidad. Es referente. Es historia cotidiana que abre camino.

Una historia de amor (real) que muchas hemos seguido

La historia de Alba Paul y Dulceida no es perfecta. Y quizá por eso conecta tanto.

Se conocieron, se hicieron amigas, se enamoraron, compartieron su relación públicamente cuando todavía no era tan habitual hacerlo. Vivieron una boda mediática, una ruptura dolorosa en 2021 y, contra todo pronóstico, una reconciliación en 2023.

Y entonces llegó algo aún más importante: su hija.

En octubre de 2024 nació Aria, una bebé profundamente deseada que llegó para transformar su historia… y también la de muchas otras.

Maternidad compartida: sí, también en la tele

Alba y Aida (Dulceida) decidieron ser madres a través del método ROPA. Un proceso que permite que ambas participen activamente: una aporta el óvulo y la otra gesta el embarazo.

En su caso, Alba fue la madre genética y Dulceida la madre que llevó el embarazo.

Y esto, que para nosotras es cada vez más común, sigue siendo revolucionario en televisión.

Porque cuando Alba habla de su hija, cuando nombra a su mujer, cuando explica su familia sin etiquetas raras ni explicaciones incómodas… está haciendo algo muy poderoso: normalizar lo que siempre ha sido normal para nosotras.

Una madre lesbiana en Supervivientes: ¿por qué importa tanto?

Podría parecer “solo un reality”. Pero no lo es.

Supervivientes es uno de los programas más vistos en España. Un espacio donde llegan millones de personas que quizá nunca han tenido cerca una familia como la nuestra.

Y de repente, ahí está Alba.

  • Hablando de su hija
  • Recordando a su mujer desde Honduras
  • Mostrando que su familia es exactamente eso: una familia

Sin dramatismos. Sin discursos forzados. Desde la verdad.

Y eso tiene un impacto enorme.

Porque la visibilidad no es solo estar. Es cómo estás.

Referentes que cambian miradas (y vidas)

Para muchas madres lesbianas, ver a Alba en televisión es emocionante. Pero para muchas niñas y niños… puede ser aún más importante.

Crecer viendo que existen familias como la suya en la tele, en los medios, en el prime time… cambia la forma en la que se entienden a sí mismos y al mundo.

También cambia la mirada de quienes nunca se lo habían planteado.

Porque la representación importa. Y cuando es real, cercana y sin artificios, todavía más.

Alba Paul no está dando un discurso político en una tribuna. Está viviendo una experiencia en televisión. Pero en ese gesto cotidiano, en esa naturalidad, está haciendo algo profundamente transformador.

Está mostrando que las familias lesbianas existen, aman, cuidan, desean y forman hogar.

Y que pueden estar —y deben estar— en todos los espacios.

También en los de máxima audiencia.

También en los que, durante mucho tiempo, parecían no estar pensados para nosotras.

Christiane Endler, una de las mejores porteras del mundo, se convierte en madre junto a su esposa

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cristhiane endler y sofia orozco
cristhiane endler y sofia orozco

Hay partidos que no se juegan en un estadio.
No tienen público. No hay marcador.
Pero importan más que cualquier final.

Para Christiane Endler, una de las mejores porteras del mundo, ese partido se jugó en marzo de 2026, en un avión.

La portera chilena estaba concentrada con su selección cuando recibió la noticia: su hija estaba a punto de nacer. Pidió permiso, hizo la maleta y voló a Europa. Llegó tres horas antes del parto. Justo a tiempo.

Y ahí empezó todo.

Un deseo que llevaba años esperando

La maternidad no fue casual para Endler y su esposa, Sofía Orozco. Era un proyecto.

Un deseo compartido que, como ocurre en muchas parejas de mujeres, no siempre es inmediato. De hecho, la propia Endler había contado que llevaban tiempo intentando ser madres, enfrentándose a un proceso largo y emocionalmente exigente.

Por eso, cuando nació su hija —Mía—, no fue solo una buena noticia. Fue una conquista.

La bebé nació sana, en Europa, donde la pareja reside por la carrera deportiva de Endler en el Olympique de Lyon.

Dos madres, una escena que hace no tanto era impensable

Hay una frase que resume lo que significa este momento. La dijo el padre de Sofía Orozco, el abuelo de la niña: “Estamos más unidos que nunca, era inimaginable en mi tiempo que dos mujeres pudieran ser madres a la vez. Es una bendición de Dios. Agradecerle a la medicina y al tiempo que vivimos para hacernos tan felices al tener una nieta maravillosa”, dijo el artista a ADN.

“Nació sanita, bella. Es muy parecida a la Tiane, tiene sus mismos ojitos chinitos. Ojalá tenga la misma estatura y sea mejor aún para el fútbol”, agregó el suegro de Christiane Endler.

Y ahí está todo.

No hace tanto, esto no era una historia posible. No legalmente, como sucedía en Chile hasta hace poco, no socialmente, no médicamente. Hoy lo es. Y no solo eso: es una historia celebrada, compartida, visible. Hace poco os contamos cómo otra jugadora de fútbol chilena, Fernanda Pinilla, también se convertía en mamá con su esposa. Y hace muy pocos días también la capitana de nuestra selección.

¡Menudo baby boom de jugadoras!

Endler no es una futbolista cualquiera. Es una de las mejores porteras del mundo, referente de la selección chilena y figura internacional.

Y, como tantas otras deportistas, ha tenido que negociar con una idea que sigue muy presente:
que la maternidad y el alto rendimiento son incompatibles.

Pero cada vez hay más ejemplos que demuestran lo contrario.

Su club la felicitó. Sus compañeras la celebraron. La selección la dejó marchar para estar en el parto.

Pequeños gestos que, en realidad, hablan de un cambio más grande: el deporte empieza —por fin— a adaptarse a la vida de las mujeres.

Una niña que ya forma parte de algo más grande

Mía no solo es la hija de dos mujeres que se quieren.

Es también parte de una generación que crecerá viendo algo distinto:
madres futbolistas, familias visibles, historias que antes no se contaban.

Y eso importa.

Porque cada vez que una historia como esta se hace pública, deja de ser excepcional.
Y empieza a ser, simplemente, una más.

Irene Paredes y Lucía Ybarra: crecer, jugar… y volver a empezar siendo cuatro

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Irene paredes y Lucia Ybarra dan a a luz a su segunda hija
Irene paredes y Lucia Ybarra dan a a luz a su segunda hija

Hay imágenes que cuentan una historia entera sin necesidad de palabras. Una madre mirando a su bebé recién nacida. Otra madre fuera del plano, sosteniendo todo lo demás. Y un niño mayor que, sin saberlo del todo, acaba de cambiar de lugar en el mundo.

Eso es exactamente lo que ha ocurrido en la familia de Irene Paredes y Lucía Ybarra, que hace unas semanas acaban de dar la bienvenida a Lea, su segunda hija.

La noticia llegó a finales de febrero de 2026, con una imagen sencilla desde el hospital. Sin grandes discursos. Sin necesidad.Una escena íntima y un precioso mensaje: «Bienvenida Lea Paredes Ybarra 26/02/2026
La ama, la Amatxo, Mateo y Ari estábamos deseando conocerte! Te queremos!»

Una familia que ya sabe de qué va esto

No es su primera vez. En 2021 nació Mateo, su primer hijo, que ahora se convierte en hermano mayor.

Y eso cambia todo.

Porque el segundo hijo no llega a una familia que se está construyendo, sino a una que ya existe, que ya ha aprendido a organizarse entre viajes, concentraciones, partidos y noches sin dormir. Una familia que ya ha tenido que responder preguntas, tomar decisiones y encontrar su propia manera de hacer las cosas.

Irene Paredes no es solo una de las grandes futbolistas de su generación —capitana de la selección española, campeona del mundo y referente del FC Barcelona—, también es parte de una generación que está normalizando algo que antes parecía imposible: ser madre y deportista de élite sin esconder ninguna de las dos cosas.

Maternidad sin épica (y eso también es revolucionario)

Lo interesante de Irene —y de muchas otras deportistas— es que no ha construido su maternidad desde el relato del sacrificio heroico. No hay frases grandilocuentes. No hay “lo puedo todo”.

Hay otra cosa: normalidad.

Ha hablado de conciliación, de tiempos, de apoyo. De que volver es posible, pero no siempre fácil. De que la maternidad no debería ser una excepción en el deporte femenino, sino una realidad contemplada y sostenida.

Y ahora, con Lea, esa conversación se amplía.

Porque ya no es solo volver después de ser madre. Es seguir siendo deportista siendo madre de dos.

Las familias que también juegan

Mientras Irene se recupera y se toma su tiempo, su equipo sigue compitiendo. La selección sigue adelante. Y eso también forma parte de la historia.

Durante años, el deporte ha funcionado como si las jugadoras no tuvieran vida fuera del campo. Como si no existieran los embarazos, las lactancias, los cuidados. Como si todo eso fuera una interrupción.

Pero cada vez más jugadoras —como Irene— están demostrando lo contrario:
la maternidad no interrumpe una carrera, la transforma.

Y en esa transformación, también están sus hijas e hijos. En las gradas. En los viajes. En las fotos que no enseñan sus caras, pero sí cuentan su historia.

Cuatro, y todo por delante

Ahora son cuatro. (Cinco, si contamos al perro, como ellas mismas han bromeado en redes).

Una familia que ha crecido sin hacer ruido, pero abriendo camino.

Porque cada vez que una futbolista de élite forma una familia visible con otra mujer, está haciendo algo más que vivir su vida:
está ampliando el imaginario de todas las niñas que vienen detrás.

Y eso, aunque no salga en las estadísticas, también cambia el juego.

Dos mamás, un superhéroe y una enfermedad ultrarrara que nos hizo imparables

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Dos mamás, un superhéroe y una enfermedad ultrarrara que nos hizo imparables
Dos mamás, un superhéroe y una enfermedad ultrarrara que nos hizo imparables

Rebeca e Isabel son dos mamás que, como tantas otras parejas de mujeres, decidieron lanzarse juntas a la aventura de la maternidad. Eligieron el método ROPA, una forma de compartir desde el inicio algo tan íntimo y transformador como traer una vida al mundo.

El 31 de octubre de 2021 nació Mateo. Halloween. Un bebé aparentemente sano, fuerte, perfecto. “Nuestro pequeño gran héroe —también conocido como SuperMateo—”, cuentan ellas. El parto fue bien, el test de Apgar fue excelente… hasta que algo no encajó: el cribado auditivo no salió como debía.

Dos semanas después, llegó una frase que marcaría un antes y un después, dicha además sin el cuidado que una familia necesita en ese momento:

“Id a casa pensando que vuestro hijo es sordo o que oye muy poco.”

Aquello no fue el final del camino, sino el comienzo. A los cuatro meses empezaron a notar más señales de alarma: Mateo no crecía al ritmo esperado, no alcanzaba los hitos del desarrollo. Y así comenzaron dos años de pruebas, especialistas, hospitales y una montaña rusa emocional que muchas familias con hijos con diversidad funcional conocen demasiado bien.

En octubre de 2023, cuando ya apenas quedaban fuerzas ni esperanza, llegó el diagnóstico: una mutación en el gen BCAP31, una enfermedad ultrarrara, sin cura ni tratamiento específico. Esta mutación provoca sordera, distonía, hipomielinización cerebral, epilepsia y otras complicaciones neurológicas graves.

A día de hoy, con cuatro años, Mateo no puede sostener completamente la cabeza, no se sienta solo, no camina ni habla. Parte de su alimentación la recibe a través de un botón gástrico. Además, les dijeron algo devastador:
Mateo era el único caso conocido en España.

Cuando lo raro parece invisible

Las enfermedades raras —o minoritarias— afectan a menos de 5 personas por cada 10.000 habitantes. Aunque en conjunto son millones de personas, cada diagnóstico suele vivirse en una soledad inmensa: falta de información, escasa investigación, tratamientos inexistentes y una sensación constante de estar fuera del sistema.

Para Rebeca e Isabel, ser dos mamás nunca fue un problema.

“Nuestra familia nació del amor, de la decisión consciente y del deseo profundo de maternar juntas.”

Lo verdaderamente difícil fue enfrentarse a una enfermedad tan poco frecuente que parecía no existir en ningún sitio.

“Como si lo raro tuviera que vivirse en silencio.”

Ser una familia diversa y convivir además con una enfermedad ultrarrara les enseñó algo fundamental: la visibilidad salva. Porque cuando una se ve reflejada en otras historias, deja de sentirse sola.

Contar la historia para no desaparecer

El impacto emocional del diagnóstico fue brutal. Pasaron meses sin buscar información, simplemente intentando sobrevivir, aprendiendo a respirar de nuevo. Hasta que en junio de 2024 tomaron una decisión:
la historia de SuperMateo tenía que ser contada.

Empezaron a compartir su día a día en redes sociales, no desde el drama, sino desde la verdad, para dar visibilidad a la mutación BCAP31 y conectar con otras familias. Un mes después ocurrió algo que lo cambió todo: encontraron a otra familia en Córdoba con un niño de seis años con la misma mutación.

No estaban solas.

SuperMateo no tiene capa (pero vuela)

Mateo no tiene capa, pero cada día vuela un poco más alto. Gracias a las terapias, al esfuerzo constante y a una sonrisa que lo llena todo, sigue avanzando, lento pero firme. Y ellas, sus mamás, no piensan rendirse.

“No nos imaginábamos esta maternidad, pero no la cambiaríamos por nada. Nos ha hecho más fuertes, más unidas, más conscientes del valor de cada pequeño logro. Si antes éramos un equipazo, ahora somos imparables.”

De esa fuerza nació también la Asociación “SuperMateo no tiene capa”, creada para dar visibilidad a la enfermedad BCAP31 y ayudar a financiar las costosas terapias y materiales que Mateo necesita.

Porque ninguna familia debería atravesar sola un diagnóstico así.
Porque lo que no se nombra, no existe.
Y porque contar estas historias también es una forma de cuidar.

Puedes seguir la aventura de SuperMateo en Instagram: @supermateo_no_tiene_capa.

¿Cómo es crecer con dos madres? El maravilloso testimonio de Alba

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Alba habla de crecer con dos madres
Alba habla de crecer con dos madres

Alba es creadora de contenido en redes sociales. Es de origen chino y fue adoptada cuando era un bebé por sus dos madres, Rosa y María. Uno de los vídeos más vistos que ha publicado hasta ahora —con cerca de 60.000 reproducciones— habla precisamente de algo que a muchas familias lesbianas nos resulta dolorosamente familiar: las preguntas que recibe por ser hija de dos mujeres.

Preguntas que probablemente también les han hecho a tus hijas e hijos. O a ti, como madre lesbiana.
Lo que más impacta del testimonio de Alba no es solo su claridad al responderlas, sino la madurez, el humor y la profundidad con la que reflexiona sobre su familia y sobre su propia historia. Una historia que incluye también el duelo por la pérdida de una de sus madres hace dos años, del que habla con una sensibilidad que emociona.

Una de las preguntas más habituales es la de siempre:
“¿Has tenido problemas por no tener una figura masculina de referencia?”

Su respuesta es tan directa como reveladora:

“Para mí tener dos mamás es lo más normal del mundo. Los raros sois vosotros, teniendo padre y madre pudiendo tener dos madres”.

Alba explica que Rosa y María se implicaron muchísimo en su crianza y que nunca ha sentido carencias. “Una educación exitosa no depende del género —dice—. Da igual que sea madre y madre, padre y padre, o madre y padre. Lo importante es cómo son las personas que educan: si son atentas, cariñosas, cuidadosas, protectoras, amables”.

Otra pregunta recurrente es si sufrió acoso por tener dos madres. Alba reconoce que bullying como tal no, pero sí momentos de incomodidad y de sentirse diferente, especialmente en espacios como el instituto o los campamentos. Allí su familia era la única así, y eso la convertía en foco de miradas, comentarios fuera de lugar o preguntas que, aunque no siempre fueran malintencionadas, dolían.

También le preguntan a menudo si crecer con dos madres ha influido en su orientación sexual. Su respuesta vuelve a ser rotunda: no. Y añade algo que desmonta muchos prejuicios: la mayoría de personas LGTBI han sido criadas por un padre y una madre, no en familias homoparentales.

Alba ofrece además una visión muy abierta y serena de la sexualidad. Cree que es algo con lo que se nace, pero que también está atravesado por el momento vital, los espacios que habitamos y las libertades que sentimos. Esta mirada conecta con lo que señalan muchos estudios sobre hijas e hijos de madres lesbianas: suelen vivir su sexualidad con mayor libertad, precisamente porque han crecido en entornos donde no se juzga ni se reprime.

El vídeo termina con una frase que lo resume todo: Alba nunca ha tenido un problema con ser adoptada ni con tener dos madres; sus problemas han sido siempre con la gente que tiene un problema con ello.

No te pierdas el vídeo. Es honesto, luminoso y profundamente necesario.

Cuando la historia silencia a las madres lesbianas: «Un asunto de familia» es recuperar memoria

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madres lesbianas en los años 80
madres lesbianas en los años 80

Un asunto de familia (A Family Matter), la primera novela de Claire Lynch, ganadora del Nero Book Awards, se ha convertido en una lectura fundamental para entender algo que muchas madres lesbianas ya intuíamos: la maternidad lésbica ha sido relegada al silencio, invisibilizada por prejuicios y leyes discriminatorias. Esta obra histórica y profundamente humana nos invita a mirar atrás para comprender cómo las mujeres lesbianas que querían ser madres fueron castigadas, humilladas o borradas de sus propias familias en las décadas pasadas.

Una historia en dos tiempos

La novela alterna entre dos épocas:

  • Los años 80, en Inglaterra, cuando Dawn, casada y madre, se enamora de otra mujer y enfrenta no solo la ruptura de su matrimonio, sino una batalla legal por la custodia de su hija, impulsada por un sistema que consideraba que una madre lesbiana era “inadmisible” como tutora legal.
  • El presente, con la hija de Dawn, que ahora es adulta y descubre fragmentos de esa historia familiar que le fue oculta, obligándola a replantear toda su identidad y la narrativa que siempre le contaron.

Claire Lynch se basó en investigación histórica real, incluyendo transcripciones judiciales, para mostrar cuánto se les negó a las madres lesbianas en esa época: prácticamente el 90 % perdió la custodia de sus hijos cuando su orientación sexual se exponía en un juicio.

Una historia demasiado real

Aunque es ficción, lo que cuenta Un asunto de familia no está inventado. Las leyes del momento —como la homofobia institucionalizada y figuras políticas reaccionarias— crearon un contexto en el que muchas madres lesbianas eran consideradas peligrosas para sus hijos solo por amar a otra mujer. Muchas familias se rompieron porque el sistema legal y social no reconocía que una mujer podía ser a la vez lesbiana y una buena madre.

Ese silencio histórico no solo dejó heridas personales, sino que también borró de los archivos colectivos millones de historias de mujeres que quisieron y cuidaron a sus hijos a pesar de todo.

Leer para recordar, nombrar para existir

Este libro —junto con otros esfuerzos de historiadoras y activistas que se han dedicado a rescatar las memorias de lesbianas madres, como las recogidas en antologías de relatos o investigaciones universitarias— es un acto profundo de recuperación. Leerlo es reconocer que la lucha por visibilidad, igualdad y derechos familiares no empezó ayer, sino que tiene raíces profundas y dolorosas.

Para muchas madres lesbianas de hoy —especialmente aquellas que han vivido la maternidad con tranquilidad, reconociendo su derecho a existir y amar abiertamente—, este tipo de relatos sirven como puentes entre generaciones: para honrar a quienes pagaron un precio alto por amar, y para entender cuánto hemos avanzado, lo que falta y por qué es vital contar estas historias.

La futbolista Fernanda Pinilla y su esposa Grace Lazcano dan a luz a su primera hija

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fernanda pinilla y grace lazcano
fernanda pinilla y grace lazcano

El 17 de febrero de 2026 fue un día de celebración para el fútbol, la visibilidad y las familias lésbicas: la futbolista chilena Fernanda Pinilla y su esposa, la periodista deportiva Grace Lazcano, se convirtieron en madres por primera vez con el nacimiento de su hija Elena. La noticia fue anunciada con ternura en sus redes sociales, acompañada de una emotiva foto familiar y mensajes de agradecimiento por el cariño recibido.

Una carrera deportiva de alto nivel

Fernanda Paz Pinilla Roa es una de las figuras más destacadas del fútbol femenino chileno. Defensa versátil —puede jugar como lateral, central o mediocampista defensiva—, ha tenido una trayectoria sólida tanto en clubes como en la selección nacional. Actualmente milita en el Club León de la Liga MX Femenil, tras una carrera que la llevó por equipos en Chile, España y México. Con la selección chilena ha disputado Copas del Mundo y torneos continentales, siendo una pieza importante de La Roja femenina.

Más allá de su rendimiento deportivo, Pinilla ha sido una voz franca sobre temas de género y orientación sexual. En entrevistas pasadas ha hablado abiertamente de ser lesbiana y feminista, y de los desafíos que enfrentan las mujeres en el deporte.

La relación entre Pinilla y Grace Lazcano, periodista con una amplia trayectoria en medios deportivos chilenos, se conoció públicamente alrededor de 2020. Luego de varios años de amor, se casaron por el civil en junio de 2022 en una ceremonia íntima con familia y amigues, y en 2023 celebraron con una fiesta simbólica en torno al matrimonio.

Desde hace más de una década, Grace Lazcano se ha destacado como comunicadora en espacios de deporte, radio y televisión, especializándose en cubrir disciplinas como el fútbol y conectando con audiencias por su entusiasmo y profesionalismo.

En noviembre de 2025, la pareja compartió con emoción la noticia de que estaban esperando a su primer hijo, con el mensaje “Refuerzo 2026” junto a una ecografía, generando una ola de felicitaciones de seguidores, colegas y figuras públicas.

El nacimiento de Elena: un momento de amor y verdad

Elena nació en México, donde la familia está radicada debido a la carrera profesional de Pinilla. En su publicación, la futbolista escribió: “Y un arcoíris me pintó la piel, para amanecer contigo. Bienvenida a la bandita, Elena… desbordando amor”, un mensaje que sintetiza no solo la llegada de su hija, sino también la alegría, la emoción y la comunión familiar que este momento representa.

El gesto del Club León Femenil fue también significativo: el equipo celebró la llegada de Elena con un detalle muy especial, colocando una pequeña camiseta con el nombre de la bebé en el camarín, destacando que “Elena ya es parte de la familia esmeralda”.

La historia de Fernanda Pinilla y Grace Lazcano va más allá de un nacimiento feliz. Es una historia de visibilidad y de construcción de familia desde el amor y la autenticidad. En un deporte donde las madres siguen enfrentando presiones y expectativas —más aún cuando se trata de mujeres lesbianas en espacios mayoritariamente heteronormados— su maternidad es también un gesto político: demuestra que la maternidad forma parte de la carrera de una deportista, no la detiene ni la borra.

Además, como ha trascendido en algunos medios, el hecho de que Elena haya nacido en México plantea desafíos legales en cuanto al reconocimiento de dos madres en el registro civil local, lo que subraya las complejidades que muchas familias lesbianas enfrentan incluso tras la alegría de convertirse en madres.

Cómo se ha tratado la maternidad lésbica en The L Word

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The L Word es la serie lésbica más importante y más vista en nuestra comunidad. Una mujer lesbiana de Brasil, otra de Suiza, España y Perú pueden no conocerse de nada y encontrar un tema común: ¿te gustaba más Shane o Bette?

The L Word, que tuvo año después una segunda parte en The L Word Generation Q, fue una de las primeras series que trató la maternidad lésbica.

Desde sus primeros episodios, The L Word abrió un espacio único en televisión para hablar de familias lesbianas y maternidad. En la serie original, Bette Porter y Tina Kennard deciden dar el paso de tener un hijo juntas, organizando una búsqueda de donante con sus amigas y viviendo una inseminación artificial que da lugar al nacimiento de Angie, su hija.

Sin embargo, en esa primera etapa la presencia de Angie era más bien puntual en la trama, algo que muchas madres sintieron como poco real: en la vida cotidiana, criar a un hijo ocupa gran parte del tiempo de una familia. Pero no. Sus madres estaban inmersas en su vida laboral, en su agenda social: siempre rodeadas amigas y amantes (después de la separación).

¿Cómo era posible tener hijos así?

Con el paso de los años y con The L Word: Generation Q, la historia evoluciona. Angie ya es adolescente, vive con Bette tras la separación de sus madres, y enfrenta sus propias preguntas sobre identidad, vínculos y genética. La serie toca por primera vez temas que muchas familias viven hoy: la curiosidad de los hijos por su donante, los tests genéticos y las búsquedas de conexión biológica.

La historia muestra que Angie quiere conocer más sobre su genética y llega incluso a encontrar a un familiar de su donante, lo que abre conversaciones complicadas pero reales entre madres e hija.

Además de la maternidad, The L Word explora la relación de Bette y Tina a lo largo de años de amor, rupturas, vida familiar, co-parentalidad. Su historia —casi dos décadas en pantalla— representa un recorrido intenso de amor, conflicto, crecimiento y vínculos que trascienden etiquetas.

The L Word no solo fue pionera en mostrar familias de dos madres, sino que con Generation Q pone sobre la mesa preguntas contemporáneas que muchas madres lesbianas ya estamos respondiendo en la vida real:
¿Cómo acompañar a nuestros hijos cuando preguntan por sus orígenes?
¿Cómo hablar de genética, donantes y identidad?
¿Qué significa ser madre hoy, más allá de los estereotipos?

Y aunque es ficción, esa representación ha ayudado a muchas familias a sentirse vistos, reflexionados y acompañados por primera vez en la pantalla.

¿A ti qué te pareció?

Julie Chu y Caroline Ouellette: de rivales legendarias a familia lésbica olímpica

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Julie Chu y Caroline Ouellette
Julie Chu y Caroline Ouellette

En el mundo del hockey femenino, pocas historias son tan extraordinarias como la de Julie Chu y Caroline Ouellette: dos de las mayores figuras del deporte, antiguas rivales en el hielo, hoy compañeras de vida, madres y referentes para múltiples generaciones.

Campeonas absolutas en la pista

Julie Chu (EE. UU.) y Caroline Ouellette (Canadá) brillaron durante más de una década en la escena internacional. Chu, al frente del equipo de Estados Unidos, es reconocida como una de las mejores jugadoras norteamericanas de su generación, destacada por sus habilidades ofensivas y liderazgo. A nivel olímpico, Chu compitió con la selección estadounidense en cuatro Juegos Olímpicos, donde cosechó medallas de plata en 2002, 2010 y 2014 y una medalla de bronce en 2006 .

Caroline Ouellette es, por su parte, una de las figuras más destacadas de la selección canadiense. Fue miembro del equipo nacional desde finales de los años noventa y es la única jugadora en la historia en participar en cuatro Juegos Olímpicos y ganar el oro en todos ellos (2002, 2006, 2010 y 2014) . Ouellette también tuvo una carrera impresionante en clubes, con múltiples títulos de liga, de la “Clarkson Cup” y un palmarés internacional en Campeonatos del Mundo.

Después de una carrera extraordinaria como rival, Ouellette anunció su retiro del hockey profesional en 2018, tras una carrera de ensueño con 242 puntos en 220 partidos con la selección canadiense .

La rivalidad que terminó en amor

Chu y Ouellette no solo compartieron el hielo como rivales: recibieron el reconocimiento de comentaristas, aficionados y expertos como protagonistas de una de las rivalidades más intensas del hockey femenino, dado que EE. UU. y Canadá se enfrentaron en innumerables finales mundiales y olímpicas . Pero la vida tenía otros planes.

Después de años de competir hombro con hombro —incluso llevando ambos el número 13 en sus respectivos equipos—, su relación evolucionó a amistad y finalmente a pareja fuera del hielo, algo que capturó la atención de los aficionados y de los medios globales. Su historia resume cómo los lazos humanos pueden florecer incluso entre rivales deportivos de élite .

Familia, maternidad y legado

Juntas, Chu y Ouellette han formado una familia. Dieron la bienvenida a su primera hija, Liv Chu-Ouellette, en noviembre de 2017, y más tarde a su segunda hija, Tessa, en 2020 . Su maternidad ha sido celebrada públicamente como una extensión natural de su vida compartida, desafiando los estereotipos que muchas veces rodean a las madres deportistas y a las familias lesbianas.

La historia de Chu y Ouellette es poderosa por múltiples razones: demuestra que la pasión competitiva no está reñida con la profundidad del amor; muestra que dos mujeres pueden construir juntas no solo una relación, sino una familia sólida y visible; y enseña, con naturalidad, que la maternidad, el deporte de élite y la vida familiar no son caminos separados, sino entrelazados.

Desde 2018, Caroline Ouellette ha continuado ligada al hockey como entrenadora asistente y figura clave en programas de desarrollo y visibilidad femenina, incluyendo roles en equipos universitarios y en iniciativas de Hockey Canada. Fue incluida en el IIHF Hall of Fame, uno de los galardones más prestigiosos del deporte, en reconocimiento a una carrera sobresaliente y un legado imborrable .

Julie Chu ha seguido vinculada al hockey también desde roles de entrenamiento y liderazgo, consolidándose como una de las voces más respetadas de este deporte en Norteamérica

Emerance Maschmeyer: maternidad lésbica olímpica y lucha por nuestra visibilidad

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Emerance Maschmeyer
Emerance Maschmeyer

Emerance Maschmeyer es uno de esos nombres que ya forman parte de la historia del hockey femenino. Veterana olímpica, fue parte del equipo canadiense que conquistó el oro en los Juegos Olímpicos de 2022, junto a compañeras como Brianne Jenner. Portera sólida, constante y respetada, Maschmeyer ha construido una carrera marcada por la excelencia deportiva… y, más recientemente, por una maternidad vivida con orgullo y naturalidad.

En la actualidad, Maschmeyer juega para los Vancouver Goldeneyes, uno de los equipos de expansión de la Liga Profesional de Hockey Femenino (PWHL), después de haber debutado en la liga con el Ottawa Charge. Formada en la Universidad de Harvard, su trayectoria combina alto nivel académico y deportivo, algo habitual en el hockey femenino norteamericano, pero no por ello menos admirable.

Una historia de amor (y hockey) compartida

Emerance Maschmeyer está casada con Geneviève Lacasse, también exportera de la selección canadiense, ya retirada. Lacasse ganó el oro olímpico en 2014 y la plata en 2018, formando parte de una generación clave del hockey femenino canadiense. Juntas representan algo poco habitual incluso hoy: una pareja de dos mujeres, ambas deportistas de élite, ambas olímpicas, ambas referentes.

En 2024 dieron la bienvenida a su primer hijo, y desde entonces han compartido algunos momentos de su nueva vida familiar con humor y ternura. Recientemente, Maschmeyer publicó un vídeo en Instagram en el que ambas comentan, entre risas, el peculiar “lenguaje” de su bebé. Un gesto pequeño, cotidiano, pero profundamente significativo: mostrar que las familias de madres lesbianas también habitan el deporte profesional desde lo cotidiano, sin solemnidad ni discursos grandilocuentes.

Hay, sin embargo, un detalle que sigue resonando con fuerza en la memoria colectiva del hockey LGTB. Mientras jugaba en Ottawa, Maschmeyer diseñó una máscara de portera personalizada que representaba a su familia como personajes de Los Increíbles. Una imagen poderosa, lúdica y revolucionaria a la vez.
Hasta donde se sabe, fue la primera máscara del hockey profesional que representaba explícitamente a una familia LGTB.

Que hoy ya no pueda usarla —por cuestiones de equipo y patrocinio— sigue doliendo a muchas personas que vieron en ese gesto un hito de visibilidad. Porque en un deporte donde la expresión personal suele estar muy regulada, aquella máscara no era solo estética: era identidad, orgullo y futuro.

Cuando las madres lesbianas hacen historia (sin que nadie lo note)

El 26 de noviembre de 2025 ocurrió algo que probablemente pasó desapercibido para la mayoría del público, pero que dice mucho del momento que vive el hockey femenino. En un partido entre Ottawa y Vancouver, Brianne Jenner le marcó un gol a Emerance Maschmeyer. Hasta donde se sabe, fue la primera vez en la historia de la PWHL que una madre lesbiana le anotó un gol a otra madre lesbiana.

El dato puede parecer anecdótico, pero es profundamente simbólico. No porque la maternidad defina su rendimiento, sino porque demuestra algo que durante décadas parecía imposible: las madres lesbianas no solo están en el deporte profesional, sino que están en el centro del juego.

Como apuntó la periodista Sarah Spain en su podcast Good Game With Sarah Spain, estos pequeños hitos construyen memoria. Y ayudan a entender que las rivalidades deportivas —como las históricas entre Canadá y Estados Unidos— conviven perfectamente con historias de amor, maternidad y respeto mutuo. Un ejemplo precioso es el episodio del 15 de enero de 2026, en el que Spain conversa con Julie Chu y Caroline Ouellette, ambas cuatro veces olímpicas, hoy retiradas y también madres, que durante años defendieron selecciones rivales.

Mucho más que deporte

Emerance Maschmeyer no solo defiende la portería. Defiende, sin decirlo explícitamente, la idea de que la maternidad lésbica tiene un lugar legítimo en el deporte de élite. Que las máscaras pueden contar historias. Que los bebés también forman parte del viaje olímpico, aunque no salten al hielo.

Y para las madres lesbianas que siguen esta serie desde casa, su historia vuelve a recordarnos algo esencial: nuestros modelos existen, aunque durante mucho tiempo nadie los haya querido ver.

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