Una pareja de madres lesbianas cruza la Puerta Santa en el Jubileo LGBTQ+ del Vaticano

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madre lesbiana con su hija en el vaticano
madre lesbiana con su hija en el vaticano

Este fin de semana ocurrió algo histórico en Roma: una pareja de lesbianas católicas y su hija estuvieron entre los 1.400 peregrinos LGBTQ+ que participaron en la primera peregrinación oficialmente reconocida al Jubileo del Vaticano. Con cruces en mano y prendas con los colores del arcoíris, marcharon hasta la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, un gesto cargado de simbolismo y esperanza.

Francesca Borselli, católica, lesbiana y participante, lo resumió con claridad: “Es necesaria una mayor apertura e inclusión. La Iglesia se mueve con los tiempos, que no son muy rápidos, pero avanza”.

Para muchas familias como la de Francesca, caminar por Roma con sus hijos de la mano, visibles y orgullosas, es un acto revolucionario. No hace tanto, en peregrinaciones anteriores, personas LGBTQ+ eran detenidas o expulsadas por considerarse una “amenaza”. Esta vez, en cambio, las instituciones eclesiales abrieron un espacio para su presencia.

La misa celebrada en la Iglesia del Gesù, presidida por el vicepresidente de la Conferencia Episcopal Italiana, Francesco Savino, fue otro momento de gran emoción. Sus palabras resonaron con fuerza: “El Jubileo fue el momento de liberar a los oprimidos y devolver la dignidad a quienes la habían visto privada. Es hora de devolver la dignidad a todos”.

Aunque los peregrinos no pudieron tener audiencia con el Papa, el hecho de figurar en el calendario oficial del Vaticano es ya un paso sin precedentes. Francis DeBernardo, director de New Ways Ministry, lo celebró: “No solo las personas LGBTQ+ están marchando para decir que son parte de la Iglesia, sino que las instituciones oficiales les están dando la bienvenida y ayudándoles a contar sus historias”.

Para nosotras, madres lesbianas, esta imagen es poderosa. Ver a dos mujeres católicas y a su hija caminando juntas hacia la Puerta Santa nos recuerda que la fe y la maternidad diversa no son excluyentes. Que podemos criar desde el amor, con espiritualidad, sin escondernos, y que incluso dentro de la Iglesia más tradicional hay espacios que poco a poco empiezan a abrirse.

No podemos olvidar que falta mucho por hacer: siguen existiendo resistencias, discursos de odio y barreras institucionales. Pero cada paso, cada gesto, cada familia visible que se planta en lugares históricamente hostiles, es una victoria colectiva.

La fe no es patrimonio exclusivo de nadie. Y cuando una niña entra de la mano de sus dos madres por la Puerta Santa del Vaticano, nos recuerda que los milagros también pueden ser de carne y hueso: familias diversas que existen, resisten y avanzan.