Lo que las maestras deberían saber sobre las familias con dos mamás

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Lo que las maestras deberían saber sobre las familias con dos mamás
Lo que las maestras deberían saber sobre las familias con dos mamás

Cada inicio de curso, las familias con dos mamás nos preparamos para algo más que comprar mochilas nuevas o forrar libros. Nos preparamos, también, para explicar una vez más que nuestras familias existen, que son tan reales como las demás y que merecen ser nombradas con naturalidad en la escuela.

Porque aunque vivimos en un país donde el matrimonio igualitario tiene ya veinte años de historia, todavía hay maestras que se sorprenden cuando en la ficha familiar no aparece un “padre”. Algunas no saben cómo hablar de nuestra familia delante de los demás niños, y otras, aunque con la mejor intención, nos invisibilizan con frases como “que venga papá a recogerlo” o “pregunta a tus papás”.

Por eso, aquí va una pequeña guía de lo que las maestras —y todos los profesionales de la educación— deberían saber sobre las familias con dos mamás.

1. No necesitamos un “papá” para que nuestros hijos crezcan felices

Nuestros hijos tienen todo lo que necesitan: amor, seguridad, límites, y referentes diversos. No les falta una figura masculina; tienen muchos hombres alrededor —abuelos, tíos, maestros, amigos—, pero su estructura familiar es diferente, no incompleta.
Evitemos los comentarios que refuerzan el modelo único de familia. Decir “qué pena que no tengan papá” no ayuda; decir “qué suerte, tienes dos mamás que te adoran”, sí.

2. El lenguaje importa (y mucho)

Las palabras crean realidad. Usar expresiones como “mamá y papá” en lugar de “familia”, “personas que te cuidan” o “quien te recoge del cole” puede hacer que nuestros hijos se sientan excluidos.
En la asamblea, en los dibujos, en las canciones o en los cuentos, hay miles de formas de incluir sin dejar a nadie fuera.
Pequeños gestos, como decir “vamos a dibujar a nuestras familias, cada una como es”, hacen una gran diferencia.

3. La visibilidad se enseña

El aula debe ser un reflejo de la diversidad real de la sociedad. Si en el rincón de lectura hay cuentos con princesas y príncipes, también debería haber historias con dos mamás o dos papás. Si se celebra el Día de la Familia, que se celebre todas las familias.
Nombrar y mostrar familias como la nuestra no es “adoctrinar”, es educar en el respeto.

4. Las preguntas son bienvenidas, el silencio no

Cuando los niños preguntan, lo hacen con curiosidad, no con prejuicio. Lo importante es responder con naturalidad:
—¿Por qué ese niño tiene dos mamás?
—Porque hay muchas formas de formar una familia. En la suya hay dos mamás que se quieren y cuidan de él.
Y listo. Sin dramatismos, sin evasivas. Lo que los adultos tratamos con normalidad, los niños lo integran igual.

5. Las familias diversas somos aliadas, no un tema incómodo

Queremos colaborar, participar, ayudar en el aula. No queremos ser “la familia especial”, sino una más entre muchas.
Cuando las maestras nos acogen sin miedo, con curiosidad y respeto, nuestros hijos se sienten seguros, orgullosos de su historia y libres para ser ellos mismos.

Educar en diversidad no es una carga: es una oportunidad. Porque cuando una maestra enseña a su clase