En un acto sin precedentes en América Latina, el Estado de Chile ha pedido disculpas públicas a una pareja de madres lesbianas por haberles negado durante años el derecho a inscribir legalmente a su hija con ambas como madres. La historia de Patricia Reyes y Valentina Riberi marca un antes y un después en la lucha por los derechos de las familias homoparentales.
En 2019, Patricia y Valentina llevaban seis años de relación y decidieron formar una familia a través de fertilización asistida. Valentina gestó a su hija y, al momento de inscribirla en el Registro Civil, la respuesta fue clara y devastadora: solo una madre podía figurar en el acta de nacimiento. No importó el amor, la planificación o el compromiso. Para el Estado chileno, solo una era madre.
Una lucha contra el sistema
La pareja recurrió a todas las instancias legales en Chile: Corte de Apelaciones, Corte Suprema, incluso el Tribunal Constitucional. Y perdieron. La legislación chilena, en ese momento, no reconocía a dos mujeres como madres legales de una misma hija. Pero Patricia y Valentina no se rindieron. Sabían que no solo peleaban por su familia, sino por todas las que vendrían después.
Presentaron su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y tras años de presión, el Estado chileno accedió a firmar un Acuerdo de Solución Amistosa. El 10 de julio de 2024, en el Palacio de La Moneda, el canciller chileno pidió perdón en nombre del Estado.
¿Qué incluye el acuerdo?
Además del acto público de disculpas, el acuerdo contempla una serie de compromisos concretos para garantizar que esto nunca vuelva a ocurrir:
- Capacitaciones a funcionarios del Registro Civil en derechos humanos, género y diversidad.
- Campañas de sensibilización sobre las familias diversas.
- Reformas institucionales que garanticen el trato igualitario en trámites de filiación.
Este acto de reparación fue acompañado por autoridades de alto nivel, incluyendo la ministra de la Mujer, representantes del Tribunal Constitucional, la Corte Suprema y el Registro Civil: los mismos estamentos que durante años les cerraron las puertas.
Un legado para sus hijas e hijos
Aunque Patricia y Valentina se separaron en 2021, ambas siguen siendo madres orgullosas de su hija. Patricia ha dicho:
“Quiero que mi hija sepa que sus madres siempre estuvieron para protegerla. Espero que no haya retrocesos para la población LGTBIQ. Estas negociaciones tardaron años y sabemos que en un Gobierno de derecha hubiese sido mucho más complicado.”
Desde Madres Lesbianas, aplaudimos su valentía, su constancia y su amor. Este caso no solo ha reparado un daño inmenso, también ha abierto el camino para que ninguna madre lesbiana en Chile tenga que enfrentarse de nuevo a la invisibilización y el rechazo institucional.
Porque nuestros hijos e hijas tienen dos madres. Y eso también es familia.



