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Sam Kerr, una de las lesbianas visibles más importantes del deporte, sigue abriendo camino también como madre

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Sam Kerr, una de las lesbianas visibles más importantes del deporte, sigue abriendo camino también como madre
Sam Kerr, una de las lesbianas visibles más importantes del deporte, sigue abriendo camino también como madre

Durante años, Sam Kerr ha sido mucho más que una estrella del fútbol. La capitana australiana se ha convertido en una de las mujeres lesbianas visibles más importantes del deporte internacional, una referente para miles de niñas y mujeres que crecieron sin ver familias como las nuestras en ningún sitio.

Por eso emocionó tanto verla estos días salir al campo acompañada de su hijo antes de disputar uno de sus últimos partidos con su club.

La escena era sencilla: Sam caminando sobre el césped, el público aplaudiendo y su pequeño compartiendo con ella uno de esos momentos especiales que marcan el final de una etapa deportiva. Pero detrás de esa imagen había algo mucho más profundo.

Porque durante décadas las deportistas lesbianas tuvieron que ocultarse.

Muchas evitaron hablar de sus parejas, escondieron relaciones o directamente renunciaron a vivir con naturalidad partes importantes de su vida por miedo a perder contratos, patrocinadores o espacio dentro del deporte profesional.

Hoy Sam Kerr representa justo lo contrario.

Representa a una generación de futbolistas que ya no pide permiso para existir públicamente.

Y eso importa muchísimo.

De referente deportiva a referente familiar

La relación de Sam Kerr con Kristie Mewis lleva años siendo una de las más queridas y visibles del fútbol femenino. Ambas han compartido de forma natural momentos de su vida juntas, mostrando algo que hace no tanto tiempo apenas aparecía en el deporte de élite: una pareja de mujeres construyendo una familia.

La llegada de su hijo hizo que muchas lesbianas se vieran reflejadas en ellas desde otro lugar. Ya no solo como referentes deportivos o LGTB, sino también como madres.

Y eso tiene un valor enorme.

Porque todavía hoy muchas mujeres lesbianas crecen escuchando que quizá no podrán formar una familia “normal”, que la maternidad será más difícil o que tendrán que justificarse constantemente.

Ver a una de las futbolistas más importantes del planeta vivir su maternidad con naturalidad ayuda a desmontar todos esos prejuicios silenciosamente, sin necesidad de grandes discursos.

El fútbol femenino está cambiando la representación

No es casualidad que muchas de las deportistas lesbianas más visibles estén precisamente en el fútbol femenino.

En los últimos años, este deporte se ha convertido en uno de los espacios donde más claramente se está transformando la representación de las mujeres lesbianas. Las jugadoras ya no aparecen únicamente como atletas: aparecen como parejas, madres, familias y referentes completos.

Y aunque todavía queda muchísimo camino por recorrer, las nuevas generaciones ya están creciendo con imágenes que antes simplemente no existían.

Una futbolista lesbiana entrando al estadio con su hijo en brazos.
Una pareja de mujeres celebrando un título juntas.
Una madre hablando abiertamente de conciliación dentro del deporte profesional.

Parece algo pequeño, pero cambia muchísimo la manera en que una niña imagina su futuro.

Mucho más que fútbol

Quizá dentro de unos años la gente recuerde los goles de Sam Kerr, sus títulos o su liderazgo en Australia.

Pero para muchas mujeres lesbianas también quedarán estas imágenes.

Las de una deportista brillante que ayudó a normalizar algo tan sencillo —y tan revolucionario durante mucho tiempo— como existir públicamente siendo lesbiana, enamorada y madre al mismo tiempo.

Sophia Bush habla sobre ser la «madre extra» para los hijos de su novia, Ashlyn Harris

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Sophia Bush, de Chicago PD, habla sobre ser "madre adoptiva" para los hijos de su novia, Ashlyn Harris
Sophia Bush, de Chicago PD, habla sobre ser "madre adoptiva" para los hijos de su novia, Ashlyn Harris

Durante años, las familias de madres lesbianas han tenido que defender algo muy básico: que existen muchas maneras de ser madre.

Ahora, poco a poco, también empiezan a visibilizarse otras realidades dentro de esas familias. No solo las maternidades biológicas o compartidas, los vínculos de las madres no gestantes, las adoptivas, ya también esos vínculos que se construyen llegando después, cuando una relación ya trae consigo hijos, rutinas y una historia previa.

Eso es precisamente lo que ha contado estos días Sophia Bush al hablar públicamente de su vida junto a la exfutbolista Ashlyn Harris y los hijos de esta.

La actriz, conocida por series como One Tree Hill o Chicago P.D., habló en el programa TODAY with Jenna & Sheinelle sobre cómo vive su papel dentro de la familia. Allí utilizó una expresión cada vez más habitual en familias reconstituidas: “bonus mum”, algo así como “mamá extra” o “mamá añadida”.

Puede parecer un detalle pequeño, pero no lo es.

Porque durante mucho tiempo las parejas de madres lesbianas han sido representadas casi exclusivamente desde el momento del deseo de maternidad: quién gesta, quién da el óvulo, cómo tuvieron a sus hijos. Mucho menos se habla de lo que ocurre después, cuando hay separaciones, nuevas relaciones o familias que vuelven a reorganizarse.

Ashlyn Harris fue durante años una de las futbolistas más visibles del fútbol estadounidense. Ganó dos Mundiales con la selección de Estados Unidos y formó junto a Ali Krieger una de las parejas lésbicas más conocidas del deporte femenino. Juntas adoptaron a sus dos hijos, Sloane y Ocean, antes de divorciarse en 2023.

La relación entre Harris y Bush se hizo pública en 2024, poco después de que la actriz hablara abiertamente sobre su orientación sexual en una entrevista para Glamour.

Desde entonces, ambas han compartido muy poco de su vida familiar, precisamente por el nivel de exposición mediática que las rodea. Por eso ha llamado tanto la atención escuchar a Bush hablar de maternidad desde un lugar tan cotidiano y tan reconocible.

En la entrevista compartió su papel de mamá extra en la relación: “Si algo he aprendido de ella y de todas las madres increíbles de mi vida, incluida la mía, es que estamos en un momento en el que puedo decir que las mujeres necesitan más apoyo, más recursos, la baja remunerada sería genial… cualquier persona a cargo. Aprendí que lo mejor que puedo hacer por ella es darle un momento para ella sola, así que le reservé un masaje muy largo. Los niños colorearon dibujos muy bonitos para ella”.

“Creo que para mí, todas las formas en que veo a las mujeres ser madres, ya sea mi mejor amiga convirtiéndose en madre y yo siendo madrina de sus hijos, enamorándome de una madre y siendo parte de una familia… Lo que realmente se ve es la infinidad de formas en que las mujeres se apoyan mutuamente, que se apoyan en sus comunidades, que nos apoyamos en nuestros hijos y en los de otras personas, entre nosotras, y en nuestras familias y familias extendidas, en nuestras comunidades.

“A pesar del estrés que puedan sentir las cosas ahora mismo, veo a muchísimas mujeres organizándose, movilizándose, asegurándose de que sus escuelas tengan los recursos que necesitan, y presentándose en la escuela del barrio vecino.”

Concluyó: «Ya sea dentro de las cuatro paredes de mi casa o en el mundo, creo que las madres A) nos salvarán y B) deberían estar al mando de todo. Si estuviéramos al mando de todo, las cosas estarían arregladas antes del almuerzo. Lo sé con total certeza».

No habló de “sustituir” a nadie.
No habló de ocupar un rol que no le corresponde.

Habló de acompañar.

De cuidar.

De estar.

¿Qué opciones tenemos las mujeres lesbianas paraembarazarnos?

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¿Qué opciones tenemos las mujeres lesbianas para embarazarnos?
¿Qué opciones tenemos las mujeres lesbianas para embarazarnos?

Decidir ser madre es un paso enorme. Pero una vez que das ese paso, aparece una pregunta que puede abrumar: ¿por dónde empiezo?

Opciones, siglas, tratamientos, porcentajes… y de repente parece todo mucho más complicado de lo que debería ser.

La buena noticia es que no tienes que saberlo todo desde el principio. La clave está en encontrar un lugar donde te expliquen, te escuchen y te acompañen.

Como en la Clínica CRA Barcelona, la clínica lesfriendly por excelencia en Barcelona, donde entienden que cada mujer y cada familia es diferente.

Las principales opciones, explicadas fácil

Inseminación artificial (IA)
Es el tratamiento más sencillo. Se introduce semen de donante en el útero en el momento de la ovulación. Puede hacerse en ciclo natural o con una pequeña ayuda hormonal.

Suele ser el primer paso para muchas. CRA también ofrece inseminaciones naturales, con mínima intervención.

Fecundación in vitro (FIV)
Aquí el proceso es más complejo: se extraen los óvulos, se fecundan en laboratorio y luego se transfiere el embrión.

Tiene mayores tasas de éxito, pero también es más exigente.

Método ROPA
Especialmente pensado para parejas de mujeres, permite compartir la maternidad desde el inicio. Ya que una aporta los óvulos y la carga genética y la otra gesta al bebé. 

Una opción profundamente emocional además de médica

Preservación de la fertilidad
Congelar óvulos para decidir más adelante.

Porque no siempre es el momento, pero sí el deseo.

Ovodonación
Cuando se necesitan óvulos de donante. Estos óvulos se fecundan en el laboratorio y una de las futuras madres, o las dos, como ha pasado algunas veces, se embarazan con los embriones que se forman. 

Una alternativa válida, generosa y cada vez más común, con una alta tasa de éxito ya que los óvulos donados son de muy alta calidad. 

¿Cómo saber cuál es para ti?

Aquí viene lo importante: no se trata de elegir “el mejor tratamiento”, sino el más adecuado para ti, para tu cuerpo, tu momento vital y tu forma de vivir este proceso.

Y eso solo se puede hacer desde la escucha real.

En la Clínica CRA Barcelona trabajan desde ahí: sin juicios, sin imponer caminos, acompañando de verdad.

Lo importante

Ser madre no es un camino único ni lineal. Es un proceso lleno de decisiones, emociones y, a veces, incertidumbre.

Pero también es un camino que puede vivirse con calma, con información y con apoyo.

Porque cuando te sientes acompañada, todo cambia. 

1 de cada 2 parejas de mujeres casadas tiene hijos: la maternidad lésbica ya es realidad cotidiana

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1 de cada 2 parejas de mujeres casadas tiene hijos: la maternidad lésbica ya es realidad cotidiana
1 de cada 2 parejas de mujeres casadas tiene hijos: la maternidad lésbica ya es realidad cotidiana

El dato es llamativo, pero conviene entenderlo bien. Según un informe de la FELGTBI+ basado en la Encuesta Continua de Hogares del INE (2020), aproximadamente la mitad de las parejas de mujeres casadas en España conviven con hijos o hijas. Es un porcentaje alto, pero no significa que la mayoría de parejas de mujeres sean madres.

De hecho, cuando se amplía la mirada a todas las parejas de mujeres —casadas o no—, la realidad es más diversa. Una parte importante no tiene descendencia, y esto no es contradictorio con el dato inicial. Lo que ocurre es que muchas parejas deciden casarse precisamente cuando tienen hijos o planean tenerlos, ya que el matrimonio sigue siendo una herramienta clave para garantizar derechos como la filiación, los permisos o la protección legal. Es decir, no es tanto que todas tengan hijos, sino que las que los tienen tienden más a formalizar su relación.

Los datos también permiten observar cómo son estas familias. La maternidad lésbica en España suele estar muy vinculada a procesos planificados, como la reproducción asistida, lo que influye directamente en el número de hijos. La media se sitúa ligeramente por debajo de la del conjunto de la población, y predominan las familias con un solo hijo. Además, la edad de los menores apunta a que estamos ante un fenómeno relativamente reciente, que ha crecido especialmente en las últimas dos décadas, en paralelo a los avances legales.

Si se sitúa esta realidad en el conjunto del país, se entiende mejor su dimensión. Las parejas del mismo sexo representan una pequeña parte del total de hogares en España, y dentro de ellas, las formadas por mujeres son aproximadamente la mitad. Esto significa que las familias de dos madres existen, crecen y están cada vez más presentes, pero siguen siendo una minoría estadística. Y eso tiene consecuencias claras: menos representación, menos adaptación de los servicios y, en muchos casos, más necesidad de explicar y justificar lo que para otras familias es evidente.

Otro aspecto que aportan los estudios y que rara vez se menciona es el económico. Lejos del estereotipo de estabilidad, las familias LGTBI presentan, de media, menores ingresos que el conjunto de la población. En el caso de los hogares encabezados por mujeres, esta desigualdad se intensifica, con situaciones de empleo más inestable o parcial. Esto introduce una variable clave a la hora de hablar de maternidad: no solo se trata de querer ser madre, sino de poder sostener esa decisión en un contexto que no siempre es favorable.

Si miramos fuera de España, la comparación exige cautela. No todos los países recogen los datos de la misma manera ni con el mismo nivel de detalle, lo que dificulta establecer equivalencias exactas. Aun así, los estudios disponibles en Europa y Estados Unidos coinciden en señalar una tendencia clara: las parejas de mujeres tienen más probabilidad de tener hijos que las parejas de hombres, y esa maternidad ha aumentado significativamente en los países donde existe reconocimiento legal. Más allá de las cifras concretas, lo que se repite es el patrón: cuando hay derechos, las familias aparecen.

Todo esto permite afinar mucho mejor el relato. La maternidad lésbica en España no es anecdótica, pero tampoco es uniforme ni mayoritaria dentro de todas las parejas de mujeres. Es una realidad diversa, en crecimiento y profundamente vinculada a los cambios legales y sociales de los últimos años. Y al mismo tiempo, sigue atravesada por desigualdades que condicionan cómo se vive y se sostiene en el día a día.

Ese es, en el fondo, el valor de los datos bien leídos: no simplifican la realidad, pero sí la hacen más visible.

“¿Y si no conecto con mi hijo?”: el miedo silencioso de muchas madres no gestantes

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Valentina lleva 11 años con Sofía (en la foto de portada). Cuando se conocieron tenía claro que no quería ser madre y que no quería gestar. Con el paso de los años fue cambiando de opinión, hasta que después de la pandemia ambas se encontraron en el mismo punto: maternidad compartida.

Valentina no gestó, y en este vídeo comparte sus miedos sobre si sería posible conectar con su hijo Milo sin haberlo parido, sin pensar previamente que se necesita unión genética para sentir o para formar familia. No. Solo un temor silencioso que se iba anidando en ella mientras el embarazo de su mujer prosperaba.

En el honesto y emotivo vídeo cuenta cómo conectó con su bebé nada más tocarlo:

La historia de Valentina y su temor puede ser el de tantas madres no gestantes que queremos reflexionar sobre ello.

“Si no lo gesto yo… ¿sentiré lo mismo?”

No siempre se dice en voz alta. A veces se formula como duda práctica —quién gesta, cómo lo hacemos—, pero debajo hay algo más profundo:
el miedo a no ser igual de madre.

Y es lógico.

Vivimos en un mundo que ha repetido durante décadas una idea muy concreta: que el vínculo empieza en el embarazo, que la conexión es biológica, que gestar es lo que te convierte en madre.

Pero eso no es toda la verdad.

El vínculo no empieza en el útero (ni depende de él)

Lo que hoy sabemos desde la psicología del apego es bastante claro:
el vínculo no depende solo de la gestación, sino de la relación.

El apego se construye con la presencia, el cuidado, la disponibilidad emocional, el contacto, la mirada, la respuesta al llanto, la rutina compartida.

Es decir:
se construye después.

Por eso, en muchísimas familias —adoptivas, reconstituidas, homoparentales— vemos vínculos profundísimos sin haber pasado por el embarazo.

Y en las familias de dos madres, esto es especialmente evidente.

Lo que nadie te cuenta: el miedo sí existe

En el vídeo, esta mujer pone palabras a algo muy real:
antes de ser madre, tenía miedo de no sentir esa conexión.

No porque dudara de su deseo.
Sino porque el relato social pesa.

Ese “¿y si…?” aparece mucho en la madre no gestante:

  • ¿Y si me siento en segundo plano?
  • ¿Y si el bebé la prefiere a ella?
  • ¿Y si no me reconoce igual?

Son preguntas incómodas, pero necesarias.

Porque cuando se dicen, se pueden trabajar.
Y cuando se callan, se enquistan.

La realidad: el vínculo llega (y a veces sorprende)

Lo que muchas madres cuentan después es casi siempre lo mismo:
la conexión llega.

A veces no es inmediata.
A veces no es como en las películas.
A veces se construye poco a poco.

Pero llega.

Y en muchos casos, incluso, rompe las expectativas: madres no gestantes que se convierten en la figura de apego principal, bebés que buscan indistintamente a una u otra, vínculos que no entienden de biología.

Porque para un bebé, lo importante no es quién gestó.
Es quién está.

Romper la jerarquía invisible

Uno de los mayores retos en las familias lesbomarentales es desmontar una jerarquía que la sociedad intenta imponer:

  • madre “de verdad” (la gestante)
  • madre “también” (la no gestante)

Pero esa jerarquía no tiene base real.

Ambas son madres.
Ambas cuidan.
Ambas construyen vínculo.

Y cuanto antes se rompa esa idea —dentro y fuera de la pareja—, más fácil es vivir la maternidad desde un lugar de seguridad.

Criada por dos madres y leyenda del deporte paralímpico: Tatyana McFadden y el poder de no rendirse

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Criada por dos madres y leyenda del deporte: Tatyana McFadden
Criada por dos madres y leyenda del deporte: Tatyana McFadden

Hay historias que parecen imposibles hasta que alguien las vive. La de Tatyana McFadden es una de ellas. Esta semana ha sido reconocida con uno de los mayores honores del deporte en Estados Unidos, el Premio AAU Sullivan, que desde 1930 distingue a la atleta más destacada del país. Un premio que no solo mide resultados, sino también carácter, liderazgo e impacto dentro y fuera de la competición.

Y en su caso, todo eso se queda incluso corto.

Una infancia que no apuntaba a esto

Tatyana nació en Rusia con espina bífida y pasó sus primeros años en un orfanato. No tenía silla de ruedas. Se desplazaba con las manos. Su vida, en ese momento, estaba muy lejos de cualquier idea de futuro deportivo.

Hasta que apareció su familia.

Fue adoptada por Deborah McFadden y Bridget O’Shaughnessy, una pareja de mujeres estadounidenses. Deborah, además de madre, era activista por los derechos de las personas con discapacidad y había trabajado en el desarrollo de leyes clave en Estados Unidos.

Pero más allá de los currículums, hay algo más sencillo y más importante: le dieron a Tatyana una oportunidad. Y un hogar.

Del no puedes al “vamos a cambiarlo”

Ya en Estados Unidos, Tatyana encontró en el deporte algo más que una actividad: un lugar donde ser. Pero el sistema no estaba preparado para ella.

En el instituto no le permitían competir con el resto de estudiantes. No encajaba en las categorías. No sabían dónde ponerla. Así que hicieron lo que tantas familias hacen cuando el mundo no está pensado para sus hijas e hijos:

no se adaptaron al sistema,
lo cambiaron.

Junto a su madre, impulsó una ley en Maryland que garantizara el acceso igualitario al deporte para estudiantes con discapacidad. Hoy se conoce como la “Ley de Tatyana”.

Antes incluso de ser una leyenda, ya estaba cambiando las reglas.

Lo que vino después es difícil de resumir.

16 campeonatos del mundo.
24 medallas mundiales.
8 oros paralímpicos, además de múltiples platas y bronces.

Ha competido en distancias que van desde los 100 metros hasta el maratón. Ha ganado las grandes maratones del mundo. Ha hecho historia siendo la primera persona —con o sin discapacidad— en lograr un Grand Slam de maratones en un mismo año.

Pero incluso en medio de todos esos logros, su discurso sigue siendo otro:

“El deporte tiene un gran poder y una gran influencia. Espero ser recordada como parte del cambio”.

Ser hija de dos madres (y todo lo que eso significa)

En su historia hay muchas capas: discapacidad, adopción, deporte de élite. Y también hay algo que en Madres Lesbianas no pasamos por alto: fue criada por dos madres.

Durante años, se ha cuestionado si las familias LGTB pueden ofrecer estabilidad, referentes o “lo necesario” para que un niño crezca bien.

La vida de Tatyana responde sin necesidad de debate.

No porque haya ganado medallas.
No porque haya roto récords.

Sino porque ha tenido una red, un apoyo y una familia que la ha acompañado para ser quien es.

Y eso es exactamente lo que hacen todas las familias: sostener, cuidar, empujar cuando hace falta y estar.

Tatyana no se ha quedado en el deporte. Es también educadora, activista y voz visible en la defensa de los derechos de las personas con discapacidad.

Ha hablado públicamente de los abusos que sufrió en su infancia y de la vulnerabilidad específica de niñas y mujeres con discapacidad. Ha trabajado con organizaciones, ha dado conferencias y sigue utilizando su visibilidad para abrir conversaciones incómodas, pero necesarias.

Porque hay historias que no basta con vivirlas.
Hay que contarlas.

Lo que realmente importa

Es fácil quedarse con el titular: premios, medallas, récords.

Pero lo verdaderamente importante es otra cosa.

Una niña que no tenía silla de ruedas ahora es una de las deportistas más importantes del mundo.
Una familia que no encajaba en el molde tradicional ha criado a alguien extraordinario.
Un sistema que no la incluía tuvo que cambiar.

Y en medio de todo eso, una idea sencilla, pero poderosa: la vida no va de lo que nos falta, sino de lo que hacemos con lo que tenemos.

Las familias lesbianas no necesitan demostrar nada.
Pero, a veces, el mundo nos regala historias como esta.

Y entonces, sí.
Entonces se hace imposible no mirar.

Madres lesbianas que hacen historia en el Salón de la Fama

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madres lesbianas en el salon de la fama
madres lesbianas en el salon de la fama

Hay logros que se miden en títulos, medallas o estadísticas.
Y luego están los que cambian el relato.

Esta semana, el Naismith Memorial Basketball Hall of Fame anunció a las integrantes de su clase de 2026. Entre ellas, varias figuras legendarias del baloncesto femenino. Pero hay algo más que cifras en esta noticia: hay madres lesbianas ocupando, por fin, el lugar que les corresponde en la historia del deporte.

Candace Parker: ganar, maternar y seguir

Si hay un nombre que resume una era, es el de Candace Parker.

Dos veces campeona olímpica, múltiples veces MVP, y la única jugadora en la historia de la WNBA que ha ganado un campeonato con tres equipos distintos. Su carrera ha sido, simplemente, brillante.

Pero hay otra parte de su historia que también importa.

Parker es madre de tres hijos junto a su esposa, la exjugadora Anna Petrakova. Y no solo fue madre: siguió compitiendo al máximo nivel después de serlo, algo que durante mucho tiempo fue casi impensable en el deporte profesional femenino.

Su trayectoria rompe dos mitos a la vez: el de que la maternidad frena la carrera deportiva y el de que las familias lesbianas deben mantenerse en segundo plano.

Chamique Holdsclaw: talento, historia y vida después del deporte

Otra de las grandes incorporaciones es Chamique Holdsclaw, una de las jugadoras más influyentes de la WNBA en sus primeros años.

Rookie del Año, seis veces All-Star y medallista olímpica, Holdsclaw dejó una huella profunda en el baloncesto estadounidense. Tras su retirada, su vida tomó otros caminos, incluyendo la maternidad: hoy forma una familia con su pareja y sus dos hijos.

Su historia también habla de algo importante: la vida después del deporte, donde muchas mujeres pueden construir sus familias lejos del foco mediático, pero con el mismo significado.

El reconocimiento no es solo individual. También entra en el Salón de la Fama el equipo olímpico femenino de Estados Unidos de 1996, un grupo que marcó un antes y un después en la visibilidad del baloncesto femenino.

Entre sus integrantes encontramos a figuras como Jennifer Azzi, que también es madre junto a su pareja. Muchas de estas jugadoras compitieron en una época en la que ni la visibilidad ni los derechos estaban garantizados, y aun así abrieron camino para las que vinieron después.

Maternidad y deporte: de la excepción a la posibilidad

Durante décadas, ser madre y deportista de élite parecía incompatible. Muchas jugadoras retrasaban la maternidad o renunciaban a ella por miedo a perder su carrera.

Hoy, aunque queda camino por recorrer, el panorama empieza a cambiar.

La WNBA ha incorporado en su convenio mejoras importantes: apoyo durante el embarazo, ayudas al cuidado infantil, espacios de lactancia. Y nuevas iniciativas, como la liga creada por Breanna Stewart, también madre, están empujando hacia un modelo más sostenible.

Porque la pregunta ya no debería ser si una deportista puede ser madre.
La pregunta es: ¿qué necesita para poder serlo sin renunciar a nada?

Más que un reconocimiento deportivo

Que varias madres lesbianas entren en el Salón de la Fama no es solo una buena noticia para el baloncesto.

Es un gesto simbólico poderoso.

Es decirle al mundo que las familias lesbianas también forman parte de las historias de éxito, de esfuerzo y de legado. Que están en las canchas, en las gradas, en las casas… y también en los libros de historia.

Durante mucho tiempo, estas historias no se contaron.
Hoy empiezan a ocupar su lugar.

Señora lesbiana, neurodivergente… y madre: el monólogo que necesitábamos

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señora lesbiana neurodivergente, el monologo que necesitábamos
señora lesbiana neurodivergente, el monologo que necesitábamos

«He de advertiros otra cosa, no soy solamente SL si no que soy SLND.

¿Hace falta que lo explique? Ya veo que sí. ND quiere decir neurodivergente así que si SL es Señora Lesbiana y ND Neurodivergente, ¿qué querrá decir SLND? Todos juntos!:

¡Señora Lesbiana Neuro Divergente!

Es decir, que mínimo un profesional de la salud mental cree, opina que tengo un trastorno o una personalidad psicopatológica. Lo que me situaría al otro lado de la frontera de las personas neurotípicas.

Ser neurotipica es como lo de ser heterosexual, lo que mucha gente entiende por ser normal.

Mira qué caras. Seguro que os estáis muriendo de curiosidad por saber cuál es mi diagnóstico…portaos bien que a lo mejor luego os lo cuento.

A mí me encanta la palabra neurodivergencia. Me parece que las personas desequilibradas hemos ganado cantidad con ese término. Hemos ganado tanto que incluso yo diría que es como si hubiéramos ganado de más, como un superávit de dignidad. Tú dices en una situación cualquiera tipo, en la comida de Navidad de la empresa: Soy neurodivergente, y como casi nadie sabe lo que significa te miran con admiración incluso con envidia, de repente se creen que hiciste un doctorado de neurociencia en Harvard.

De todos modos yo he logrado escabullirme de ser diagnosticada muchos años; para cuando me han pillado tenía ya más de 40, me camuflé muy bien. Así como de adolescente me camuflé igual de bien como heterosexual, incluso para mí misma.

Pasemos a ella, mi mujer,

perdón, me he equivocado, pasemos a ella, mi ex mujer, ex, ex, ex, mujer.

Fue el amor de mi vida, nos casamos y vivimos juntas la odisea de tener a nuestros hijos por el método ROPA, que voy a explicar ahora mismo lo que es porque si algo tenemos las lesbianas es vocación didáctica:

Mi mujer y yo tuvimos a nuestras criaturas de la siguiente forma: una se quedó embarazada con el óvulo de la otra y esperma de donante y con el segundo hijo al revés. ¿A qué es tierno? ¿No es una monada de familia? A la gente hetero en particular es que les fascina, cuando lo oyen por primera vez me dicen: Oooh, qué guai, qué bonito! casi llegáis a hacerlo de la manera normal».

Más allá del monólogo: identidad, maternidad y todo lo que no encaja

“Señora Lesbiana Neurodivergente”. Puede parecer una etiqueta más, pero en realidad es todo lo contrario. Es una forma de reapropiarse del lenguaje, de decir: esto soy yo, con todo lo que incomoda, lo que no encaja y lo que no se esperaba.

Y quizá ahí está lo más potente del texto.

Este monólogo forma parte del trabajo de Paloma Calle, una creadora que lleva años explorando desde el humor, la autobiografía y lo político temas como la identidad, la salud mental, el deseo y las maternidades no normativas. Su escritura —en este caso acompañada por las autoras Gabriela Wiener y Silvia Nanclares— se mueve en ese lugar incómodo y necesario donde lo personal se convierte en colectivo.

Sobre el escenario, lo que podría ser una historia individual se transforma en algo reconocible para muchas: la sensación de no encajar, de haber tenido que fingir, de haber construido una vida fuera del molde… y aun así, sostenerla.

Además, este trabajo podrá verse en funciones especiales con entrada gratuita el viernes 10 y sábado 11 en Madrid, una oportunidad perfecta para acercarse a una propuesta que mezcla humor, vulnerabilidad y mucha verdad.

Hay algo profundamente político en el humor cuando viene de los márgenes. Y este monólogo no es solo gracioso —que lo es—, es también una forma de nombrar lo que muchas veces no tiene espacio: ser lesbiana, ser madre y, además, ser neurodivergente.

El término neurodivergencia no es un diagnóstico en sí, sino un paraguas que engloba diferentes formas de funcionamiento neurológico que se salen de lo considerado “típico”: desde el TDAH hasta el autismo, pasando por otros perfiles cognitivos o emocionales. En los últimos años, el concepto ha ganado fuerza precisamente porque pone el foco en la diversidad, no en el déficit.

Y sin embargo, como ocurre con la orientación sexual, lo “no normativo” sigue implicando muchas veces camuflaje.

Camuflarse como heterosexual.
Camuflarse como “normal”.
Camuflarse incluso para una misma.

No es casual que muchas mujeres —especialmente lesbianas— reciban diagnósticos tardíos. Durante décadas, los modelos de referencia han sido masculinos, y muchas han aprendido a adaptarse, a encajar, a sobrevivir en sistemas que no estaban pensados para ellas.

Maternidad lésbica: entre la fascinación y la incomprensión

Cuando en el monólogo aparece el método ROPA, lo hace desde el humor, pero también desde una verdad muy reconocible: la mirada externa constante.

El método ROPA (Recepción de Óvulos de la Pareja) permite que en una pareja de mujeres una aporte el óvulo y la otra geste, compartiendo así la maternidad biológica. En España es una técnica regulada y cada vez más utilizada por parejas lesbianas.

Y aun así, sigue generando reacciones que oscilan entre la fascinación y la incomprensión.

Ese “qué bonito” que menciona en el texto no siempre es inocente. A veces esconde una idea de fondo: que lo nuestro es curioso, alternativo, casi una versión aproximada de lo “normal”.

Pero no es una aproximación.
Es una familia.

El monólogo también deja entrever otra capa importante: la ruptura.

Porque no todas las historias de maternidad —lesbiana o no— son lineales. Hay separaciones, duelos, cambios de vida. Y cuando hay hijas e hijos en común, esas historias se vuelven más complejas, más reales, más alejadas del relato ideal.

Hablar de una ex mujer, de una familia que fue y que ahora es otra cosa, también es parte de ampliar el imaginario.

Chelsea Gray, estrella de la WNBA, mamá lesbiana, y la preciosa carta a su hijo

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Chelsea Gray, mama lesbiana y estrella de la WNBA y la carta a su hijo
Chelsea Gray, mama lesbiana y estrella de la WNBA y la carta a su hijo

Chelsea Gray, mama lesbiana y estrella de la WNBA, publica en The Players’ Tribune una preciosa carta a su hijo en su segundo cumpleaños. No dejes de leer el texto, que cuenta la preciosa historia de amor entre ambas madres, los miedos, inseguridades y lesbofobia que antaño enfrentaron, y la importancia de la visibilidad y orgullo para empoderarse y para construir su familia.

Estimado Lennox,

¡Mi gran amigo cumple dos años hoy! ¡Feliz cumpleaños, mi pequeño! 🙂 

Estás creciendo tan rápido que la gente ya piensa que tienes tres años. (¡Oye, estoy intentando criar a un gran base aquí!)

Tu cumpleaños me ha hecho pensar en muchas cosas, así que quería escribirte esta carta. Algo para que la leas cuando estés a punto de desplegar tus alas y emprender la gran aventura que la vida te depare. Sé que algún día, cuando seas mayor, empezarás a tener preguntas: sobre mí y tu mamá, sobre tu vida y tu familia. Y quiero contártelo todo.

Empezaré hablando de ti. Cualquiera que te conozca sabe que eres muy gracioso. Eres muy detallista. ¡Y eres un pequeño chef! Te encanta cocinar conmigo y ser mi catador en la cocina. Te subes a tu taburete para estar a mi lado cuando cocinamos juntos. Cortas verduras. Lavas los platos. Lo haces todo. Ha sido genial verte. Hay algo tan dulce en tener un hijo curioso y verlo descubrir cosas nuevas que le encantan y disfruta; esa podría ser la mejor parte de ser padre. Vas a tener tantos intereses y aficiones a medida que crezcas, quién sabe qué te gustará. Soy muy afortunada de poder estar en tu camino, viéndote convertirte en quien eres .

También sabes que «Mamá juega al baloncesto». Vienes a los partidos y, por suerte, no te molesta todo el caos. Sabes, a veces, cuando te veo en el vestuario con el equipo o en la sala de entrenamiento, riendo y jugando con los preparadores físicos, me sorprende lo normal que se siente todo. Cuando me seleccionaron en el draft hace casi 12 años, eso definitivamente no era lo habitual: no veías a muchas atletas llevando a sus hijos. Al menos no en la rama femenina. Todas las madres de la liga, ya sea que llevaran a sus hijos o no, sabes quiénes son porque puedes ver el equilibrio que hacen desde lejos: todas las piezas complejas que implica ser madre y profesional. 

Tengo una historia que contarte. Fue unos 13 años antes de que nacieras. 2011. Soy estudiante de primer año en Duke. Las clases están de vacaciones, así que estoy en Cali, sentada en las gradas de Long Beach State con una amiga. Es entonces cuando veo a tu mamá corriendo de un lado a otro de la cancha jugando al baloncesto. Me inclino hacia mi amiga y le digo: «¿Quién es esa? «. Avance rápido y un par de días después, estoy en un partido de las Sparks. Me levanto de mi asiento y nunca adivinarás con quién me encuentro en las escaleras… Fue como una comedia romántica. Nos reconocimos enseguida y nos reímos. Yo solo digo: «¿Qué es esto? ¿Cómo es que estoy sentada tan lejos y subes las escaleras justo a mi lado?» . Supongo que el universo estaba conspirando… Más tarde esa noche, revisé mi Facebook y vi que tenía una nueva solicitud de amistad: Tipesa .

Fuimos solo amigos por un tiempo, pero me gustó desde el momento en que nos conocimos. Intentamos salir juntas, pero no funcionó. Éramos jóvenes, vivíamos en costas diferentes y teníamos vidas separadas en la universidad. Ninguno de las dos sabía adónde iba esto. Ninguno de las dos sabía si esto tenía futuro. Luego, a finales de 2013, nos volvimos a encontrar cuando Duke fue a jugar contra Cal Berkeley (donde acababa de jugar el equipo de tu mamá), y estábamos en la misma ciudad. Y una vez más, fue como si el destino lo hubiera querido. En mi último semestre en Duke, lo hicimos oficial.

Una cosa que espero, Lennox, es que el mundo en el que crezcas sea más abierto de mente que el mío, y que algún día, cuando leas esto, te sorprendas al saber que no siempre fue fácil ser una mismo para gente como yo y mamá. Era algo que se mantenía en secreto. No fue hasta la preparatoria que realmente comprendí quién era, y aun así lo mantuve en secreto. Incluso en Duke, ocultaba partes de mí. Si alguien me preguntaba si tenía a alguien especial en mi vida, siempre decía: «No, todavía no he encontrado a nadie». No fue hasta que conocí a tu mamá que sentí que realmente quería contárselo a mis padres y a todos mis conocidos.

Pero había mucho que perder al compartir mi verdad en aquel entonces. Por eso, en una de las noches más importantes de mi carrera, la noche del draft de la WNBA, no pude tener a tu madre a mi lado. La llamé cuando estaba en el camerino, cuando por fin pude escaparme un momento, y se emocionó muchísimo por mí. Gritaba por teléfono: «¡VAMOS!». Ella ya había vivido muchos momentos buenos y malos. Entendía lo mucho que esto significaba para mí. Es increíble pensar que solo era el principio.

Es unos seis años antes de que nacieras. 2018. Yo jugaba para las Sparks. Estábamos en Los Ángeles, en el puerto deportivo, y hacía un día precioso y soleado. Ese mismo día llamé a tu madre y le dije: «Oye, mis compañeras quieren alquilar un barco y divertirse, y es el momento perfecto. Estarás libre del trabajo. Podemos encontrarnos allí». Un rato después, estábamos en el puerto deportivo, caminando por el muelle, y tu madre estaba algo enfadada conmigo porque llegábamos 30 minutos tarde. No le gusta llegar tarde (aunque, claro, yo fui quien nos retrasó 30 minutos porque necesitaba que todos llegaran primero). Cuando llegamos, nueve de nuestras amigas más cercanas ya estaban allí. Subimos al barco y, antes de que se diera cuenta, me arrodillé y le pedí matrimonio. (¡Dijo que sí! ¡Sin dudarlo!). Navegamos un par de horas y lo celebramos. Fue perfecto. Y un par de semanas después, cuando estábamos en casa, solo nosotras dos, me sorprendió y me propuso matrimonio.

El 1 de noviembre de 2019 me casé con mi mejor amiga. Siempre recordaré esta parte de mis votos: dije: «Encontré a alguien de quien puedo enamorarme cada día». Cuando pienso en por qué me enamoré de ella, es simplemente por cómo es como persona… la mujer hermosa, ingeniosa y magnética con la que tuve la suerte de encontrarme en las escaleras del Staples Center hace tantos años.

Estamos en 2026. Tengo 33 años. Y Lennox, tengo que decirte, hijo mío, que siento algo parecido por mi carrera que por tu segundo cumpleaños…

O sea, ¿qué…? Esto pasó muy rápido.

Los años siempre pasan más rápido de lo que uno piensa. Al recordar mi trayectoria, pienso en cuántas veces tuve que tomar decisiones importantes que, en última instancia, marcaron el resto de nuestras vidas. Y estoy muy agradecida de poder mirar atrás ahora y saber que las decisiones que tomé fueron las correctas.

Por ejemplo, no siempre fue algo que diera por sentado que crecerías en Las Vegas. Hubo un tiempo en que pensé que pasaría toda mi carrera en Los Ángeles. Así de mucho me gustaba. Ir a Los Ángeles me dio la oportunidad de jugar y también de aprender de futuras leyendas, como tu madrina Candace.

Déjame contarte un momento sobre tu madrina Candace. Nos teníamos un gran respeto y cariño mutuo por nuestra inteligencia baloncestística. La forma en que pasaba el balón en la cancha abierta, orquestaba las jugadas desde el poste y constantemente hacía jugadas decisivas me impactó. Ayudó a cambiar el juego y era muy madura para su edad, así que absorbí todo como una esponja. Siempre hay una jugada dentro de la jugada; eso es algo que aprendí de ella. Y fuera de la cancha, nos hicimos cada vez más cercanas con los años. Nos unió el trabajo, el tequila, las frases ingeniosas de películas (ya sabrás de eso más adelante). Entonces tuvo a su hijo Airr y nos pidió a tu mamá y a mí que fuéramos sus padrinos. Y luego te tuvimos a ti, y ella se convirtió en tu madrina. Diría que Los Ángeles tenía un propósito mucho mayor del que me di cuenta en ese momento. 

La burbuja, en 2020, fue mi última temporada con las Sparks. Recuerdo que ese otoño, durante la agencia libre, estaba en el extranjero y llamé a Candace. Ambas estábamos en nuestros respectivos procesos de agencia libre, pero nos mantuvimos al tanto de todo. Quería volver a jugar con ella, pero mi tiempo había terminado y lo sabía. Tuve varias reuniones con Vegas, un grupo talentoso que no había ganado antes y creían que yo era la pieza que les faltaba. Tenían un núcleo joven, liderado por su estrella A’ja Wilson, y una visión clara de hacia dónde querían ir. Lograron transmitirme esa visión de una manera que se sentía real . Estaban armando un equipo que no solo sería bueno por uno o dos años, sino por muchos años más. Ya había ganado un campeonato con Los Ángeles, pero escuchar sus planes revitalizó algo en mí. Salí de nuestra última reunión convencida de que podía ser esa pieza que me faltaba.

Así que decidí ir, pero estaba nerviosa porque pensé: bueno, estoy haciendo un gran cambio en mi vida. California se sentía como mi hogar. ¿Cómo será Las Vegas? Y supongo que esa es solo una lección sobre confiar en tu instinto, Lennox, porque diría que me ha funcionado bastante bien. Perdimos en las semifinales mi primer año allí. Pero en 2022, Becky llegó y cambió la cultura de los Aces. Tomó lo que teníamos y creó algo que era suyo. Todos eran nuevos y estaban tratando de entenderlo. Así que creó este vínculo, química de equipo y cercanía. Y sin importar qué, íbamos a apoyarnos mutuamente y resolver esto. Terminamos la temporada 26-10 con una entrenadora novata. Fuimos a los playoffs, luego a la final. Y ganamos. Pero no solo ganamos el campeonato, Lennox. Llegamos.

Han pasado dos años desde que naciste… Tus películas favoritas son Buscando a Nemo , Buscando a Dory , El espantatiburones y El Rey León . Eres inteligente y aprendes rápido. Eres un niño seguro de sí mismo. Tan seguro que crees que puedes hacer cualquier cosa. Es una de mis cualidades favoritas de ti, así que mamá y yo te damos mucha libertad para que pongas a prueba tus habilidades (con la supervisión adecuada, por supuesto). Te encanta correr, placar y jugar en la tierra. El baloncesto es tu deporte favorito, pero el fútbol le sigue muy de cerca. Te encanta perseguir pájaros y las olas. Y antes de ir a dormir, casi todas las noches, te sientas a mi lado en el suelo y juegas con tus dinosaurios y camiones.

Es increíble pensar que llevo 11 años en la liga, y dos de ellos contigo. Últimamente he pensado mucho en eso, sobre todo estando en el segundo año de Unrivaled y rodeada de talento aún más joven. Sinceramente, es un motivo de orgullo personal haber ayudado a ser pionera en esto, y es una alegría verlos ahí pasándoselo en grande. Momentos tan divertidos como ser coronada campeona de Unrivaled 1 contra 1 son aún más especiales porque estás en primera fila, animándome. Estabas tan emocionada por mamá 🙂 En definitiva, mi esperanza con Unrivaled es que siga siendo una oportunidad para que los jugadores más jóvenes mejoren y hagan crecer el juego con sus voces, como lo hizo mi generación y la anterior. Que puedan ser más fuertes, más audaces, más auténticos en todos los sentidos. Me enorgullece mucho compartir mis conocimientos. El aspecto que tendrá el juego cuando lo deje… creo que ese será mi legado. Cuando llegue ese momento. 

Pero por ahora, sigo disfrutando del viaje. Y espero que tú también lo estés disfrutando, X-man. Al final del día, solo quiero lo que todo padre quiere: que mi hijo tenga una experiencia mejor que la mía. Simplemente creo que es genial que estés rodeado de tantas otras atletas increíbles y sus hijos. Mi deseo para ti es que cuando te sientes a leer esto algún día, como el joven brillante, aventurero y talentoso en el que sé que te convertirás, comprendas lo valiosa que es esta vida y hagas algo con ella y tengas grandes recuerdos en el camino. Pero ahora mismo, solo eres un niño pequeño disfrutando de mamá jugando al baloncesto, y estoy bien con eso. Quizás cuando seas mayor, no recuerdes nada de esto. Pero yo sí.

Te quiero siempre,

Mamá

Fallo histórico en Colombia: La Corte reconoce a dos madres lesbianas el derecho a la licencia de maternidad

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La Corte de Colombia concede derecho a baja maternal a dos madres lesbianas
La Corte de Colombia concede derecho a baja maternal a dos madres lesbianas

Hay historias que empiezan como un deseo íntimo y acaban cambiando la vida de muchas personas.
La de Paola y Andrea es una de ellas.

Como tantas parejas de mujeres, decidieron ser madres en Colombia. Lo consiguieron. Y durante un momento, todo fue lo que esperaban: la llegada de su bebé, Marcos, el inicio de una nueva vida, el vértigo y la felicidad de maternar.

Hasta que el sistema les recordó que no estaba pensado para ellas.

A una de las dos —la madre no gestante— su aseguradora de salud le negó la licencia de maternidad. En su lugar, le ofrecieron una de paternidad. Como si en esa familia solo pudiera haber una madre de verdad.

Cuando la ley no entiende a tu familia

La respuesta no era solo un trámite administrativo. Era un mensaje: tu forma de maternar no encaja aquí.

Pero Paola y Andrea no lo aceptaron. Incluso en medio del embarazo y los primeros meses de vida de su hijo, decidieron pelear. Lo que empezó como una reclamación terminó llegando hasta la Corte Constitucional de Colombia.

Y allí ocurrió algo importante.

La Corte no se limitó a resolver su caso. Lo elevó a una sentencia unificadora (SU-068 de 2026), una de las decisiones más relevantes que puede tomar el tribunal, precisamente porque reconoce que lo que está en juego no es solo una historia individual, sino un problema estructural.

El fallo es claro: negar la licencia de maternidad a la madre no gestante vulnera derechos fundamentales. No solo el suyo, sino también el del bebé.

Porque aquí hay algo clave que durante años se ha ignorado:
maternar no es solo gestar.

La Corte reconoce que ambas madres ejercen el cuidado, que ambas pueden alimentar, criar, sostener y vincularse con su hijo desde el primer momento. Y que el sistema no puede seguir funcionando bajo la idea de que solo existe un modelo de familia.

En palabras del propio tribunal, lo que debe primar es el derecho al cuidado.

Y eso lo cambia todo.

De lo individual a lo colectivo

El caso de Paola y Andrea no surge en el vacío. En 2022, la misma Corte ya había reconocido la posibilidad de licencias parentales compartidas en parejas del mismo sexo. Pero aquello se quedaba corto para realidades como esta, donde dos mujeres no solo comparten la crianza, sino también funciones tradicionalmente asociadas a la maternidad, como la lactancia.

Por eso esta sentencia va más allá.

No habla solo de permisos laborales. Habla de reconocimiento. De nombrar correctamente lo que somos.

Como explicó la abogada Dayana Blanco, implicada en el caso:

“Cuando las mujeres lesbianas deciden formar familia, ni el Estado ni el derecho pueden limitar la forma en la que ejercen el cuidado y la maternidad”.

Mientras todo esto ocurría —recursos, escritos, tiempos judiciales— Marcos crecía.

Entre noches sin dormir, consultas médicas, primeras sonrisas y todo lo que implica la llegada de un bebé. Porque la realidad de las familias no se detiene mientras el sistema decide si existes o no.

Aun así, ellas siguieron.

Porque entendían que no era solo por ellas. Que lo que estaban haciendo tenía un impacto más grande.

Lo que cambia esta sentencia

Esta decisión no es solo una victoria legal. Es un precedente.

Obliga a repensar un sistema que todavía funciona con una idea de familia que ya no es la única. Y lanza un mensaje claro:
las familias lesbianas existen, cuidan y deben ser protegidas en igualdad de condiciones.

También pone sobre la mesa algo fundamental:
las licencias no son solo una prestación económica, son una herramienta para garantizar el cuidado y el bienestar de los bebés.

Y ese cuidado no entiende de modelos tradicionales.

Nombrar, reconocer, avanzar

La historia de Paola y Andrea es la de muchas familias que se encuentran con un sistema que va por detrás de la realidad.

Pero también es la prueba de que las cosas pueden cambiar.

Que cuando una familia se planta y dice “esto no está bien”, puede abrir camino para otras.

Y que, poco a poco, el derecho empieza a parecerse más a la vida.

A la vida real.

A la de dos madres, un bebé y una certeza:
cuidar también es un derecho. Y debe ser reconocido como tal.

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