Cuando hay una madre “favorita”: cómo se vive y se maneja en las familias lesbomarentales

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cuando hay una madre favorita en las familias de dos mamás
cuando hay una madre favorita en las familias de dos mamás

En muchas familias con dos mamás hay un tema del que se habla poco, pero que se siente mucho: cuando los hijos parecen preferir claramente a una de las madres. “Solo quiere que la duerma mamá”, “si se hace daño me llama a mí”, “cuando está cansado no me quiere cerca”. Y aunque pasa en todo tipo de familias, en las lesbomarentales puede vivirse con una intensidad especial.

Porque no solo está el vínculo con el hijo. Está también la pareja, la igualdad, el miedo a ocupar un lugar secundario… y la pregunta silenciosa: ¿estoy fallando como madre?

Primero, desmontar el mito: la madre favorita no es un error

La psicología infantil es clara: los niños no aman menos a la otra madre, simplemente buscan seguridad en la figura que en ese momento les resulta más reguladora. Esto puede variar según la edad, la etapa evolutiva, el carácter del niño o incluso el contexto (cole, cansancio, cambios, enfermedad).

En muchas ocasiones, la madre “favorita” es la que:

  • pasa más tiempo con el niño en una etapa concreta,
  • gestiona más las rutinas (sueño, comidas),
  • tiene una respuesta emocional más predecible,
  • o simplemente conecta mejor con su temperamento.

Nada de esto invalida a la otra madre. No es una competición. Es una dinámica.

El impacto emocional en la madre “no elegida”

Aquí es donde duele. Porque racionalmente se entiende, pero emocionalmente cuesta. Aparecen sentimientos de rechazo, celos, tristeza o incluso culpa. Y muchas mujeres se lo guardan, por miedo a parecer inmaduras o egoístas.

Nombrarlo es clave. Sentirse desplazada no te hace mala madre ni mala pareja. Te hace humana.

Lo que sí conviene evitar es retirarse emocionalmente (“si no me quiere, paso”), competir por el afecto del niño o exigirle cariño. El vínculo no se fuerza: se cultiva.

La madre favorita también carga con peso

Curiosamente, la madre preferida tampoco lo tiene fácil. Puede sentirse sobrecargada, sin descanso, culpable por el dolor de su pareja o atrapada en un rol del que no sabe salir.

Por eso, esto no va de una contra la otra, sino de equipo.

Claves para manejar esta situación en pareja

  • Habladlo sin reproches, en un momento tranquilo. Lo que no se nombra se enquista.
  • Reafirmad el proyecto común: el hijo tiene dos madres, no una principal y una secundaria.
  • Acordad espacios exclusivos entre el niño y la madre menos demandada, sin forzarlos, pero cuidándolos.
  • No desautorizar ni corregir delante del niño, para no reforzar jerarquías.
  • Repartid tareas invisibles, no solo las visibles (quien consuela, quien duerme).

Recordar algo esencial: los vínculos cambian

La preferencia no es permanente. Cambia con el tiempo, con las etapas, con la vida. Muchos niños que hoy reclaman solo a una madre mañana buscan a la otra. Y eso no borra nada de lo construido antes.

En las familias lesbomarentales, donde muchas veces ambas madres han luchado mucho por estar ahí, este tema toca fibras profundas. Por eso es tan importante mirarlo con ternura, sin culpa y sin comparaciones.

Porque ser madre no es ser la favorita, es estar disponible. Y eso, aunque a veces no se vea, deja huella para siempre.