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Fallece Callie, la bebé a la que negaron una donación por tener madres lesbianas

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callie, hija de madres lesbianas

En la vida pueden pasarte cosas buenas y malas, eso lo sabemos todos. Pero más allá de esto, más allá de las cosas malas, pueden también pasarte cosas terroríficas, dolores tan profundos y tan intensos que parecen inhumanos.

La muerte de un hijo pertenece a este terreno, el oscuro submundo donde tu vida cambia para siempre.

Desde aquí acompañamos en el sentimiento a Albree y Tiffany, las mamás de Callie, y a Tayler, su hermano de 8 años.

Si no conoces la historia te pongo al día. Callie cumplió 3 años en julio. En enero del año pasado sus madres sufrieron el primer episodio terrorífico, el diagnóstico de su pequeña: neuroblastoma avanzado con metástasis en los ganglios linfáticos y los huesos.

Enfermar en Estados Unidos, un país sin seguridad social que puede dejar morir a personas en las puertas de los hospitales, no es fácil. A pesar de tener seguro de salud el seguro de Callie no cubría todos los tratamientos (ya sabéis, la letra pequeña), por lo que las madres debían juntar altas cantidades de dinero, lo que era imposible teniendo en cuenta que Albree tuvo que dejar sus tres trabajos para cuidar 24 horas a Callie y que Tiffany tuvo que conciliar para poder cuidar de Tayler.

Por eso iniciaron una campaña para pedir ayuda. El caso se volvió viral cuando una mujer, conmovida con la enfermedad de Callie, donó 7.600 dólares, pero al enterarse de que la bebé tenía dos mamás, retiró inmediatamente la donación.

“Mis oraciones por Callie. Iba a donar 7.600 dólares (6.778 euros), pero descubrí que sus madres son lesbianas. Por ese motivo he decidido donarlo a St. Jude. Lo siento. Aun así, rezaré por ella, pero quizá es la forma que tiene Dios de decir que ella necesita una mamá y un papá, no dos mamás”, rezaba el mensaje, firmado bajo el nombre de Bren Marie.

Crueldad absoluta. ¿Te imaginas lo que es tener que luchar contra un cáncer devastador a la vez que debes enfrentar la lesbofobia en el momento en que estás más débil?

Afortunadamente Callie encontró a mucha gente generosa a la que no le importaba qué tipo de familia tenía, sino que su recuperación.

Callie, sus mamás y su hermano

Pero a pesar de que lograron reunir 100 mil dólares, a pesar de que día a día durante más de un año fueron publicando los avances y retrocesos de la enfermedad de Callie, la batalla se perdió.

Éramos muchas las que en redes sociales seguíamos el avance de Callie. Mi hijo tiene la misma edad y mi madre falleció de cáncer, por lo que me sentía emocionalmente muy ligada a su historia.

Albree y Tiffany hicieron lo imposible y más. Se levantaban rápidamente de los retrocesos de Callie y seguían luchando, buscaron tratamientos tradicionales y terapias experimentales, viajaron con la pequeña en un helicóptero medicalizado por hospitales en el país.

Lo hicieron todo, pero la enfermedad avanzó cruel. Hace un par de semanas, cuando el pronóstico era el peor de todos decidieron sacarla del hospital y llevarla a casa, rodeada del amor de su familia, estaban organizando una navidad en octubre para que la pequeña, amante de Peppa Pig, pudiera vivirla.

Pero ni a eso pudo llegar. Callie falleció el día 16.

Callie, pequeña luchadora, de un cáncer letal y una lesbofobia abrumadora, descansa en paz.

Ser mamá como heterosexual y como lesbiana, mi surrealista experiencia

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Ser mamá como lesbiana y como heterosexual
Ser mamá como lesbiana y como heterosexual

Me llamo Lourdes y tengo 42 años. Soy mamá de dos niñas maravillosas, y a cada una la he tenido en distintos momentos de mi vida.

El proceso ha sido el mismo para las dos criaturas. Óvulo fecundado se desarrolla dentro de mi, me crece la panza, entre 38 y 41 semanas después doy a luz a una cosa pequeña y sonrosada.

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Lo único que ha cambiado en cada momento es la forma en que he definido mi orientación sexual. Cuando nació la mayor yo tenía 28 años y pensaba que era heterosexual (qué equivocada estaba), y me quedé por descuido con un chico con el que estaba saliendo, que era muy majo pero que no me enamoraba (ya me di cuenta después por qué).

A la menor la tuve con 36 años. Ya llevaba cinco años de relación con quien sentía que era la mujer de mi vida, estaba muy enamorada (actualmente estamos separadas pero eso no quita que seamos muy buenas amigas y que la siga queriendo mucho).

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Mis hijas tienen 14 y 6. Soy la misma madre, pero mi orientación sexual ha hecho un mundo de diferencia entre cada experiencia.

Con la mayor todo fue normal, por decirlo de alguna manera. Aunque su padre y yo nunca tuvimos una relación estable, él es un buen tío y ejerce como buen papá, aunque la niña vive conmigo.

Los comentarios de la gente de mi alrededor (familiares, amigos, compañeros de trabajo) fueron siempre del estilo de: qué mona es la niña, eres muy valiente por tenerla aunque no estéis juntos, qué tal le va en el cole, etcétera.

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Y quizás porque tengo esa experiencia me pareció surrealista lo que como mamá lesbiana de la pequeña tuve que vivir.

Algunas perlas: «¿pero tú estás segura de que gustan las mujeres?» (jamás escuché: ¿pero estás segura de que te gusta ese chico?), «¿y si tienes el bebé tu sola y lo criais juntas? Porque quizás le hagan bullying en el cole por tener dos mamás», «¿quién es la mamá mamá?» (referido a quien la gestó), «¿fue muy difícil tener un hijo con otra mujer?» (pues no, fíjate, más difícil fue tener un hijo con un tío que no era tu pareja), «ah, ¿eres lesbiana? Mi mejor amigo es gay, o mi prima o vecina es lesbiana también» (ajá, pues dale mi número y montamos un club).

Ser mamá como heterosexual y como lesbiana tiene bastantes diferencias, aunque a veces pensemos que está todo conseguido. Incluso para mi. Por ejemplo con la mayor no prestaba atención a los dibujos que veía, ahora sí busco dibujos más inclusivos para la pequeña donde no todo sea mamá y papá.

Lo mismo los cuentos infantiles, antes daba un poco igual, ahora mi ex y yo nos volvemos locas buscando esos que hablen de todo tipo de familias.

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Desde mi experiencia solo puedo decir que aún falta mucho por luchar y conseguir, en referentes y en prejuicios de la sociedad.

Mis hijas son felices y eso es lo más importante para mi, pero yo a veces me desespero. Solo queda seguir luchando.

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Madres lesbianas se unen en Perú para ser reconocidas como madres de sus hijos

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Karenina Álvarez y Morayma Rejas

Hace 15 años esto mismo sucedía en España. Era triste a la vez que indignante. Injusto.

Y lo más triste es que sigue sucediendo en la mayoría de los países del mundo. Que tú, una mujer lesbiana, decides tener un hijo con tu pareja, otra mujer.

La emoción y los nervios del tratamiento, la alegría de un positivo en el test de embarazo, la más sobrecogedora de felicidad de coger a tu recién nacido en brazos y verle la carita por primera vez. El agotamiento de las noches donde no duerme o donde simplemente no entiendes por qué llora. La exaltación de ver cómo crece, como aprende cosas, y las lágrimas que se te asoman por los ojos cuando te dice por primera vez mamá o mami.

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Todas esas cosas se sienten exactamente igual cuando eres la mamá que gesta a tu hijo o la que no. Todas esas cosas se sienten exactamente igual si en el libro de familia figuras como mamá legal o ni apareces. Un papel no cambia las cosas, pero a la vez, lo cambia todo.

En España hace más de 15 años, y en Perú, no existe el matrimonio igualitario ni la filiación de hijos. Si tú y tu pareja tenéis un hijo solo la que lo ha parido figurará como madre soltera de ese niño. Tú, su otra y legítima madre, no eres nadie ante la ley.

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Si la madre gestante fallece, no tienes derechos sobre ese niño, si tu hijo está hospitalizado no tienes derecho a entrar. No eres nadie, aunque para tú hijo lo eres todo.

La Asociación de Familias Homoparentales Perú nació hace menos de dos años y ya tiene 170 miembros. Madres y padres que luchan por la igualdad, puesto que, por ejemplo, una pareja heterosexual puede inscribir a su hijo sin estar casados, y sin que haya pruebas, por ejemplo, de que el que figurará como padre lo sea realmente.

Para acercarte a esta realidad te contamos de tres familias de madres lesbianas y su lucha.

Jenny Trujillo y Darling Delfín

Dakari y sus dos mamás

Esta pareja lleva 4 años luchando para ser reconocida como madres de su hijo Dakari. Nació en México y ahí si que se le reconoce como hijo de dos mamás. Pero el Estado peruano sigue con su negativa de no reconocerlas. Están emocionalmente agotadas pero no detendrán su lucha. Por su familia y por todas las demás.

Morayma Rejas Bonilla y Karenina Álvarez Johnson

Karenina Álvarez y Morayma Rejas
Karenina Álvarez y Morayma Rejas

Ellas cuentan, entre risas, que se conocieron en una cárcel, visitando a una amiga en común. En ese momento, hace 10 años atrás, Karenina tenía otra novia, con quien tuvo a su hija Zoe. Como no fue la madre gestante, al separarse, solo puede ver a su hija los fines de semana.

En 2016 se casó simbólicamente con Morayma. Juntas son madres de Diego, de 3 años. “Yo no considero que tenemos que esperar que haya una ley de matrimonio igualitario porque nuestras familias existen. […] Necesitamos una ley de comaternidad o copaternidad que nos ayude a poder tener algún poder sobre nuestros hijos. ¿Por qué Dieguito no puede recibir herencia de su otra mamá? ¿Por qué tiene que recibir herencia de una sola rama? ¿Por qué no puede llevar su apellido? Cuando en realidad su apellido es parte de su identidad”, dice Morayma, la mamá no gestante.

Vannia Gozzer Sánchez y Fiorella Henriquez Cruz

Vannia Gozzer Sánchez y Fiorella Henriquez Cruz

Esta pareja lleva ya 13 años de amor. Llevan 8 años planeando una familia, y por fin, después de tratamientos de reproducción asistida fallidos, después de muchas conversaciones entre ellas sobre cómo serían las cosas, qué pasaría si se separaban, cómo harían si una de ellas tenía que irse a trabajar fuera del país, después de todos los acuerdos el 20 de agosto nació Gianluca en Panamá.

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“El primer obstáculo que va a tener Gianluca es que entrará como turista. Él merecería entrar con la nacionalidad peruana, pero él no va a poder entrar como peruano. Él tendrá que ingresar con su pasaporte turista panameño y va a tener que entrar y salir constantemente del Perú hasta que se logre alguna de las opciones, que es que pueda ser primero residente—que es el camino más “fácil” pero que también puede ser súper largo—, o logre la nacionalidad que podría durar años de años”, lamenta Gozzer.

Cuando eres lesbiana y tu hija también

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madre e hija lesbianas
madre e hija lesbianas

Hace ocho años me divorcié de mi marido. En ese momento mis hijos Alfonso y María tenían 14 y 12.

Se quedaron viviendo conmigo y los fines de semana veían a su papá. Yo descubrí bastante tarde que realmente era lesbiana (a los 37 años), y es que no es algo que cuando era adolescente se presentara como una opción, y cada vez que sentía una especie de enamoramiento por una chica pensaba que solo era admiración o amistad.

Dos años después del divorcio conocí a la mujer con la que comparto mi vida, y con quien estoy casada desde hace cinco. De esta unión ha nacido nuestro hijo Gorka, que tiene tres.

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Me identifico como mujer lesbiana, felizmente casada con mi esposa y orgullosa mamá de mis niños de 22, 20 y 3 años.

Hace un año mi hija María me contó que era lesbiana. A pesar de reconocerme como lesbiana orgullosa creo que hay cosas que quedan de mi pasado y de esa lesbofobia interna porque mi primer pensamiento fue: ¿será por mi?, ¿la habré influenciado? ¡Mirad qué ridiculez!

Mi esposa me ayudó a entender que estaba siendo prejuiciosa por las enseñanzas que había recibido, no es que me estuviera copiando ni nada, ¡es que era la orientación sexual de mi hija!

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Pero claro, nuestra familia pensó que yo tenía algo que ver, además como había pasado su adolescencia en una casa con dos mamás, lo vio como algo normal, me dijo una prima. Sí, tienes razón, le dije yo, lo vio como algo normal, justamente como lo que eso.

Mi hija tiene una novia, otra chica igual de maja y adorable que ella. Envidio sanamente que esté viviendo su sexualidad libremente, me doy cuenta de lo importante que es normalizar las cosas para sentirte libre de ser quien eres desde el principio, sin miedo.

Ella me lo contó con tal naturalidad… «¿Sabes mamá, me gusta mucho Alicia y creo que yo a ella también». Así, qué simple, ¿no?

Desde que mi hija y yo nos identificamos como lesbianas me siento más empoderada. La visibilidad me parece importante, no solo para mi, también para ella.

Ya nos reímos mucho porque mi hijo Alfonso dice: hasta que Gorka no se manifieste con su sexualidad parece que soy el único hetero de la casa, ya sé como se sienten las minorías.

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Yo, una mujer lesbiana soltera, me aventuré a ser mamá sin pareja

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madre soltera lesbiana
madre soltera lesbiana

Cuando dije que quería tener un hijo y que empezaría a mirar clínicas de fertilidad, mis amigas me miraron ojipláticas.

«¿En serio? ¿Pero tú sola? ¿Pero qué te ha dado? Pero si tu vida está bien así como está», «No sabes realmente lo que es tener un hijo», «no es como tener un perro, te amarras toda la vida».

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Las entiendo. No les pegaba nada verme como mamá. Siempre fui la ligona del grupo, la que no se perdía una fiesta, la rompecorazones, la que no tenía ninguna relación que durara más de tres años.

Pero simplemente sentí esas ganas y a mis 36 años de ese momento no me apetecía esperar más, tampoco me fiaba del «cuando te enamores y sientas que es la mujer de tu vida querrás tener hijos en pareja». No es mi caso, quizás el de otras, pero el mío no.

Me hice una inseminación artificial con semen de donante. No resultó. Me hice otra. Tampoco. Drama, me dolió más que cualquier ruptura. Me hice una tercera y… ¡bingo!

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A los lagrimones de emoción que siguieron a ver el test de orina positivo, prosiguió el terror. ¡Qué he hecho! ¿Qué será de mi vida? Ahora tengo un hijo, aunque sea del tamaño de una semilla, pero ya no me pudo desprender de él. ¿Y si me canso como de las chicas?

Fui una montaña rusa de emociones durante 40 semanas. En esas seguí teniendo citas por tinder y liándome con chicas, les hacía gracia que estuviera embarazada, y a más de una le ponía.

Llegó el momento. El súper momento. 24 horas de parto (y mi pensamiento de jamás vuelvo a pasar por esto), mis amigas y familiares llenando la habitación… hasta que apareció él: Hugo.

Me miró, nos miramos. Y sentí el amor más devastador e irreversible. A continuación se enganchó a mi teta y ahí se quedó dos años.

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¿Cómo es ser mamá soltera? Es una jodida maravilla. Yo sigo enamorada de mi hijo, esto solo ha ido a más. Tomo las decisiones yo, no tengo esas típicas discusiones que mis amigos y amigas en pareja y con hijos tienen. No hay conflicto. Todo es a mi manera.

Cuando Hugo tenía 20 meses sentí que aunque lo dos estábamos muy bien, quería que tuviera a alguien más, no solo a mi, así que en una terraza tomando algo con mis amigas les conté: quiero tener otro hijo, me voy a embarazar otra vez.

La misma reacción que años atrás. «Pero tú estás loca», «con uno es fácil», «no sabes lo que es tener hijos» (esto me hace gracia porque ellas no tienen ninguno», «te has confiado porque Hugo es un sol, pero el otro puede salirte un coñazo», etcétera.

Me reí, al final, como siempre, hago lo que me da la gana. Hace dos semanas nació Martín, afortunadamente en un parto mucho más corto… Y cuando estaba yo ahí pensando que claro que le querría, obvio, era mi hijo, pero que ni de cerca como quería a Hugo, ya estaba la vida mostrándome lo poco que sabía del amor.

Otra vez me atravesó como una espada ese amor irreversible. ¿Cómo se puede amar así, tan profundamente, a una personita que conoces hace dos semanas solo? Es tan intenso como mi amor hacia Hugo, pero diferente. Mi bebé mayor y mi bebé pequeño. Dormimos los tres en la misma cama, me ha salido toda la parte mamífera con estos cachorros.

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Ser mamá soltera de dos tiene sus partes buenas y malas. Te falta tiempo, no quieres quitarle atención al mayor, pero tienes un recién nacido, así que opto por llevarlo colgado y pegado a mi cuerpo mientras cocino, ceno con Hugo, vemos los dibujos y jugamos. Mi familia y mis amigas son el mejor apoyo, y aunque se los quedan y me ayudan, la verdad es que en el día a día estamos solos los 3.

Me siento afortunada. Disfruto. A veces no he tenido tiempo ni para comer un yogurt, pero intento tomármelo con humor, después de todo esta etapa no volveré a vivirla.

¿Y las chicas? Pues de momento nada de citas, nada de tinder, el cuerpo no me lo pide. El cuerpo me pide hibernar con mis ositos. ¿Y para lo demás? Pues el satisfayer.

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Una pareja de lesbianas adopta a 4 hermanos para que no los separaran

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pareja de lesbianas adopta a 4 hermanos

Cecilia y Marisela se conocieron hace quince años, y hace trece se hicieron novias, ambas viven en Argentina.

Cuando empezaron su relación tenían 23 y 25 años, y tal como dicen en ese momento no pensaban si quiera en tener hijos, estaban tranquilas y relajadas disfrutando su relación.

En 2010 Argentina aprobó el matrimonio igualitario y la filiación de hijos. Cecilia y Marisela se casaron y comenzaron las ganas de formar una familia.

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«Fueron siete intentos (tratamientos de fertilidad) desde 2016 hasta comienzos de 2018 cuando dije basta. De todos modos, siempre habíamos hablado de la posibilidad de adoptar, el problema era que para nosotras era algo completamente desconocido y todos nos decían que era muy difícil», cuenta Cecilia en una entrevista a Somos Familia.

«En agosto de 2018 llenamos la planilla en el Registro de Adoptantes de la provincia de Buenos Aires, hicimos todos los trámites y al poco tiempo nos llamaron del juzgado de la Matanza para hacer los primeros informes. Fueron varias entrevistas y también vino una asistente social a casa», explica la pareja.

Cuando piensas en adoptar seguramente piensas en un bebé o un niño pequeño, que es lo que la mayoría busca en los trámites de adopción. Y piensa en uno, a lo sumo dos. ¿Pero cuatro? ¿Y niños mayores? Sin duda estamos hablando de unas súper mamás.

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«En enero de 2019 teníamos el apto y en marzo vi una convocatoria pública de aspirantes sobre tres hermanitos en estado de adoptabilidad en Misiones. Mandé un mail al registro de la provincia y me contacté con la directora del Registro de Aspirantes a la Adopción de la provincia de Misiones (RUAAM)».

Los 3 hermanitos de los que les hablaron tenían 10, 11 y 14 años. Había un cuarto que tenía 17, pero ese no quería ser adoptados. Para conocerlos condujeron 12 horas, hasta Misiones, el pueblo donde se encontraban.

El primer día se encontraron con los dos más pequeños. «Eli no dijo nada y Joaquín que en ese momento tenía doce años, nos sorprendió con la primera frase: ‘Hace siete años que espero por este momento’. Fue muy fuerte porque de todas las cosas que habíamos pensado, nunca habían imaginado que íbamos a escuchar esa respuesta», confiesan.

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Por la tarde se encontraron con el niño de 14 años, Gastón. «Él tiene una discapacidad y no nos habló, solo nos miró. Si bien fue más complicado al principio, con él todo fue conocernos y la vinculación, una cuestión de abrazos«.

Ya más tarde se encontraron con Álex, de 17.  «Estaba muy serio. (La encargada) Nos dijo que podíamos intentarlo, pero que él no estaba dentro del proceso de vinculación. Además, nos contó que se había autoexcluído de la convocatoria para que sus hermanos tuvieran más posibilidades de ser adoptados».

Cecilia y Marisa alquilaron un piso para poder quedarse dos semanas en Misiones y conocerlos mejor. Ellos quisieron irse al piso con ellas. «Fueron quince días viviendo los seis bajo el mismo techo y nos enamoramos».

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Alex, que en un principio había renunciado a ser adoptado, cuenta él mismo la historia de cómo de esa negativa llegó a formar parte de la familia: «Cuando llegaron, yo no estaba en los planes, pero quise vincularme para poder seguir en contacto con mis hermanos. En el medio nos encariñamos y gracias a Dios decidimos irnos todos juntos a casa. Estoy muy feliz, muy contento. Solo me piden que haga mis deberes».

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Los 4 hermanitos disfrutando de su nueva vida

Cecilia cuenta que después de conocerse: «Nos volvimos los cinco en el auto y Marisela regresó en avión. Yo manejando y Alexis cebándome mate durante las doce horas del viaje. Lo único que queríamos era llegar. Ya en Buenos Aires conocieron al resto de la familia. Ellos aman a sus abuelos y a sus primos. Son puro amor. Cuatro personas excepcionales, estamos muy orgullosa de ellos», afirman.

Cecilia reflexiona sobre la manera en la que formaron su familia y aclara: «Por ahí una se pregunta ‘por qué no puedo quedar embarazada y la vida tiene otros planes para vos y son los mejores». 

¿Qué os ha parecido esta historia? A nosotras nos ha encantado, qué maravillosa manera de formar una familia.

Una madre lesbiana se vuelve viral en twitter. Y es por esta magnífica razón

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madre lesbiana se vuelve viral

Todas las que tenemos hijos y hemos formado hogares que no pueden catalogarse como «tradicionales» sabemos lo que es luchar contra un sistema.

Las familias diversas nos hemos encontrado muchas veces con formularios y trámites que implican una mamá y un papá, con cientos de dibujos animados y libros infantiles con «papá y mamá» y millones de referencias constantes.

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Una madre, que sin duda me representa, se ha hecho viral en redes sociales. Está harta, al igual que yo y seguramente muchas de vosotras, con el lenguaje que muchos profesores usan para referirse a las familias de los niños. Ejemplos: «Este fin de semana cuando salgáis con mamá y papá», «Cuando cenéis con mamá y papá», «cuando leáis un cuento con mamá y papá», etcétera.

¿Agotador, no? Sobre todo porque muchos profesores son conscientes de que sus alumnos tienen familias diversas, familia monoparentales u homoparentales, incluso varios que son cuidados por sus abuelos o tíos.

Sirry Alang, profesora de Pensilvania, recurrió a twitter para otra vez explicar que los niños tienen diversos tipos de familias, algunos tienen dos progenitores del mismo sexo o contrario, y otros solo uno. Incluso hay muchos que no tienen ninguno.

«Maestros, nuestras conferencias de clase se transmiten en los hogares de todos. La cantidad de veces que la maestra ha dicho «tu mamá y tu papá» a la clase de mi hijo es exasperante».

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En su hilo también explicó que otro niño, compañero de la clase de su hijo, en un momento corrigió a su maestra sobre la configuración de su familia, porque a él y a su hermano los cuida la abuela.

Otra niña aprovechó el momento para decir que ella no tenía papá, y el hijo de Sirry también tomó la palabra con una genial explicación: «No tengo un papá y está bien porque mi mamá dijo que hay diferentes tipos de familias. Aunque yo quisiera un papá, ella es gay. Gay significa que ella solo sale con mujeres«.

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Madre lesbiana se hace viral

¿Os ha pasado a vosotras? Me ha gustado mucho el comentario de esta madre y también todas las respuestas de apoyo y sugerencias para referirse a las figuras de cuidado. Yo simplemente prefiero que se emplee el más simple y más inclusivo: tu familia.

Ella 3 hijos, yo 2. Como dos mujeres divorciadas de nuestros maridos formamos una familia

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Dos mujeres divorciadas se enamoran

Desde Chile sigo esta revista y me encanta. Si hace diez años atrás me hubieran dicho que hoy estaría contando mi historia en una revista de madres lesbianas no me lo hubiera creído.

Pero lo lindo de la vida es que te sorpresas. Hace diez años yo me estaba casando con mi pololo (novio) de la universidad. Llevábamos juntos toda una vida, por así decirlo. Tuvimos dos hijos juntos, Cata, que tiene 7 y Vicente que tiene 5.

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Cuando estaba embarazada de Vicente me pasó que vi una película de lesbianas, y me pasó que sentí tantas cosas, no solo me excité, también eran cosas emocionales pero pensé que eran las hormonas del embarazo que estaban disparadas.

Dos años después llegó a mi trabajo una chica que desde el primer momento nos dijo a todos que era lesbiana, con tanta soltura y tanta libertad. Era la primera lesbiana que conocía y me pasó que empecé a sentir cosas por ella. Nunca se lo dije pero creo que eso me abrió los ojos y me hizo replantearme mi sexualidad.

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Empecé a leer relatos, libros, películas, y me sentía tan lesbiana. Yo quería mucho a mi marido, pero me di cuenta de que lo quería como a un mejor amigo, era mi compañero, me sentía tal cual la protagonista de la película Rosas Rojas.

Pero no tenía valor para dejar mi vida y aventurarme. Así que pasó otro año más. Hasta que una amiga de mi misma edad, 38, se murió de cáncer. Eso me remeció, fue muy doloroso. Y pensé… ah no, o sea la vida es súper corta y me puedo morir mañana. Ahí empecé los cambios de mi vida que me han llevado donde estoy.

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Me criticaron mucho cuando me separé. Solo a mi marido le dije la verdad. Él sufrió mucho pero también entendió.

Me fui a un departamento con mis niños, estaban toda la semana conmigo y el fin de semana con mi ex. Empecé a tener citas con mujeres que conocía en internet, pero no me iba muy bien, hasta que apareció Gabriela, que tenía una historia parecida a la mía. Ella llevaba cuatro años separada de su marido y tenía tres hijos, que ahora tienen 13, 11 y 7 años.

Conectamos rápido, como en las películas de amor a primera vista. Nos vimos un día y hablamos por teléfonos todos los siguientes, y ya cuando nos vimos por segunda vez hicimos el amor. Fue muy bonito, muy especial.

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Estoy enamorada de Gabriela, de una manera muy diferente a como me enamoré de mi primer marido, este es un amor más pasional, una conexión que no había vivido antes, y a la vez una complicidad que es como enamorarte de tu mejor amiga. Así de bonito.

Después de casi un año juntas decidimos crear una familia y nos fuimos a vivir juntos. ¡Los 7! Vivimos todo el proceso con amor y sin miedo, sin escondernos, y creo que eso influyó en que nuestros hijos lo vivieran como algo natural y bonito. Sin dramas. Lo llevaron mejor que los adultos.

Tenemos un hogar donde prima el amor y el respeto. Todos no hablamos bien y nos explicamos las cosas bien. Siempre estamos disponibles para nuestros hijos propios y no propios. Ellos también han hecho lazos muy bonitos entre todos y como si no fuera suficiente hasta adoptamos un perro que pasó a ser el hijo común de los siete.

Nace Vida Recoletas, clínica de Medicina Reproductiva con la primera unidad reproductiva orientada a lesbianas

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Vida Recoletas
Vida Recoletas y una unidad para madres lesbianas

Cada año en España las mujeres lesbianas realizamos en pareja más de cinco mil tratamientos de reproducción asistida para conseguir embarazarnos y formar una familia. A esto habría que sumar todos los tratamientos que nos realizamos las lesbianas que buscamos ser madres solteras por elección.

Según un estudio un 54% de las mujeres lesbianas se plantea tener hijos dentro de los próximos años.

Está claro que nuestras familias crecen cada año. ¡Ya somos imparables!

Teniendo en cuenta esta realidad ha nacido en Valladolid Vida Recoletas, que quiere dar respuestas especializadas a los distintos modelos de familia. Una idea muy acertada puesto que las necesidades de una familia lesbomarental, heterosexual y  monoparental no son las mismas.

Junto a los tratamientos Vida Recoletas ofrece un método propio de asistencia integral y personalizada para sus pacientes.

Centro referente para lesbianas

Vida Recoletas irá extendiéndose por España en los próximos tres años, para ser un centro de reproducción asistida referente para mujeres lesbianas que busquen ser mamás.

En la unidad de familia dedicado a dos mamás, podemos encontrar el tratamiento preferido por parejas de lesbianas para embarazarse, el método ropa, donde una de las dos aporta los óvulos (después de un proceso de estimulación ovárica con hormonas) y la otra gesta al bebé, siendo de esta manera una la madre biológica y la otra la madre genética.

También encontramos otros tratamientos que llevan a cabo parejas de mujeres y mujeres solteras, como la fecundación in vitro y la inseminación artificial.

Vida Recoletas cuenta con un amplio catálogo de donantes de gametos, por lo que podemos encontrar un donante de semen que se adapte a nuestras características, y también donantes de óvulo, necesario cuando los nuestros o los de nuestra novia no tienen la mejor calidad para ayudarnos a conseguir un embarazo, algo que suele suceder a partir de los 40 años.

La tasa de éxito de Vida Recoletas, que lleva desde 1991 trabajando en tratamientos de fertilidad, es muy alta, ¡un 95%!

Nos alegra que el nacimiento de Vida Recoletas tenga en cuenta a nuestras familias y las asesorías especializadas para cada caso, combinando esta preocupación con la más alta tecnología.

Puedes contactarles aquí.

«Mi esposa, y madre de nuestras hijas, se ha enamorado de otra mujer»

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Mi esposa me ha dejado, se ha enamorado de otra

Escribir estas palabras es muy doloroso para mi, pero también sanador. Poder contar mi historia y conectar con otras mujeres en mi situación.

Me llamo C. y estoy casada desde hace siete años con P., aunque realmente llevamos 14 años de relación.

Juntas hemos sido madres de dos niñas maravillosas, que actualmente tienen 5 y 2 años. La mayor ha sido parida por mi, y la pequeña ha sido parida por P.

Las relaciones no son fáciles, y quienes estéis casadas y además tengáis hijos sabéis de lo que hablo. El tiempo y las responsabilidades van moldeando los sentimientos y las rutinas.

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Con nuestra primera hija no lo sentí. Estábamos muy emocionadas y creo que nos unimos mucho más. Pero con la segunda nos empezó a pasar algo diferente. Quizás nos enfocamos más en ser mamás que pareja, en cumplir los horarios, el cole, nuestros trabajos. A la pequeña ella le sigue dando la teta, y la lactancia a veces puede influir negativamente en el deseo sexual. Yo lo comprendí y entendí que no quisiera tener sexo.

Además los bebés cansan, y claro, teníamos una bebé y otra niña muy pequeña. No nos gustaba dejar a las niñas con nadie, nos volvimos aprensivas, también por un problemita de salud de la peque, y eso influyó en que el tiempo a solas fuera muy reducido, nada de ir al cine juntas o a cenar. Esas cosas empezamos a hacerlas por separado cuando no podíamos ir las cuatro.

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Al final ella quedaba con sus amigas y yo me quedaba en casa con las niñas o al revés. Fuimos perdiendo intimidad. Yo sentía que P. estaba más irritable conmigo y prefería hacer cosas solas, empezamos a tener también más discusiones sobre el tema de las niñas.

Después comenzaron las cosas raras, el verla más pendiente del móvil, más misteriosa en general.

Hasta que un día me lo dijo. Que me quería mucho, que siempre me iba a querer, pero que ya no me quería como se quiere a las parejas, más bien como se quiere a la familia, a los amigos.

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Me hizo polvo.

Se lo pregunté mil veces y me lo negó. Al final le cogí el móvil y lo descubrí yo sola. Había otra. Me volví loca.

Lo más razonable habría sido distanciarnos un tiempo, pero con las niñas, no tener dinero para pagar otra casa (estamos con una hipoteca), y por nuestros horarios tener que turnarnos en los quehaceres de la maternidad, era imposible.

Estar ahí con el corazón roto y conviviendo juntas, sabiendo que a ella la ruptura no le dolía tanto como a mi porque ella estaba enamorada de otra persona, ella tenía la ilusión. Yo solo pensaba en cómo se estaba destruyendo mi familia.

Han pasado cuatro meses desde que lo dejamos. Seguimos viviendo juntas, aunque en habitaciones separadas. Acordamos que sería lo mejor por las niñas y porque yo no puedo hacerme cargo económicamente sola de la hipoteca y la crianza, tampoco ella. Juntando nuestros sueldos estamos bien, solas ya no tanto.

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Intentamos tener una relación cordial, pero ya está. Yo sigo muy dolida y ella sigue con su novia. Se le ve feliz. No la trae a casa y tampoco la ha presentado ni presentará a las niñas. Hace su vida de la puerta para afuera.

Mis amigas me dicen que salga, que conozca gente, pero me parece imposible. ¿Cómo? Si la persona con la que he estado 14 años de mi vida y con quién he construido una familia me ha dejado hace 4 meses. ¿Cómo puedo olvidar y recuperarme de eso si comparamos 14 años y 4 meses? ¿Cómo puede ella? No lo sé.

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