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«Llegaste al mundo pasando de la barriguita de mami a la de mamá»

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Ana y Mariade

¿Cómo le cuentas a tu hijo sobre sus orígenes? ¿Qué historia le cuentas? Yo a mis hijos les hice un libro de fotos donde les cuento cómo era mi vida antes de tenerlos, lo mucho que deseaba formar una familia, y cómo una médica me ayudó a que llegaran.

«Historias que nos inspiran» es una campaña que ha lanzado la clínica Eugin (con sede en Madrid y Barcelona), para contar cómo se forman las familias gracias al amor.

Esta es la historia de Ana y Mariade, una pareja de lesbianas que ha tenido una preciosa bebé.

Llevan 11 años juntas, pero el comienzo de la relación fue muy difícil, Ana no aceptaba su condición de lesbiana y los primeros 4 años juntas le costó mucho visibilizarse, aceptar su lesbianismo y su relación con Mariade.

Incluso, al principio, llegó a pensar que por ser lesbiana tendría que renunciar a ser madre. Pero Ana decidió luchar por su felicidad.

Ana y Mariade se embarazaron en la clínica Eugin a través del método ropa. Ana aportó el óvulo y Mariade gestó a la pequeña.

Ahora escriben un libro para su pequeña, donde Ana es la que narra y Mariade la que ilustra. La historia de esta familia es totalmente emocionante e inspiradora. No te pierdas el vídeo:

Después de cuatro relaciones con hombres encontré el amor en una mujer

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Siempre fui la típica enamorada del amor, soñando de pequeña con el amor de Disney, ese amor a primera vista que te deja casi ciega, que no te deja respirar.

Encontrar a alguien y sentir que es el amor de tu vida, lo sé, mis amigas se ríen de mi por este romanticismo raro que tengo.

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Y así me aventuré siempre a cada relación. Mi primer novio lo tuve entre los 16 y lo 22 años. El segundo entre los 23 y los 25, el tercero entre los 25 y los 30, y mi última relación heterosexual se terminó a mis 33.

Soy de relaciones largas, de intentar, intentar e intentar incluso aunque el fracaso parezca inevitable. Mis relaciones se parecían mucho la una a la otra y acababan igual.

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Me sentía bastante fracasada en ese ámbito, hasta el día que Irene se cruzó en mi camino. La conocí en el cumpleaños de una amiga del trabajo. Irene era la «prima lesbiana» de mi amiga.

Irene me vio y fue a por mi. Mi amiga ya me había contado que su prima era una conquistadora nata, que se había llevado a la cama a chicas lesbianas y heterosexuales por igual. Y apenas la vi lo entendí, era guapa, sí, pero sobre todo era sexy y atractiva.

Me hizo reír mucho en ese cumpleaños. Unos días después mi amiga me dijo que su prima había pedido mi teléfono, que si me apetecía se lo daba. Me puse nerviosa y feliz a la vez, supe que estaba perdida.

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Me llamó y me invitó a cenar, después la invité yo a una copa. Estaba alucinando, lo que sentí por Irene en dos horas de cita no lo había sentido jamás por ninguno de mis novios en años.

Una punzada en la tripa cada vez que me rozaba, cada vez que me miraba fijamente, verdadero terror cuando nos liamos por primera vez, terror de no volver a liarme con ella, de ser solo un entretenimiento de una noche para ella.

Nunca me había pasado de estar con alguien y sentir un deseo brutal de no separarme, de no despedirme.

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Me sorprendió que no me importara que fuera una mujer, que ni se me pasara por la cabeza, siempre lo viví como algo muy natural y muy bonito. A Irene también le pasó como a mi con ella, sintió cosas que no había sentido hace mucho tiempo y así como yo tenía miedo de ser un entretenimiento, ella tenía miedo de que yo fuera heterosexual y la dejara por un hombre.

Cuando superamos nuestras desconfianzas nos atrevimos a querernos sin tantas inseguridades y fue imperfecto, pero perfecto para nosotras.

Irene y yo llevamos dos años juntas y hace unos días tuvimos nuestro test positivo. Vamos a ser mamás y queríamos compartirlo, no podemos estar más emocionadas.

Francia vuelve a negar la reproducción asistida a mujeres lesbianas

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Francia reproducción asistida para lesbianas

Año 2021, ¡año 2021!, y un país desarrollado, laico y con supuestos derechos LGTB asentados como es Francia ha vuelto a golpear a las mujeres lesbianas y a las solteras.

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El año pasado la propuesta de que lesbianas y solteras pudieran acceder a la reproducción asistida había sido aprobada por la Asamblea Nacional en julio y todas cantamos victoria. Porque ya era muy añejo y deprimente que un país como Francia no permitiera a las mujeres lesbianas y a las mujeres solteras decidir sobre su vida reproductiva y sobre su maternidad, porque ya era de escándalo que solo las mujeres heterosexuales con pareja (no las sin pareja) pudieran acceder a los tratamientos de fertilidad.

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Como si la única manera de formar familia fuera la tradicional, con papá y mamá. Como si las familias de dos mamás o de solo una mamá no tuviéramos cabida en la sociedad ni los mismos derechos de acceder a reproducción asistida, aunque paguemos los mismos impuestos que las parejas heterosexuales.

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El Senado, de mayoría conservadora, tumbó el jueves las posibilidades que las lesbianas y solteras teníamos para embarazarnos. Y no solo es negarnos esto, también el congelar óvulos sin justificación médica.

En 2017 entre dos y tres mil mujeres francesas lesbianas y solteras viajaron a España o Bélgica para embarazarse, pero claro, no es algo que todas pueden permitirse, ya que no solo es costear una clínica extranjera y las medicaciones, también son los gastos de viaje y alojamiento.

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El gobierno no se da por vencido y quiere volver a incluir la ley, esta vez a través de la Asamblea Nacional que tendría la última palabra.

«El gobierno francés está determinado concretar esta medida de igualdad», declaró Elisabeth Moreno, ministra delegada de Igualdad entre mujeres y hombres, Diversidad e Igualdad de oportunidades. Moreno considera el acceso a la reproducción asistida para todas las mujeres «una cuestión de justicia social».

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El nuevo proyecto dice en su borrador que «cualquier pareja formada por un hombre y una mujer o por dos mujeres o cualquier mujer que no esté casada» puedan acceder. Pretende, así, eliminar «cualquier diferencia de trato en lo que respecta al estado civil u orientación sexual».

Esperemos que la Asamblea Nacional pueda remediar esta situación. Porque estamos en 2021 y no es normal que Francia, Italia y Alemania, no permitan a lesbianas y solteras acceder a los tratamientos de fertilidad.

 

Estas mamás lesbianas querían un hijo más y acabaron con quintillizas

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Madres lesbianas tienen quintillizas

La verdad, me quedo sin habla. Me quito el sombrero ante casos así, porque yo soy también una madre lesbiana, mamá de un niño, que un día pensó: quiero un hijo más, quiero que mi pequeño tenga un hermanito.

Y así fue, así me embaracé de su hermano gracias a una fecundación in vitro.

Pero esta historia, la de Heather Langley y Priscilla Rodríguez podría haber sido mi historia, o la tuya. Tienen 39 y 35 años, y tenían muchas ganas de darle un hermanito a su hija.

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Las dos mamás con su hija mayor

«¿Intentamos tener uno más?». «Claro, por qué no, si con una se nos da muy bien, dos sería genial».

Se sometieron a un tratamiento de reproducción asistida, y antes de las dos semanas de espera el test ya confirmaba lo que tanto anhelaban: ¡Positivo!

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Heather tuvo que esperar hasta la sexta semana para poder hacerse una ecografía. Me imagino cómo debe haber sido su cara cuando el médico le dijo: son 5 bebés. Priscilla solo comentó: por favor, dime que es una broma.

Al principio, como os podéis imaginar, todo fue miedo y aflicción. ¿Cómo cuidarían de 5 recién nacidas? ¿Cómo compatibilizarían sus trabajos y el cuidado de su otra pequeña? La madre gestante temía por su cuerpo, ¿de dónde habría espacio para 5 niñas?

Pero cuando los miedos van cediendo quedan las buenas sensaciones, el llegar a sentirse afortunadas por esta situación tan única y tan especial.

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Las bebés nacieron a las 28 semanas por una cesárea. Y son las segundas quintillizas que nacen en Estados Unidos. Se llaman Hadley, Reagan, Zariah, Zylah y Jocelyn.

Por ser tan pequeñas pasaron sus primeros tres meses en incubadoras en el hospital, pero ya están en casa con sus mamás y su hermanita.

«Ha sido una locura, agitada y agotadora, pero no nos imaginamos la vida de otra manera», declaran las dos super mamás. Preciosa familia de 8 chicas.

Ella fue la vecina que se ofreció a hacerme la compra en el confinamiento. Y así empezó nuestra historia de amor

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me enamore de mi vecina

«Me llamo Flor, soy argentina, madre de un niño de 4 años, bisexual pero más inclinada al amor lésbico.

Tengo 43 y, la verdad, el secreto de cómo hacer funcionar una pareja estable, de muchos años, aún no lo he descubierto. Pero les quiero compartir mi historia, quizás les guste tanto como a mí.

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Crecí en un barrio de calles de tierra y a 15 pasos de mi casa vivía la que hoy es mi pareja, que tiene 44 años. Nos conocemos desde muy chiquitas, desde la infancia somos vecinas, pero nunca jugamos juntas. Yo era un terremoto de rodillas raspadas y boca sucia, ella jugaba a las muñecas y era muy señorita. Me fui del barrio a lo 17 años, para estudiar en otra provincia. Regresé a mi antigua casa con 41 años y mi niño, con el cuál vivo sola.

Cuando empezó la cuarentena por el coronavirus fue muy duro, trabajaba desde casa (soy docente) y con mi hijito hicimos que funcionara lo mejor que pudimos. Pero llegó un momento donde me quedé sin reservas en la despensa y aquí no podías ir al mercado con niños. No tenía con quién dejar al cuidado del mío, tampoco quién me pudiera hacer las compras. Hasta que ella apareció, en el grupo de wathsapp vecinal, leyendo mi S.O.S. Respondió a mi pedido de ayuda y desde ese día, hasta que pude ir yo, ella nos hizo las compras.

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Nos teníamos de contacto de Facebook pero no hablábamos. Esto de las compras dio pie a conocernos mutuamente. De a poco fuimos desarrollando una amistad. Ella tenía pareja. Yo hacía 3 años que no estaba con nadie, sólo era madre. Se separó de su novia por la fecha en que retomó contacto conmigo y de a poco se fue acercando.

Hubo muchas idas y vueltas, de ella, mías. No me terminaba de relajar. Fueron muchos años de ser sólo yo y mi hijo, aprendí a vivir conmigo misma y no deseaba problemas amorosos ni conflictos. Ella supo ganar mi confianza y, con eso, mi corazón. Me contó que me miraba desde hacía mucho tiempo, pero yo no la registraba.

Hoy la amo. La recuerdo de niña, era distante y seria, con una bonita piel canela y unos ojos expresivos que no pierden su misterio. Ella recuerda que con su mamá me oían cantar desde su casa, cuando yo me sentaba en la vereda con mi guitarra, y atesora cada vez que me vio, ya adulta, entrar a algún lugar. Cómo me seguía con la vista. Le llamaba la atención,  ¡le gustaba! Y yo ni enterada. Hoy la miro y pienso mil cosas. Pienso en tantos abrazos, en tantos besos, en tantas camas que conocí por tantos lugares en los que anduve, sin resultado alguno. ..y el amor…el amor…me esperaba ahí, a la vuelta de la esquina, a tan sólo 15 pasos».

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«Yo hacía clases en la universidad cuando de forma inesperada encontré el amor…»

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Historia de amor lesbica

«Mi nombre es Sabrina y esta es una historia muy especial sobre cómo el amor aparece donde menos pensaste encontrarlo.

A la mujer de mi vida la conozco hace diez años, y lo hice de manera muy curiosa. En ese momento yo daba clases en una universidad y había alumnos con los que tenía una relación muy cercana, que podría considerarse de amistad.

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Un día charlando con un alumno de mucha confianza me dijo que quería presentarme a alguien, era una chica. Me quedé sorprendida porque yo solo había estado una vez con una mujer, y en los planes que dibujaba en mi cabeza estaba tener una pareja heterosexual, un chico. En ese momento acababa de terminar una relación de 5 años con un buen amigo que se transformó en mi novio.

Divertirme un poco no me vendría mal, pensé, así que le dije a mi alumno que sí. Él me pasó el número de su amiga, que tuve en mi poder varios días antes de escribir, no me decidía. Mi alumno me insistió en que ella estaba esperando mi mensaje así que finalmente le escribí.

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Grande fue mi sorpresa cuando descubrí que ¡ella no sabía nada! Mi alumno me la había liado. Al final nos reímos de la confusión y le pregunté si le apetecía cenar conmigo. Dijo que sí.

El día de la cita la pasé a buscar a su trabajo y me quedé completamente impresionada. Era una belleza. Alta, un perfume exquisito, una cara preciosa. Me enamoré solo con verla, no pude seguir hablándole, me sentía como una adolescente avergonzada.

Cenando me contó que era madre soltera de una niña pequeña, de 4 años. Me sorprendí, también me  asusté, al final una relación con alguien que tiene hijos es una responsabilidad grande, pero me gustaba tanto que no lo pude evitar. Cada vez que la veía se me aceleraba el corazón, a los 6 meses de conocerla nos fuimos a vivir juntas.

Nuestras familias no estaban de acuerdo, así que nos casamos en secreto un año después de conocernos. Era maravilloso estar juntas, pero también fue una época dolorosa porque perdimos a gente que amábamos y que no aceptaba nuestra relación.

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6 años después le dije que que nos cambiáramos de país. Ella no estaba convencida, pero yo estaba decidida. Así que tomé un avión y llegué a Madrid. 9 meses después llegó ella con nuestra niña, porque aunque no estuve en sus primeros 4 años, para mi es mi hija y ella dice que tiene dos mamás. Nuestra relación es maravillosa.

A día de hoy estamos instaladas en Madrid y hemos sumado una nueva integrante a nuestra familia. Nuestra bebé tiene un añito y se llama Máxima. Ella, junto a nuestra hija de 14 años, Victoria, son nuestra alegría. Nuestra familia, las personas que se habían opuesto a nuestro amor, finalmente cedieron y en la actualidad aceptan y apoyan la familia que hemos formado. 

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La preciosa familia de Sabrina

Tenemos planes de tener más hijos, estamos muy felices en Madrid, donde yo me dedico a vender casas y mi mujer es fisioterapeuta. Nuestra vida actual es tranquila, soñada, y llena de amor.

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Las preguntas más frecuentes de la Ovodonación

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ovodonacion
ovodonacion

En el artículo anterior sobre la Fecundación In Vitro (FIV) con óvulos propios, ya avanzamos que la FIV se puede realizar de manera alternativa con óvulos de donante, lo que se conoce como ovodonación. Los procesos son diferentes, y en este artículo vamos a explicarlo detenidamente, aunque, como punto de partida, podemos decir que en ambos casos lo que se hace es fecundar un óvulo en el laboratorio y transferirlo después al útero de la integrante de la pareja que habéis decidido que gestará el embrión.

Como en el resto de tratamientos que estamos repasando en la serie “Seremos dos mamás”, lo primero que el médico analiza cuando llegáis a la consulta es cuál es el método ideal. La ovodonación cobra sentido en aquellos procesos en los que la que se someterá al tratamiento tiene algún problema en los ovarios; padece alguna enfermedad genética; lleva varios intentos con óvulos propios sin éxito; o tiene más de 45 años.

Doble donación: óvulos y esperma

Las parejas que recurrís a esta técnica, iniciáis un proceso con una doble donación: por un lado, la de esperma, de la que ya hablamos en los artículos sobre Inseminación Artificial y FIV con óvulos propios; y, por otro, la de óvulos. Y, de nuevo, os pueden surgir diferentes preguntas, como “¿a quién se parecerá mi hijo?”.

La respuesta en este caso la proporciona el matching o emparejamiento entre donante y receptora, una fórmula con la que se quiere conseguir la mayor similitud posible entre los rasgos físicos de ambas. Tal como indica la ley española de reproducción asistida, es el equipo médico el encargado de la elección de la donante y, según explica el doctor Manuel Izquierdo, Director Médico de la Clínica Eugin Madrid, “el objetivo siempre es conseguir el mayor grado de parecido en características físicas como la raza, la altura, el tono de la piel, el color del cabello o el de los ojos”.

Además, también se lleva a cabo de forma sistemática lo que denominan matching genético, una técnica que permite comparar la información genética de los donantes de óvulos y esperma con el fin de realizar un emparejamiento que no conlleve riesgo de transmisión de enfermedades genéticas hereditarias.

Un proceso de cinco fases

En la FIV con óvulos de donante, el proceso se desarrolla en cinco fases, que se pueden alargar 3 semanas.

  • Fase 1: Selección de la donante, de acuerdo con los parámetros comentados anteriormente. En las Clínicas Eugin (Madrid y Barcelona) realizar un tratamiento con ovodonación no requiere listas de espera. Han desarrollado un banco de óvulos a través de la técnica de la vitrificación, que permite congelar y conservar los óvulos con unas tasas de fecundación y embarazo similares a las conseguidas con óvulos frescos (es decir, los que se extraen a la vez que se hace el tratamiento de reproducción asistida correspondiente). De esta manera, se simplifica enormemente el proceso de la búsqueda de la donante idónea para ti, objetivo que se consigue rápidamente, agilizando su tratamiento y reduciendo considerablemente la espera para conseguir ser mamás.
  • Fase 2: Control y estimulación de los ovarios de las donantes. Si el tratamiento que se sigue es con óvulos frescos, las donantes deben seguir un tratamiento de estimulación ovárica durante 15 días. Si se recurre a óvulos congelados, este paso ya se ha realizado previamente y se puede omitir.
  • Fase 3: Selección de la muestra de esperma. Para asegurar la máxima calidad de los espermatozoides y descartar patologías, siempre se hace un exhaustivo examen médico al donante y a su muestra.
  • Fase 4: Se prepara a la mujer receptora y se transfieren los embriones. Antes de realizar la transferencia, tendrás que seguir un tratamiento hormonal para preparar el útero y el endometrio. Al mismo tiempo, se fecunda el óvulo en el laboratorio y, entre dos y cinco días más tarde, se te transferirán los embriones en una pequeña intervención que no requiere anestesia.
  • Fase 5: Se congelan los preembriones no transferidos. Los preembriones que no se han transferido se congelan para usar en ciclos posteriores, ya sea porque no ha funcionado o porque queráis buscar un segundo embarazo.

Y, como en los distintos tipos de tratamientos que hemos abordado en esta serie, en este punto, toca esperar hasta el momento de la prueba con la que se sabrá si se ha conseguido el embarazo (betaespera). Son dos semanas que siempre se hacen largas, pero tenéis que hacer todo lo posible para pasar de la mejor manera.

Siguiendo este tratamiento las dudas de la pareja pueden aumentar al ver que no tendrán ninguna relación genética con su futuro hijo o hija. En estos casos, Eugin pone a la disposición de sus pacientes un equipo de apoyo psicológico preparado para ayudarlas en lo que necesiten. Tanto este equipo como todo el personal de las Clínicas Eugin estarán en todo momento a tu lado para lo que necesites. No lo dudéis más y contactad con Eugin para solicitar vuestra primera visita gratuita con un especialista.

Mi novia y yo nos embarazamos en casa con la ayuda de un amigo y una jeringuilla

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A muchas personas, la manera en que formé mi familia, les parece fatal, arriesgado, extraña, etcétera. Pero bueno, ha sido nuestra forma y ha salido muy bien.

Vivimos en un país latinoamericano donde la reproducción asistida es muy cara y está todo más dirigido a parejas heterosexuales y no a lesbianas.

Pero Elisa y yo, que llevamos juntas desde 2011, queríamos fervientemente convertirnos en mamás.

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Elisa y yo somos jóvenes y deportistas, no creíamos que nos costara tener hijos ni que necesitáramos tomar hormonas. Pero nos faltaba algo importante: semen. Y no cualquiera.

Hicimos una lista de hombres que conocíamos y que podían tener un material genético interesante para nosotras. Nos quedamos con tres finalistas, uno era un amigo mío de la infancia y otros dos eran ex compañeros de la universidad de mi novia.

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Solo uno dijo que sí, uno de los ex compañeros. Otro tenía miedo a que después le pidiéramos una pensión y al otro no lo dejó su novia.

Le pagamos exámenes a nuestro donante para asegurarnos de que estaba bien. Yo empecé a controlarme en casa la ovulación con test que venden en la farmacia. El día de la ovulación el donante vino a nuestra casa y eyaculó en un vaso.

Elisa, con una jeringuilla, introdujo el semen por mi vagina. No me quedé ahí porque son las mismas probabilidades que una relación sexual. Hicimos lo mismo cuatro veces, este amigo eyaculando en un vaso y Elisa con su jeringuilla. Después yo me pasaba una hora con las piernas en alto. Al cuarto intento me quedé por fin.

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El chico que fue nuestro donante no quiere ser padre ni implicarse, y así es, nuestro hijo no tiene padre. Pero de todas maneras dejó abierta la puerta para que cuando nuestro niño sea mayor y nos pregunte por su origen pueda conocerlo. 

Nuestro hijo tiene dos mamás, no se diferencia en nada a los otros hijos de lesbianas que nacen de la reproducción asistida, solo en que el nuestro es un donante conocido. Pero él sabe y siempre sabrá que teníamos tantas ganas de tenerlo que hicimos lo imposible por lograrlo.

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Lo difícil que era ser madre lesbiana hace 40 años

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lo difícil de ser madre lesbiana hace 40 años

Hace 40 años tuve a mi primera hija. En ese momento yo tenía 31 años. Digamos que me casé tarde para lo que era esa época, 1979. Todas mis amigas se habían casado mucho antes que yo. Pero es que me costó mucho encontrar un hombre con el que sentirme cómoda. Que no es lo mismo enamorada, sino que simplemente cómoda. 

Yo siempre tuve claro que no era como el resto de las niñas, que me gustaban las de mi mismo sexo, y que no debía hablar de ello, porque nadie hablaba de ello. Supe reconocer con mucha habilidad a otras que eran como yo. Tuve mi primer amor a los 14 años, una chica de mi colegio que tenía 16.

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Juntas exploramos, nos amamos, y perdimos la virginidad. Después conocí a otras chicas, pero no era un camino viable para mi, ni pensarlo. Había visto a otras mujeres siendo repudiadas por sus familias y el entorno y no quería eso.

Me casé con Juan, un hombre bueno al que quise mucho pero por el que no sentía atracción sexual ni enamoramiento. Quizás eso mismo me hizo ser pragmática y llevar una vida sin grandes emociones. Tuvimos una hija que hoy tiene 40 y un hijo que tiene 37 años.

Mis hijos crecieron sin saber que su madre era lesbiana. Solo pensaban que era mujer tolerante con la diversidad, con las orientaciones sexuales y la forma de sentir de cada uno. Sus amigos me decían que yo era diferente a las demás madres, más abierta. Pero nadie sospechaba que yo estaba realmente cerrada, cerrada a mi verdadero yo.

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No me enorgullezco pero los últimos años de mi matrimonio tuve dos aventuras con dos mujeres distintas. Por otro lado veía que había una apertura hacia la vida homosexual, que se iba normalizando. A veces me pregunto cómo hubiera sido mi vida si no me hubiera casado con Juan, si hubiera sido una de esas mujeres a las que tanto le debemos y que lucharon durante décadas por nuestra libertad.

Me dan ganas de haber vivido eso pero también sé que entonces no hubiera podido tener a mis hijos. No había como ahora tratamientos para las mujeres lesbianas, las familias de dos mamás se formaban por el divorcio de algunas o porque se hacían inseminaciones en casa con algún amigo o conocido.

Era difícil formar familias pero muy difícil gritarlas al mundo, la gente no se imagina como ha cambiado todo ahora.

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Me divorcié hace 15 años, pero tardé mucho más tiempo en contarle a mis hijos la verdad. Ellos recibieron la noticia con mucho amor, y cómo no, si habían sido educados en el respeto y la tolerancia. 

Cuéntanos tu historia en info@madreslesbianas.com

Todo lo que debes saber de la fecundación in vitro con óvulos propios

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Fecundación in vitro con óvulos propios

Como os venimos contando en la serie de artículos “Seremos dos mamás”, los caminos por los podéis conseguir vuestro deseo de tener un hijo con vuestra pareja son varios. Hasta ahora hemos hablado del método ROPA y de la Inseminación Artificial, y hoy venimos con un nuevo capítulo dedicado a la Fecundación In Vitro (FIV).

El punto de partida es el mismo. En la primera visita a Eugin el médico determina la técnica más adecuada dependiendo del historial médico y la edad que tenga la que habéis decidido que gestará a vuestro futuro bebé.

La FIV, que consiste en la fecundación de los óvulos en el laboratorio y posterior transferencia de los embriones al útero, se recomienda inicialmente en dos supuestos: cuando hay un número bajo de óvulos en los ovarios o su calidad es inferior a lo normal (FIV con óvulos propios); o en el caso de tener la menopausia, contar con muy pocos óvulos en los ovarios, o una edad superior a 45 años (FIV con óvulos de donante).

Con la Fecundación In Vitro con óvulos propios se fecundan en el laboratorio los óvulos que se te han extraído previamente con el semen de un donante anónimo. Después de la fecundación, el óvulo se convierte en un preembrión que se transferirá de nuevo a tu útero, donde tiene que seguir su desarrollo.

En cambio, en la Fecundación In Vitro con óvulos de donante, lo que se conoce como ovodonación, se recurre a los óvulos de una donante y después se sigue el mismo proceso de fecundación en laboratorio y transferencia al útero de la que habéis decidido que gestará el embrión (esta técnica de reproducción asistida la trataremos en profundidad en el próximo capítulo de la serie).

Cómo se elige al donante de esperma

En ambos casos, se recurre a un donante de esperma, algo que, como explicaba en el artículo sobre Inseminación Artificial la doctora Flavia Rodríguez, Directora Médica de la Clínica Eugin Barcelona, genera algunas dudas entre las pacientes, entre ellas, cómo se realiza la selección.

La Dra. Rodríguez explica que “el responsable de elegir al donante es el equipo médico de la clínica, ya que así lo establece la ley”. Sin embargo, las futuras mamás pueden decidir durante la primera visita con cuál de las dos quieren que el donante comparta características fenotípicas (raza, tipo de pelo, color de ojos y de piel). Incluso, si quieren tener más de un hijo, pueden solicitar que el semen provenga del mismo donante.

Un proceso de cinco fases

En el caso de la FIV con óvulos propios, el proceso se desarrolla en cinco fases, que se pueden alargar en el tiempo unas 3 semanas:

  • Fase 1: Estimulación y control de ovarios. Te someterás a un tratamiento para estimular los ovarios. Consta de hormonas que se administran con inyecciones subcutáneas. Paralelamente, realizaréis diferentes visitas con el médico para controlar el desarrollo del ciclo mediante ecografías hasta comprobar que el número y tamaño de los folículos es el adecuado.
  • Fase 2: Preparación de la muestra de semen. Para asegurar la máxima calidad de los espermatozoides y descartar patologías, siempre se hace un exhaustivo examen médico al donante y a su muestra.
  • Fase 3: Extracción de los óvulos y Fecundación In Vitro. Se extraen los óvulos a través de la vagina mediante sedación y posteriormente se fecundan en el laboratorio.
  • Fase 4: Transferencia de embriones. Después de la fecundación, se te transfieren los embriones en una pequeña intervención que no requiere anestesia.
  • Fase 5: Congelación de los preembriones no transferidos. Los preembriones que no se han transferido se congelan para usar en ciclos posteriores, ya sea porque no ha funcionado o porque queréis buscar un segundo embarazo.

En este punto, toca esperar unos días (a los que se conoce en el mundo de la reproducción asistida como betaespera) hasta hacer la esperada prueba de embarazo. 15 días que siempre se hacen largos pero que tenéis que hacer todo lo posible para pasar de la mejor manera. Para conseguirlo, los expertos recomiendan vida normal y algunas pautas sencillas como no fumar; alimentarse de manera sana; evitar situaciones de estrés; no practicar deporte intenso; y tratar de no coger peso excesivo. En definitiva, tenéis que manteneros ocupadas para tener una bestaespera menos estresante.

Este es el proyecto más ilusionante que afrontaréis como pareja. No esperéis más y contactad con Eugin para solicitar vuestra primera visita gratuita con un especialista. Tendréis a su equipo a vuestro lado durante todo el proceso que os llevará a ser mamás.

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