El dato es llamativo, pero conviene entenderlo bien. Según un informe de la FELGTBI+ basado en la Encuesta Continua de Hogares del INE (2020), aproximadamente la mitad de las parejas de mujeres casadas en España conviven con hijos o hijas. Es un porcentaje alto, pero no significa que la mayoría de parejas de mujeres sean madres.
De hecho, cuando se amplía la mirada a todas las parejas de mujeres —casadas o no—, la realidad es más diversa. Una parte importante no tiene descendencia, y esto no es contradictorio con el dato inicial. Lo que ocurre es que muchas parejas deciden casarse precisamente cuando tienen hijos o planean tenerlos, ya que el matrimonio sigue siendo una herramienta clave para garantizar derechos como la filiación, los permisos o la protección legal. Es decir, no es tanto que todas tengan hijos, sino que las que los tienen tienden más a formalizar su relación.
Los datos también permiten observar cómo son estas familias. La maternidad lésbica en España suele estar muy vinculada a procesos planificados, como la reproducción asistida, lo que influye directamente en el número de hijos. La media se sitúa ligeramente por debajo de la del conjunto de la población, y predominan las familias con un solo hijo. Además, la edad de los menores apunta a que estamos ante un fenómeno relativamente reciente, que ha crecido especialmente en las últimas dos décadas, en paralelo a los avances legales.
Si se sitúa esta realidad en el conjunto del país, se entiende mejor su dimensión. Las parejas del mismo sexo representan una pequeña parte del total de hogares en España, y dentro de ellas, las formadas por mujeres son aproximadamente la mitad. Esto significa que las familias de dos madres existen, crecen y están cada vez más presentes, pero siguen siendo una minoría estadística. Y eso tiene consecuencias claras: menos representación, menos adaptación de los servicios y, en muchos casos, más necesidad de explicar y justificar lo que para otras familias es evidente.
Otro aspecto que aportan los estudios y que rara vez se menciona es el económico. Lejos del estereotipo de estabilidad, las familias LGTBI presentan, de media, menores ingresos que el conjunto de la población. En el caso de los hogares encabezados por mujeres, esta desigualdad se intensifica, con situaciones de empleo más inestable o parcial. Esto introduce una variable clave a la hora de hablar de maternidad: no solo se trata de querer ser madre, sino de poder sostener esa decisión en un contexto que no siempre es favorable.
Si miramos fuera de España, la comparación exige cautela. No todos los países recogen los datos de la misma manera ni con el mismo nivel de detalle, lo que dificulta establecer equivalencias exactas. Aun así, los estudios disponibles en Europa y Estados Unidos coinciden en señalar una tendencia clara: las parejas de mujeres tienen más probabilidad de tener hijos que las parejas de hombres, y esa maternidad ha aumentado significativamente en los países donde existe reconocimiento legal. Más allá de las cifras concretas, lo que se repite es el patrón: cuando hay derechos, las familias aparecen.
Todo esto permite afinar mucho mejor el relato. La maternidad lésbica en España no es anecdótica, pero tampoco es uniforme ni mayoritaria dentro de todas las parejas de mujeres. Es una realidad diversa, en crecimiento y profundamente vinculada a los cambios legales y sociales de los últimos años. Y al mismo tiempo, sigue atravesada por desigualdades que condicionan cómo se vive y se sostiene en el día a día.
Ese es, en el fondo, el valor de los datos bien leídos: no simplifican la realidad, pero sí la hacen más visible.



