Lore Baudrit: capitana olímpica, madre visible y el derecho a no tener que justificarse

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Lore Baudrit
Lore Baudrit

Cuando Lore Baudrit salte al hielo como capitana de la selección francesa de hockey femenino, no solo estará haciendo historia deportiva. Estará liderando la primera selección femenina de hockey de Francia que participa en unos Juegos Olímpicos, después de una trayectoria impecable que incluye 15 Campeonatos Mundiales y una carrera consolidada en el Leksands IF, en la Liga Sueca de Hockey Femenino (SDHL).

Pero esta vez, la imagen será distinta. En la grada, entre banderas y aplausos, estará su hijo, nacido en 2024, con su pequeña camiseta de la selección francesa. Una imagen poderosa, tierna y profundamente política.

Una familia que también forma parte del equipo

Lore Baudrit está casada con Marion Allemoz, exjugadora profesional —retirada de la Canadian Women’s Hockey League (CWHL)— y actual analista de vídeo de la selección francesa. Ambas viajarán a los Juegos con su hijo, algo que la propia Baudrit ha compartido con naturalidad en una entrevista en La Dépêche. Allí contaba, incluso con humor, que su hijo y el bebé de un año de su compañera de equipo Léa Villiot se han convertido en “las mascotas del equipo”.

Baudrit explica con honestidad cómo será compaginar maternidad y alto rendimiento en una competición tan exigente: durante los descansos, en lugar de desconectar viendo una serie, irá a ver a su hijo. A veces solo unos minutos. A veces tendrá que contenerse para no desestabilizarlo. Y siempre, dejando claro algo que parece necesario repetir una y otra vez: seguir siendo madre no merma en absoluto su compromiso profesional.

La pregunta incómoda que nadie hace a los padres

Y aquí aparece el elefante en la habitación. ¿Por qué las madres deportistas siguen teniendo que explicar, justificar y tranquilizar al mundo sobre su profesionalidad? ¿Por qué la maternidad sigue siendo leída como una posible amenaza al rendimiento, mientras que la paternidad rara vez se cuestiona?

No es una crítica a Lore Baudrit —al contrario—, sino al sistema. A los prejuicios que obligan a muchas mujeres a reafirmar que ser madres no las hace menos competitivas, menos comprometidas o menos válidas. Como si el amor y la excelencia deportiva no pudieran convivir.

Avances reales (aunque aún insuficientes)

La historia de Baudrit también muestra que algo empieza a cambiar. Gracias a una beca de la Agencia Nacional del Deporte de Francia, podrá alojarse fuera de la Villa Olímpica con su familia. Además, como ya ocurrió en París 2024, el Comité Nacional Olímpico y Deportivo Francés habilitará un espacio específico dentro de la Villa para que las y los atletas puedan pasar tiempo con sus hijos.

Baudrit ha subrayado el apoyo recibido tanto por parte del seleccionador, Grégory Tarlé, como del presidente de la Federación Francesa de Hockey sobre Hielo, Pierre-Yves Gerbeau, quienes —en sus palabras— “quieren demostrar que podemos continuar nuestras carreras y, al mismo tiempo, formar una familia”.

Lore Baudrit no solo capitanea un equipo. Capitanea un cambio de mirada. El de un deporte que empieza a entender que la maternidad no es una carga, sino parte de la vida. Que las familias también pueden viajar a los Juegos. Que los hijos en la grada no restan, suman.

Y para tantas madres lesbianas que siguen el deporte desde casa, ver a una mujer liderar a su país, amar a otra mujer y criar a su hijo sin esconder nada es algo más que inspirador: es profundamente reparador.