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Cómo mi hija de 5 años explicando la Visibilidad Lésbica avergüenza a los lesbófobos

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Carmen es una niña que no se diferencia mucho de otras pequeñas de su edad. Le gusta disfrazarse, sus personajes favoritos son Elsa de Frozen y Wonder Woman, le gusta ver películas de Disney, el pan con chocolate, ir al parque con sus amiguitas del cole y de vez en cuando hacer una pijamada con sus primos.

Es una niña feliz, profundamente cariñosa e imaginativa. Tiene un gato al que adora y se muere de ganas de tener un perro y un hermanito, el que por tratamientos de fertilidad que no han salido bien no ha podido llegar. ¿Sabéis cuál es la única diferencia que tiene Carmen con otras niñas, por ejemplo, las de su clase? Que mi niña tiene dos mamás, que no tiene papá, que tiene donante.

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Desde que era muy pequeña mi ex esposa y yo la educamos en diversidad familiar, en aprender a respetar y valorar las diferencias. Carmen desde muy pequeñita tenía todo muy claro, con dos años ya hablaba fluidamente e incluso nos explicaba cosas a nosotras.

La pareja que formaba con mi ex se rompió hace dos años, pero seguimos siendo una familia que ama y apoya a Carmen, aunque cada una en su casa y con custodia compartida.

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La familia de mi ex esposa es bastante conservadora, ella tiene unos tíos que cruzan la línea del conservadurismo al punto de ser bastante lesbófobos en ocasiones. Aunque quieren mucho a Carmen sé que miran a nuestra familia como si le faltara algo, como si no estuviera completa, como si tuviéramos un problema.

Sucedió hace poco en la comunión de un primo de Carmen. Uno de estos tíos de mi hija estaba comentando que a su edificio habían llegado dos mujeres que vivían juntas y que eran pareja, que ni lo disimulaban ni nada, que ya la gente no oculta esas cosas. 

Carmen, que estaba jugando y parecía que estaba a lo suyo, alzó la voz: Claro, es que eso es la visibilidad lésbica, que no tienes que esconderte para ser feliz y que puedes amar a quién quieres. 

Mientras yo me derretía de amor el resto de la familia se quedó perpleja, sin capacidad de decir nada más que un «ole tú, chiquilla, tus ovarios».

Me parece esperanzador que podamos criar una nueva generación, una que no tiene miedo, que tiene claro qué cosas están en el terreno del odio y que cosas en el del amor.

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Día de la Visibilidad Lésbica

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¿Es incompatible formar una familia con ser poliamorosa? Mi experiencia personal

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Creo que soy poliamorosa desde antes de que siquiera supiera que había una palabra para poner nombre a lo que yo sentía y quería: poliamor.

A los 16 años tuve mi primer novio, en ese tiempo pensaba que solo se podía tener relaciones serias, en plan «noviazgo» con chicos, y que lo de las chicas no era nada serio, que pasaba simplemente por experimentar.

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Quise mucho a Carlos, mi novio, pero una relación cerrada era totalmente incompatible con lo que me pedía el cuerpo, así que reconozco que fui infiel, porque no tenía la madurez suficiente como para poner nombre a lo que sentía ni para comunicarme abiertamente sobre cómo entendía las relaciones.

Y no es fácil, recién a los 26 años me empoderé con el poliamor, y aún así, teniéndolo como carta de presentación, tuve varias novias que al principio lo aceptaron, pensando internamente que era postureo, que se me pasaría o me «curaría».

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Pero no fue así, por lo que era muy complicado mantener una relación.

Lo que más me preguntan cuando cuento que soy poliamorosa es que si tengo celos o no. Y la verdad es que no. Soy muy respetuosa con los sentimientos y las emociones de mis compañeras.

Estar con alguien debe ser una elección y no una obligación, tampoco algo que hacemos por costumbre. ¿Quién soy yo para imponerle a alguien que no tenga una relación afectiva o sexual con otra persona si así lo desea? ¿Y por qué sentir deseo o amor por otra persona debe significar la ruptura de una relación que funciona?

A mi me ha costado mucho poner mis límites y que la gente aceptara lo que hay. ¿Se puede formar una familia siendo poliamorosa? Sí se puede. Y mi historia es mi ejemplo.

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A los 33 años me embaracé como madre soltera. Y así formé mi familia monoparental. Tuve a mi hijo Darío, que actualmente tiene 6 años. Cuando Darío tenía 2 me enamoré de mi esposa.

Ella es una mujer hermosa y muy abierta, abierta para entender que soy poliamorosa, ella siempre tuvo relaciones monógamas, y abierta para querer a Darío como si fuera su propio hijo.

Juntas somos mamás de Alana, que tiene 15 meses. Mi esposa es la persona con la que me gustaría poder pasar toda la vida, somos felices juntas, nos hacemos bien. Ella tiene libertad para estar con quien desee, y yo también.

Yo tengo encuentros sexuales ocasionales con una mujer que lleva en mi vida 13 años. Y aunque no busco explícitamente otra pareja, me siento libre para sentir amor o deseo por otra mujer.

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Mi esposa y yo no tenemos discusiones al respecto. Nos queremos y nos respetamos. Valoramos el tiempo juntas y nuestra familia es la prioridad. También quiero enseñar a mis hijos que el amor es libertad, y que ellos son libres de escoger el modelo de pareja y el modelo de familia que mejor se ajuste a quiénes son.

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«La pérdida de nuestro bebé, un tema tabú que cambió nuestra vida»

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«Todavía me acuerdo de la emoción que sentimos Sara y yo cuando vimos a nuestra bebé por primera vez en la ecografía y escuchamos su corazón. A mi, que nunca he sido muy llorona, se me cayeron las lágrimas.

Sara y yo nos enamoramos en mi último año de carrera. Me había costado conquistarla. Cuando la conocí ella tenía pareja, pero yo sentía dentro de mi que estábamos destinadas. Atravesamos muchas cosas juntas, el cáncer y el fallecimiento de su padre, un accidente grave de mi hermano, y varios reveses cotidianos. 

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Pero de todo salíamos reforzadas. Nuestra unión parecía a prueba de todo.

Nos casamos en 2016, y nos casamos porque queríamos tener bebés, y era la manera de poder filiarlos, no le dábamos tanto valor a firmar un papel, sabíamos que queríamos estar juntas toda la vida.

Primero intentó Sara, tres inseminaciones artificiales, y las tres negativas. Cada experiencia es bastante desgastante. Pones toda la ilusión y la esperanza en cada embarazo para después ver un test negativo.

¿Cómo puede dolerte tanto algo que no existe? Porque no hay bebé, pero la sensación es como de haber perdido algo muy importante. 

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Decidimos probar con mi útero, y ya a mediados de 2017 me embaracé en el primer intento de inseminación artificial. ¡No podíamos creerlo! Estábamos tan emocionadas que la vida de siempre nos parecía maravillosa, nuestro piso más bonito, nuestras calles más acogedoras, nos cambió la visión de todo. Creo que es la época donde más feliz me he sentido.

Empezando el segundo trimestre supimos que teníamos una hija, y aunque siempre se suele decir «me da igual el sexo mientras sea sano», ambas queríamos una niña así que vamos… ¡pletóricas!

Emma fue el nombre que le pusimos a nuestra hijita. El corazón de Emma dejó de latir en la semana 17, cuando ya habíamos superado el miedo y la inseguridad del primer trimestre, de verdad no pensábamos que nada malo pudiera sucederle a nuestra peque en casi la mitad del embarazo.

El fallecimiento de nuestra niña fue un dolor espeluznante. No suele hablarse mucho de ello, es como un tema tabú. Es como, `ay qué pena, un aborto espontáneo´.

Pero es que era nuestra hija, la vimos, era perfecta toda ella. Al principio soñaba todas las noches con ella, con que había nacido, con que éramos felices, y al despertar sentía tanta desolación.

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Sara también lo vivió con mucho dolor, pero le costaba más expresar que a mi, se sumergió en un pozo negro.

Nos costó mucho superar la partida de Emma, no entendíamos que después de tantas negativas nos costara vivir esa pérdida. Pasaron muchos meses donde nos costaba incluso tolerarnos, realmente muy fuerte, la gente asume que por un aborto no puedes sufrir tanto como por un bebé nacido, y quizás por eso nos costó más.

Pero conseguimos salir de ahí. Levantarnos y seguir adelante. Durante 2018 no hicimos nada relacionado con la maternidad, necesitamos recuperarnos emocionalmente, pero a comienzos de 2019 lo volvimos a intentar, esta vez con me saqué los óvulos yo y creamos embriones. Transferimos un embrión en el útero de Sara. Y salió positivo.

Nos pasamos el embarazo bastante temerosas, pero cuando tuvimos a Sergio en brazos pudimos descansar y reparar el dolor. 

Faltan dos meses para que nazca Lucía, nuestra tercera hija, esta vez soy yo la que está embarazada con el último embrión que nos quedaba. Hicimos el método ropa.

Emma siempre estará en nuestros pensamientos y en nuestro corazón, nos ha ayudado a valorar más la vida y nuestra familia.

Este artículo es un homenaje a ella y a todas las familias que han perdido un bebé antes de nacer».

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Niamh y Geraldine, las primeras mamás lesbianas legales de sus gemelas

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Niamh O’Sullivan y Geraldine Rea

Niamh O’Sullivan y Geraldine Rea son una pareja de lesbianas que felizmente han hecho historia. Se han convertido en la primera pareja del mismo sexo en Irlanda que directamente es reconocida legalmente como madres de sus hijos.

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Son las primeras en beneficiarse de una ley que ha entrado en vigor en el país, una ley de familias que permite a las lesbianas, después de un tratamiento de reproducción asistida pueden inscribir a sus hijos en el registro como de las dos, como es el caso de Niamh O’Sullivan y Geraldine Rea con sus gemelas.

El 4 de febrero Geraldine dio a luz a Réidín y Aoibhín. Antes de eso las parejas debían pasar por un proceso judicial para conseguir la filiación de sus hijos.

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«Estuvimos encantados cuando se promulgó la legislación en mayo del año pasado en un momento en el que soñábamos con convertirnos en madres, ya que permite que las parejas de mujeres sean reconocidas legalmente como co-madres de sus hijos”, afirmó Niamh. “Poco sabíamos entonces que el destino nos llevaría a ser las primeras en beneficiarnos de esta nueva ley. Es monumental para nosotras y un paso histórico hacia la igualdad LGBT, ya que muchos niños con padres del mismo sexo pueden finalmente reivindicar su derecho a que se reconozca a su familia», agregó.

Nos alegramos mucho por nuestras amigas Irlandesas, pero aún tienen mucho que conseguir. Las mujeres lesbianas no pueden acceder a la reproducción asistida por la seguridad social, como sucede en España.

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Por otro lado esta ley no incluye a las parejas que adoptan o a las que no se embarazan en una clínica de fertilidad, como es el caso de quienes hacen inseminaciones caseras.

Un juez impide que una pareja de lesbianas adopte al niño que cría porque es una «relación imaginaria»

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Pareja de lesbianas adopta a niño de 3 años

Año 2021 y seguimos registrando casos de lesbofobia que son tan insólitos que parecen hasta absurdos. Pero nos duelen, como no, si son escollos para el bienestar de nuestras familias.

Esto ha sucedido en Nebraska donde una pareja de lesbianas casadas lleva 3 años cuidando y amando a un niño. Estas dos mujeres se casaron en California en 2008. En 2017 la hermana de una de ellas dio a luz a este pequeño pero renunció a su custodia. Y el padre biológico «pasó del tema».

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Desde que nació la pareja de mujeres ha estado criando al pequeño, para todos los efectos ese pequeño tiene dos mamás. Es la familia que conoce desde que nació.

Pues bien, cuando la pareja solicitó la adopción de su hijo el juez de familia de Dixon Douglas Luebe, se la negó. ¿El argumento? Preparaos para escuchar una estupidez, pues que esa relación lésbica era algo imaginario, puesto que una «esposa» debe tener esposo, no esposa. Lo otro es irreal. Durante el juicio él se llamó a sí mismo «anticuado». Sin duda se me ocurren adjetivos mucho más claros para definirlo.

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Nebraska no prohíbe que las parejas del mismo sexo adopten, y la ley estatal dice que cualquier adulto o adultos pueden adoptar un niño en el estado. Pero la ley también dice que si alguien que quiere adoptar un niño tiene esposo o esposa, ese esposo o esposa también debe ser parte de la adopción.

De ahí se agarró el juez para prohibir la adopción, argumentando que su diccionario define esposa como «una mujer que tiene legalmente un marido», y que cualquier tribunal que piense lo contrario estaría imaginando otras relaciones posibles.

La pareja apeló y afortunadamente la Corte Suprema de Nebraska anuló la decisión de este juez por unanimidad, al considerar que una esposa es una mujer casada. Y punto.

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“Creo que siempre habrá desafíos”, dijo la abogada de la pareja, Sara Ribs. «Creo que nos queda mucho por hacer».

Mientras haya jueces como este sí, sin duda .

Después de 8 años casadas decidimos abrir la pareja

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Esto lo escribo aquí, lo expongo al mundo, pero nuestro círculo, salvo muy pocas amigas, no lo sabe. Porque nuestra familia y el resto de amigos no lo entendería.

Alicia (no se llama así mi esposa pero no quiero usar su nombre real) y yo llevamos 12 años juntas. 4 de novias y 8 casadas. 12 años muy felices que además de buenos momentos nos ha dado dos hijos, una niña de 6 y un niño de 3.

El año pasado Alicia me contó algo que al principio fue devastador para mi. Que se había sentido atraída por otra mujer, una chica del trabajo. No hizo nada, pero me lo contó avergonzada. Y yo sufrí bastante.

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Después vino la pandemia y esos meses encerrados los cuatro en casa. Fueron bonitos a pesar de la que estaba cayendo, porque nos hizo reflexionar sobre todo, nuestra familia, nuestra relación de pareja, a los miedos, a esa sensación de sentirnos dueñas de nuestras parejas.

Nos sentíamos fuerte, nos queremos, nuestra familia es la prioridad. Pero la vida sexual estaba muy decaída, y no queríamos caer en mentirnos o en ser infieles. Por lo que después de hablarlo mucho (mucho, ya sabéis como somos las lesbianas), decidimos abrir la relación a tener experiencias sexuales con otras mujeres.

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La idea la propuse yo, y os mentiría si no reconociera que me costó. Cuesta desprenderse de esa sensación de que tu pareja es tuya y de nadie más, de los celos, del dolor de tripa de pensar que esté con otra persona. Pero una vez que trabajas los celos, la pertenencia, el deseo de control, una vez que te dejas llevar y asumes que todo puede pasar, con la pareja abierta o cerrada, que no sabemos lo que nos depara la vida, que si estamos juntas que sea porque queremos, no porque debemos, todo va solo.

Alicia tuvo una aventura con la de su trabajo, se liaron una vez solas y la siguiente hicimos un trío, y ya está. Se sacó esa espinita. No mezcló sentimientos, y aunque fue excitante y emocionante para ella, después de tantos años, nuestra familia y nuestro amor sigue pesando más.

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Después de la compañera de Alicia salimos ambas con una chica que conocimos en una app, nos gustó a las dos y lo pasamos bien, pero cortamos cuando empezó a parecer que éramos un matrimonio de tres. No, no es lo que queríamos y eso nos ayudó a darnos cuenta.

Desde entonces no hemos metido a nadie más a nuestra cama, no estamos buscando pero tampoco estamos cerradas. las experiencias con estas dos mujeres las hemos disfrutado mucho, nos ha reconectado también sexualmente con nosotras como pareja.

Y se aparece alguien más, bienvenida sea…

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¿Y ahora qué? Sobrevivir al fallecimiento de mi esposa

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«Lorena no fue mi primer amor ni el más apasionado ni tórrido, pero sí el mejor amor. El AMOR, así con mayúsculas.

Nos conocimos en un buen momento para las dos, en el momento donde ambas habíamos aprendido a estar solas, a no estar en pareja solo por buscar compañía o por aburrimiento, cuando nos sentíamos tan completas que desde ahí podíamos querernos y disfrutarnos bien.

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Yo estaba divorciada de mi ex esposa y compartía la custodia de nuestros mellizos de en ese entonces 4 años. Lorena era una mujer inteligente, bella, independiente, amante de los animales y los libros. Tenía 3 gatos y cientos de libros.

Ojos verdes grandes, sinceros, y una melena larga, negra, teñida con unas canas que resultaban de lo más sexy. Todo fluyó, todo.

Estábamos a gusto tanto contándonos la vida en el sofá de casa, jugando con mis hijos a legos, leyendo en silencio mientras desayunábamos en una terraza, haciendo el amor, cocinando, como viendo series tomadas de la mano.

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Me sentía tan cómoda, tan «yo», como si todo en mi vida me hubiera llevado a ella. Lorena amaba a mis hijos, y era recíproco, a medida que crecían la relación se hacía más estrecha.

Nos casamos, fue un dia muy especial, y dejamos nuestros pisos para irnos a vivir en un chalet en las afueras, iniciamos un huerto y construimos una casita de madera para jugar con los mellizos.

Adoptamos dos perros viejos que nadie quería para darle hermanos a los gatos, y durante unos meses hasta tuvimos una gallina. Todo era fácil con Lorena, todo era feliz.

Fue un cáncer y fue bastante rápido. Ya está, no es algo de lo que me guste hablar mucho. Es imposible ponerle nombre y forma a la rabia tan bestial, a la sensación de injusticia, al dolor que nunca antes he sentido. 

Lorena tenía mucho por vivir y mucho más que entregar. Se fue el AMOR, así en mayúsculas, se fue la persona que más me ha hecho reír en la vida. Se fueron los ojos verdes que nunca más podré contemplar.

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Ya han pasado 7 meses y sigo rota. Antes de conocer a Lorena me sentía entera, completa, sentía que no necesitaba nada. Ahora siento que se me ha ido todo, como si me quedara a medias.

La partida también está siendo muy dolorosa para mis enanos, que ya tienen 12 años y aunque entienden lo que significa morir, aún no se la explican muy bien.

Me alimento, salgo a caminar, leo los libros preferidos de Lorena. Me ocupo de mis hijos y de los animales. Y ya. Tengo en casa todo lo que era de ella pero sin ella. Y eso es tan difícil de gestionar. Yo antes vivía y ahora solo siento que sobrevivo».

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«Meses después de casarme me di cuenta de que era lesbiana»

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«Hace 3 años me casé con el novio que había tenido desde que estaba en el colegio. Empezamos nuestra relación el último año y así seguimos, sin muchos altibajos, llevándonos bien, nuestras familias se llevaban bien, parecía todo perfecto.

Él y yo estudiamos en un colegio católico y vivimos en un país bien conservador, Chile. Tardamos en iniciarnos sexualmente, además yo nunca tuve tanta prisa o interés. Cuando tenía 24 años me quedé embarazada, fue un descuido, realmente no queríamos tener un hijo, pero llevábamos tantos años juntos que decidimos tenerlo.

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Poco antes de que naciera Matías nos casamos y nuestra familia nos ayudó para poder pagarnos un departamento y formar nuestra familia. Mi esposo trabajaba, ya había terminado su carrera, a mi me faltaba un año, pero decidimos que iba a congelar el primer año de vida de Matías.

El nacimiento de mi hijo cambió muchas cosas en mi, quería ser la mejor persona para él, la más feliz y la más auténtica. Eso me hizo empezar a plantearme cosas de mi vida, y en eso estaba yo cuando conocí a Renata.

La conocí en clases de yoga. Ella era diferente a todas las mujeres que había conocido antes, tenía mucha personalidad, era libre, alegre… era lesbiana. La primera lesbiana que conocía. 

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Siempre estaba pendiente de ella, pensaba mucho en ella, al principio pensé que era porque era lesbiana y eso me llamaba la atención, pero después se transformaron en pensamientos románticos, en historias que me creaba en mi cabeza.

Empecé a leer en internet relatos de lesbianas, historias de amor y eróticos, y me excitaba mucho. También a ver películas y series lésbicas. Y entonces fui consciente. Yo era lesbiana.

Un día después de clases hablé con Renata y le dije que me sentía muy confundida, si podía invitarla un café. Nos fuimos a una cafetería y le dije que por más raro que le pareciera de pronto me daba cuenta que era lesbiana y quería hablar con ella porque era la única mujer que conocía así.

Le hizo gracia y nos hicimos amigas. Ella tenía pareja y me la presentó. Eran una pareja preciosa. Lo más difícil fue hablarlo con mi mamá. Pero no me juzgó, me dijo que si era mi camino, adelante, pero siempre con sinceridad con mi pareja y mi hijo. Mi esposo y mi papá lo llevaron mal al principio pero después se tranquilizaron.

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Pero cómo podía haber hecho algo así, me decía mi esposo, para qué te casaste, por qué. Y yo entendía como se sentía él pero nadie entendía como me sentía yo.

Cuento corto, me separé y fue complicado, me daba pena hacerle eso a Matías pero yo quería ser una mamá feliz y auténtica, así que tiré para adelante.

Me fui a vivir con mis papás y al poco conocí en casa de Renata a una de sus mejores amigas, Camila. Fue vernos y surgieron las chispas, como en las películas. Desde ese día estamos juntas. 

Yo me siento agradecida por la vida por haber encontrado el amor y porque mi hijo Matías fue el que inició todo el proceso que me ha permitido conocerme mejor y ser yo misma.»

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