Mamá es bisexual: ¿se lo cuento a mis hijos?

0
113
mamá es bisexual, se lo cuento a mis hijos?
mamá es bisexual, se lo cuento a mis hijos?

Estás casada con un hombre. Tenéis hijos. Probablemente, cuando alguien os ve en la puerta del colegio, piensa que sois una familia heterosexual.

Pero tú eres bisexual.

Y quizá alguna vez te hayas hecho una pregunta que aparentemente es muy sencilla:

¿Debería decírselo a mis hijos?

Después viene otra. ¿Para qué?

Si tienes una relación estable, si tus hijos conocen a su padre, si no tienes intención de cambiar de pareja, ¿qué aporta contarles que también te atraen las mujeres? Lo mismo si es al revés. Quizás se trata de una pareja de mujeres y una de ellas es bisexual. ¿Le cuento que la bisexualidad es que además puedo sentirme atraída por los hombres?

La pregunta es interesante porque esconde una idea que pocas veces cuestionamos: que la bisexualidad solo importa cuando se hace visible a través de nuestra pareja. Y no es así. Y hoy, Día Internacional de la Bisexualidad, es un buen momento para hablar de esto.

Tener pareja masculina no convierte a una mujer bisexual en heterosexual

Puede parecer evidente, pero socialmente seguimos interpretando la orientación sexual de las personas según quién tengan al lado.

Una mujer bisexual con novia será percibida muchas veces como lesbiana. La misma mujer, si posteriormente tiene novio, será percibida como heterosexual.

Ella no ha cambiado necesariamente de orientación. Ha cambiado la persona de la que está enamorada. Esta invisibilidad está bien documentada.

Una investigación publicada en Journal of Marital & Family Therapy entrevistó a 22 mujeres bisexuales con parejas masculinas durante el embarazo y nuevamente después de convertirse en madres.

Las investigadoras encontraron algo especialmente interesante: la maternidad podía reforzar todavía más la heteronormatividad alrededor de estas mujeres.

Muchas apenas hablaban de su bisexualidad con sus familias. Algunas explicaban que, una vez convertidas en madres y estando con un hombre, sentían que su orientación sexual parecía haber perdido relevancia o que mencionarla podía provocar incomodidad o juicios.

En cierto modo, la maternidad las había hecho parecer todavía más heterosexuales ante los demás.

Pero ellas seguían siendo bisexuales.

Entonces, ¿hay que contárselo a los hijos?

No existe una obligación. Ninguna madre tiene que salir del armario ante sus hijos si no quiere hacerlo o si sus circunstancias personales no se lo permiten. Pero tampoco existe una razón relacionada con la infancia por la que la palabra bisexual tenga que convertirse en un secreto.

Porque decirle a un niño “mamá es bisexual” no significa hablarle de las prácticas sexuales de su madre. Cuando un niño sabe que su madre heterosexual se enamoró de su padre, nadie considera que esté recibiendo información sexual inapropiada.

Cuando le contamos que su tía tiene novia tampoco. Estamos hablando de afectos, parejas e identidad. Con la bisexualidad ocurre exactamente lo mismo.

“Pero ¿para qué necesita saberlo?”

Quizá esta sea la pregunta más interesante. Porque podríamos formularla al revés:

¿Por qué tendría que ocultárselo?

Nuestros hijos conocen muchas cosas sobre nosotras que no afectan directamente a su vida. Saben dónde nacimos, qué música nos gusta, de quién estuvimos enamoradas, qué queríamos ser cuando éramos pequeñas o cómo conocimos a su otro progenitor.

La orientación sexual puede ser simplemente otra parte de nuestra historia.

Y para algunas madres nombrarla tiene además un significado importante: permite que sus hijos conozcan a su madre tal y como es, no únicamente como la identidad que los demás deducen de su relación actual.

Hay otra razón: los referentes

Imaginemos ahora otra escena.

Dentro de diez años, tu hija llega a casa y te dice:

“Mamá, creo que también me gustan las chicas”.

O tu hijo empieza a preguntarse si puede sentirse atraído por chicos y chicas.

Durante toda su infancia creyó que su familia era completamente heterosexual.

Y entonces descubre que su madre lleva toda la vida sabiendo exactamente de qué está hablando.

La investigación sobre jóvenes LGTBI que han crecido con madres lesbianas o bisexuales es todavía limitada, pero existen trabajos cualitativos que sugieren que tener progenitores LGTBI puede proporcionar a algunos hijos un contexto especialmente positivo para comprender su propia orientación sexual o identidad de género. No ocurre necesariamente en todos los casos ni significa que los hijos de personas LGTBI vayan a serlo también, pero disponer de referentes cercanos puede ampliar aquello que un niño entiende como posible.

Y quizá el referente LGTBI más cercano de tu hijo seas tú.

También puede enseñarle algo importante sobre qué significa ser bisexual

Contarlo permite además desmontar uno de los prejuicios más persistentes sobre la bisexualidad.

Una persona bisexual no necesita mantener relaciones simultáneamente con hombres y mujeres para seguir siendo bisexual.

Una madre puede llevar veinte años felizmente casada con el padre de sus hijos y continuar siendo bisexual.

Exactamente igual que una mujer heterosexual no deja de ser heterosexual porque lleve veinte años sin tener otra pareja.

La orientación sexual describe hacia quién podemos sentir atracción; no es un inventario de las relaciones que estamos manteniendo en este momento.

La invisibilidad bisexual no siempre es inocua

Puede resultar tentador pensar: “Bueno, si todo el mundo cree que soy heterosexual, tampoco pasa nada”.

Para algunas mujeres, efectivamente, no supondrá ningún problema.

Para otras sí.

Una revisión sistemática y metaanálisis que reunió 52 estudios encontró que las personas bisexuales presentaban mayores niveles de depresión y ansiedad que las personas heterosexuales y, en determinados análisis, también que lesbianas y gays. Los investigadores señalaron entre los posibles factores la discriminación, la falta de apoyo específicamente bisexual y la invisibilidad o borrado de la bisexualidad.

Investigaciones posteriores continúan encontrando esa relación entre invisibilidad, configuración de pareja y bienestar. Un estudio reciente realizado con más de 1.200 personas bisexuales y pansexuales encontró que las mujeres bi+ con pareja de otro género podían enfrentarse especialmente a experiencias relacionadas con el borrado de su identidad.

Esto no significa, por supuesto, que ocultar la bisexualidad a los hijos provoque problemas de salud mental.

Significa algo bastante más sencillo: sentir que una parte de nuestra identidad no existe para los demás puede tener consecuencias.

¿Cómo se lo cuento?

Probablemente con mucha menos solemnidad de la que imaginamos.

Con un niño pequeño puede surgir mientras hablamos de las diferentes maneras de enamorarse:

“Hay personas a las que les gustan los hombres, otras a las que les gustan las mujeres y otras a las que pueden gustarles hombres y mujeres. A mamá le pasa eso.”

Ya está.

Quizá pregunte algo.

Quizá responda “vale” y cinco segundos después quiera saber qué hay para cenar.

A medida que crezca podremos añadir matices.

No hace falta convertirlo en LA CONVERSACIÓN.

De hecho, cuanto más integrada esté la diversidad afectiva en las conversaciones familiares cotidianas, menos extraordinaria resultará.

Y si pregunta: “¿Entonces te podrías enamorar de una mujer?”

Sí.

Sería una oportunidad perfecta para explicar otra cosa.

Podrías sentir atracción por otras personas, como puede ocurrirle a cualquier adulto, pero has elegido compartir tu vida con su padre —si esa es vuestra situación—.

La bisexualidad no significa necesitar una pareja de cada género.

No significa ser incapaz de mantener una relación monógama.

Y tampoco significa estar permanentemente buscando otra relación.

Significa ser bisexual.

No tienes que demostrar tu bisexualidad

Quizá esta sea la parte más importante.

Una mujer bisexual no necesita haber tenido novia para poder llamarse bisexual.

No necesita haber mantenido el mismo número de relaciones con hombres y con mujeres.

No necesita dejar a su marido.

No necesita empezar una relación con una mujer.

Y tampoco necesita contarle su orientación sexual a absolutamente nadie para que sea válida.

Ni siquiera a sus hijos.

Pero si decides hacerlo, tampoco tienes que justificar por qué necesitas que lo sepan.

Tal vez la respuesta a “¿para qué voy a contarles a mis hijos que soy bisexual?” sea mucho más sencilla de lo que parece.

Porque lo soy.

Porque forma parte de mi historia.

Porque quiero que mis hijos sepan que existen muchas maneras de querer.

Y porque, si algún día ellos necesitan encontrar un referente para entender quiénes son, quizá descubran que lo tuvieron sentado frente a ellos en la mesa de la cocina durante toda su infancia